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ramon
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Críticas de ramon
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macedonia imaginativa
Rating: 6
07.09.2008Una extensísima (más de 900 páginas) recopilación de cuentos de nuestro escritor favorito de ciencia-ficción. Se agradece mucho la división hecha por el autor en temas, sus prólogos a cada parte, y sus apostillas para situar los cuentos en su momento y hablar de su evolución.
No todos los cuentos tienen la misma calidad, como es lógico es semejante material, pero componen una lectura agradable, a pesar de que alguna de las historias se haga un poco pesada. Buena parte de las narraciones tienen un inevitable toque moralista.
Curiosament e el apartado que más me gustó fueron los cuentos que podríamos llamar de hadas (aunque no aparezcan dichos personajes).
Se disfruta leyendo también el germen de lo que posteriormente fueron novelas largas, como las de El juego de Ender, Maestro Cantor o las de Alvin o Niños Perdidos. Desde luego hay que celebrar su extensa temática y su muy lograda imaginación.
No todos los cuentos tienen la misma calidad, como es lógico es semejante material, pero componen una lectura agradable, a pesar de que alguna de las historias se haga un poco pesada. Buena parte de las narraciones tienen un inevitable toque moralista.
Curiosament e el apartado que más me gustó fueron los cuentos que podríamos llamar de hadas (aunque no aparezcan dichos personajes).
Se disfruta leyendo también el germen de lo que posteriormente fueron novelas largas, como las de El juego de Ender, Maestro Cantor o las de Alvin o Niños Perdidos. Desde luego hay que celebrar su extensa temática y su muy lograda imaginación.
misterio tardío
Rating: 6
07.09.2008Una peculiar novela de misterio donde el misterio aparece un poco tarde. La intriga está levemente punteada en la narración con pequeñas gotas que nos hacen continuar la lectura.
En realidad parece ser una historia, en parte autobiográfica, donde nuestro autor de ciencia-ficción describe la vida de un programador de juegos de ordenador, de religión mormona como el autor, que se traslada por trabajo a otra ciudad con su mujer embarazada y sus hijos.
Buena parte del libro habla sobre la adaptación al trabajo, a la ciudad, a sus gentes, y a su iglesia. Al principio las conversaciones entre marido y mujer para resolver los problemas cotidianos asombran por lo atemperado de la relación. Nadie trata de quedar por encima de otro y, si ocurre, acaban por disculparse al poco tiempo para rectificar su actitud. Pero, la verdad, como el misterio no acaba de entrar hay momentos en que aburre tanta conciliación familiar y desearíamos que discutieran un poco. Algo nos entretienen los peculiares personajes que podrían hacer el papel de malos (la mujer de la iglesia, el compañero de trabajo, la profesora de la escuela), simplemente porque reflejan un enfrentamiento que se resuelve.
Y, muy al final, el misterio de los niños perdidos, que ha aparecido en la novela como un hilván, ahora sí, ahora no, uniendo las escenas y preparándonos para algo más que no acababa de llegar.
No está mal la lectura pero más vale no leerla como una novela de misterio y sí como la integración de una familia mormona en una nueva ciudad.
En realidad parece ser una historia, en parte autobiográfica, donde nuestro autor de ciencia-ficción describe la vida de un programador de juegos de ordenador, de religión mormona como el autor, que se traslada por trabajo a otra ciudad con su mujer embarazada y sus hijos.
Buena parte del libro habla sobre la adaptación al trabajo, a la ciudad, a sus gentes, y a su iglesia. Al principio las conversaciones entre marido y mujer para resolver los problemas cotidianos asombran por lo atemperado de la relación. Nadie trata de quedar por encima de otro y, si ocurre, acaban por disculparse al poco tiempo para rectificar su actitud. Pero, la verdad, como el misterio no acaba de entrar hay momentos en que aburre tanta conciliación familiar y desearíamos que discutieran un poco. Algo nos entretienen los peculiares personajes que podrían hacer el papel de malos (la mujer de la iglesia, el compañero de trabajo, la profesora de la escuela), simplemente porque reflejan un enfrentamiento que se resuelve.
Y, muy al final, el misterio de los niños perdidos, que ha aparecido en la novela como un hilván, ahora sí, ahora no, uniendo las escenas y preparándonos para algo más que no acababa de llegar.
No está mal la lectura pero más vale no leerla como una novela de misterio y sí como la integración de una familia mormona en una nueva ciudad.
Fantasía cachonda
Rating: 6
07.09.2008Tres peculiares brujas se hacen cargo del hijo de un rey asesinado. Ceden el niño a los responsables de una compañía de teatro itinerante. Hay un bufón, un dramaturgo, un reino en liza, un regicidio, un fantasma, una culpa sangrante y un poco de magia, cómo no.
Una historia de fantasía cachonda. No se entiendan esas palabras como sexo imaginativo: fantasía por el tipo de historia, con magia y espadas; cachonda por la sorna que emplea el autor.
Como siempre el humor irónico de Terry Pratchett va más allá de su obra. El argumento es sencillo por sabido, nos suena porque proviene de otras obras. Aquí juega con las obras de Shakespeare, mezclándolas, jugando con los estereotipos, disfrutando de la trama y los personajes con todo el cínico humor de que dispone. Y el cachondeo, cómo no.
La obra está ambientada en el Mundo-disco, su mundo de fantasía donde todo puede suceder si la imaginación así lo dispone. Para el que no haya leído a T.P. le advierto que se sorprenderá en las dos o tres primeras páginas, pensará de qué van el autor y la obra. Que piense que se trata de un escritor que se divierte escribiendo, o que trata de no aburrirse. Así que la obrar está salpicada de ironías, humoradas, fantasía y mucho, mucho cachondeo.
Como dice la compañera que me ha prestado el libro: T.P. te gusta o no te gusta, no hay término medio. A mí, una vez conocido, me gusta escoger sus libros en el momento adecuado.
Que lo disfrutéis, si podéis. Así lo espero.
Una historia de fantasía cachonda. No se entiendan esas palabras como sexo imaginativo: fantasía por el tipo de historia, con magia y espadas; cachonda por la sorna que emplea el autor.
Como siempre el humor irónico de Terry Pratchett va más allá de su obra. El argumento es sencillo por sabido, nos suena porque proviene de otras obras. Aquí juega con las obras de Shakespeare, mezclándolas, jugando con los estereotipos, disfrutando de la trama y los personajes con todo el cínico humor de que dispone. Y el cachondeo, cómo no.
La obra está ambientada en el Mundo-disco, su mundo de fantasía donde todo puede suceder si la imaginación así lo dispone. Para el que no haya leído a T.P. le advierto que se sorprenderá en las dos o tres primeras páginas, pensará de qué van el autor y la obra. Que piense que se trata de un escritor que se divierte escribiendo, o que trata de no aburrirse. Así que la obrar está salpicada de ironías, humoradas, fantasía y mucho, mucho cachondeo.
Como dice la compañera que me ha prestado el libro: T.P. te gusta o no te gusta, no hay término medio. A mí, una vez conocido, me gusta escoger sus libros en el momento adecuado.
Que lo disfrutéis, si podéis. Así lo espero.
biografia manipulada
Rating: 6
22.07.2008Una mujer acude a un taller literario para que le escriban su biografía. A partir de ahí la imaginación desbordante del autor, creando mil imágenes, siempre girando en torno a la identidad, nos acompaña en el trance angustiado de unos personajes desasistidos de sí mismo, inmersos en un mundo convencional donde han tenido miedo a ser diferentes, o el inquietante deseo de ser iguales al resto, más iguales todavía.
“Así nos hacemos también las personas reales: en una contradicción permanente con nuestros deseos”
Los personajes tratan de compensar sus carencias modificando la realidad con sus historias. Y entre su historia real y sus invenciones la novela avanza sobre una red de casualidades. La vida les debe algo, están inconclusos, en alguna parte está la historia que debe completarlos, real o imaginada, o contada con tanta subjetividad que bajo el sujeto aparece una nueva historia, una nueva vida, otra vida.
“Una mañana te levantas y te das cuenta de que ya es tarde para todo”. En ese momento sólo queda inventarse.
El escritor, el narrador, lo personajes manipulan la realidad con sus historias, la completan según sus carencias. Hay hijos que no lo son, padres que no quieren serlo, hermanos ausentes, enamorados olvidados y recuperados en otros. Y una vida real que se deja de lado, que se abandona a causa de los sueños, necesarios para completar los huecos que faltan a la imagen que cada uno quiere mostrar de sí mismo.
La novela flojea un poco hacia el final, desde la introducción de la carta a la madre. He leído Laura y Julio, posterior en el tiempo y con menos páginas, pero que considero más completa como novela. Aún así, siempre se disfruta con la imaginación y los juegos de identidad de Millás.
“Así nos hacemos también las personas reales: en una contradicción permanente con nuestros deseos”
Los personajes tratan de compensar sus carencias modificando la realidad con sus historias. Y entre su historia real y sus invenciones la novela avanza sobre una red de casualidades. La vida les debe algo, están inconclusos, en alguna parte está la historia que debe completarlos, real o imaginada, o contada con tanta subjetividad que bajo el sujeto aparece una nueva historia, una nueva vida, otra vida.
“Una mañana te levantas y te das cuenta de que ya es tarde para todo”. En ese momento sólo queda inventarse.
El escritor, el narrador, lo personajes manipulan la realidad con sus historias, la completan según sus carencias. Hay hijos que no lo son, padres que no quieren serlo, hermanos ausentes, enamorados olvidados y recuperados en otros. Y una vida real que se deja de lado, que se abandona a causa de los sueños, necesarios para completar los huecos que faltan a la imagen que cada uno quiere mostrar de sí mismo.
La novela flojea un poco hacia el final, desde la introducción de la carta a la madre. He leído Laura y Julio, posterior en el tiempo y con menos páginas, pero que considero más completa como novela. Aún así, siempre se disfruta con la imaginación y los juegos de identidad de Millás.
VESTIRSE PARA VIVIR
Rating: 8
17.07.2008Al separarse de Laura, Julio pasa a habitar clandestinamente el piso de su vecino, Manuel, quien está ingresado en un hospital. Para dar más juego a la trama hay una niña y la madre de esa niña.
Siempre es un placer leer a J. J. Millás. Acostumbro a leer sus columnas donde siempre consigue, en tan pocas palabras, introducirnos en otra dimensión, el papel deja de existir y las palabras flotan en el aire.
Sus personajes son también así, ingrávidos. Al leer su novela, a veces pensaba que todos sus personajes son uno mismo, y que, dentro de nosotros, están todos sus personajes. Quiero decir que están vestidos por ideas, y las de uno las repite otro, o las asume otro. Y esas ideas, esas imágenes, parecen estar en nosotros desde siempre, pero no somos capaces de aflorarlas con la maestría con que las trabaja este hombre.
En la novela hay referencias continuas a la identidad y a la incomunicación. Respecto a la identidad, el autor abunda en mencionar, con imágenes sugerentes, los vestidos, la apariencia que presentamos a los demás, la percepción que los demás tienen de nosotros: vestirse de dentro a fuera, el trabajo en la tintorería, el cuento de la sombra abandonada, la impostura de la decoración que falsea (chimenea falsa, libro falso), los propios decorados de Julio (falsas viviendas para el cine, antes representadas por maquetas falsas como anticipación de lo falso), la frase suya sobre los tejidos (“Comprendió que había tejidos que negaban la existencia del cuerpo y tejidos que, por el contrario, daban testimonio de él”), la moto que se desmonta a medida que Julio se viste de otro e, incluso, la referencia a las ideas que pueden parecer absurdas, como las prótesis psíquicas (vestimos o desarrollamos un padre interior, un padre invisible, una prótesis de padre). O la entrega de Laura en comprender los gustos de Manuel: “Leeré”, decía, “los libros que ti decidas leer”; e igual sobre la música o las películas. Querer ser el otro, incluso alguien que, como la propia Laura, lo rechazaba en su marido.
Vestirse con los gustos del otro. Quizá esté en nosotros la capacidad, la necesidad, innata del mimetismo, de la imitación como un recurso de supervivencia. Queremos vestirnos de realidad. Como dice “...a lo que su vecino respondió que la historia de la humanidad podía resumirse en un combate contra la percepción, creadora infatigable de espejismos”
Vivimos en un decorado, somos nuestra ropa, nos identificamos con ella. “Se había identificado con aquellas prendas de vestir –ahora lo sabía- porque él mismo tuvo siempre algo de traje vacío”. Nos vestimos para salir, para cenar, para la playa, para hacer deporte... disfrazamos el cuerpo con la actividad de las horas siguientes. Nunca como antes tantos estilos de vestir. ¿Para identificarse o para diferenciarse?
Si serán importantes nuestros ropajes que este fin de semana leí algo sobre las golondrinas de El Roncal. Mujeres del valle navarro que antes del invierno atravesaban los Pirineos para trabajar en los talleres de alpargatas franceses. Volvían con la primavera como las golondrinas, como las golondrinas vestían de negro. Y para qué querían el dinero que ganaban? Para comprarse los trajes de fiesta. Un esfuerzo de meses dedicado a los disfraces tradicionales de fiesta. Pieles, tintes, y tejidos han movido a los humanos desde la antigüedad. La apariencia mueve la humanidad, aparentemente.
Nuestro s momentos de ausencia, la incomunicación (como en los matrimonios, donde reside el silencio más tremendo), ¿no serán fruto de un abuso de esos ropajes que nos vestimos? ¿De qué nos ocultamos con ellos? Quizá tapemos nuestro miedo. A veces vivimos esa extrañeza del momento, como si el presente no nos incumbiera. “Tenía la impresión de encontrarse dentro de una película que no le correspondía, de una vida que no era la suya”
A tenor de esas convenciones que nos visten, menciona también Laura que Julio podría ser un loco en potencia hasta que un suceso exterior despertara su demencia. Quizá así comprendamos el aparente absurdo, a priori, de la actuación de Julio. Nos disfrazamos con un carácter que moldeamos, pero todos tenemos un punto a partir del cual dejamos de ser lo que parecíamos.
Mencionar las conversaciones con la niña, con el aparentemente insensato recorrido de las preguntas sin respuestas apropiadas. Un marco a la incomunicación. Las palabras de la niña están restringidas a sus vivencias, no controla las convenciones con las que se visten los sonidos guturales que forman las palabras. Su verborrea incomunica, más que comunica.
Un libro que todos somos en algún momento, no puede haber extrañeza y sí una callada aceptación. ¿Cuándo no hemos querido ser otro, vivir otra vida, vernos con otros ojos? Hay una frase de Manuel, al final del libro, que resume la tesis de la historia: “Desengáñate, la vida de los seres humanos, tanto en su dimensión colectiva como individual, está montada sobre un mito, sobre una leyenda, sobre una mentira, en fin”
El libro es divertido en cuanto tiene una historia curiosa, y un mucho de diversión por las muchas lecturas posibles. Divertido no quiere decir gracioso ni simpático. Es un buen libro y cada uno encontrará dónde quedarse, como en una piscina, donde unos chapotean y otros hacen largos, unos pasan el rato y otros entrenan. En la pileta, como en la vida, como en el libro, todos encontramos nuestro sitio, o quedamos relegados en él.
Siempre es un placer leer a J. J. Millás. Acostumbro a leer sus columnas donde siempre consigue, en tan pocas palabras, introducirnos en otra dimensión, el papel deja de existir y las palabras flotan en el aire.
Sus personajes son también así, ingrávidos. Al leer su novela, a veces pensaba que todos sus personajes son uno mismo, y que, dentro de nosotros, están todos sus personajes. Quiero decir que están vestidos por ideas, y las de uno las repite otro, o las asume otro. Y esas ideas, esas imágenes, parecen estar en nosotros desde siempre, pero no somos capaces de aflorarlas con la maestría con que las trabaja este hombre.
En la novela hay referencias continuas a la identidad y a la incomunicación. Respecto a la identidad, el autor abunda en mencionar, con imágenes sugerentes, los vestidos, la apariencia que presentamos a los demás, la percepción que los demás tienen de nosotros: vestirse de dentro a fuera, el trabajo en la tintorería, el cuento de la sombra abandonada, la impostura de la decoración que falsea (chimenea falsa, libro falso), los propios decorados de Julio (falsas viviendas para el cine, antes representadas por maquetas falsas como anticipación de lo falso), la frase suya sobre los tejidos (“Comprendió que había tejidos que negaban la existencia del cuerpo y tejidos que, por el contrario, daban testimonio de él”), la moto que se desmonta a medida que Julio se viste de otro e, incluso, la referencia a las ideas que pueden parecer absurdas, como las prótesis psíquicas (vestimos o desarrollamos un padre interior, un padre invisible, una prótesis de padre). O la entrega de Laura en comprender los gustos de Manuel: “Leeré”, decía, “los libros que ti decidas leer”; e igual sobre la música o las películas. Querer ser el otro, incluso alguien que, como la propia Laura, lo rechazaba en su marido.
Vestirse con los gustos del otro. Quizá esté en nosotros la capacidad, la necesidad, innata del mimetismo, de la imitación como un recurso de supervivencia. Queremos vestirnos de realidad. Como dice “...a lo que su vecino respondió que la historia de la humanidad podía resumirse en un combate contra la percepción, creadora infatigable de espejismos”
Vivimos en un decorado, somos nuestra ropa, nos identificamos con ella. “Se había identificado con aquellas prendas de vestir –ahora lo sabía- porque él mismo tuvo siempre algo de traje vacío”. Nos vestimos para salir, para cenar, para la playa, para hacer deporte... disfrazamos el cuerpo con la actividad de las horas siguientes. Nunca como antes tantos estilos de vestir. ¿Para identificarse o para diferenciarse?
Si serán importantes nuestros ropajes que este fin de semana leí algo sobre las golondrinas de El Roncal. Mujeres del valle navarro que antes del invierno atravesaban los Pirineos para trabajar en los talleres de alpargatas franceses. Volvían con la primavera como las golondrinas, como las golondrinas vestían de negro. Y para qué querían el dinero que ganaban? Para comprarse los trajes de fiesta. Un esfuerzo de meses dedicado a los disfraces tradicionales de fiesta. Pieles, tintes, y tejidos han movido a los humanos desde la antigüedad. La apariencia mueve la humanidad, aparentemente.
Nuestro s momentos de ausencia, la incomunicación (como en los matrimonios, donde reside el silencio más tremendo), ¿no serán fruto de un abuso de esos ropajes que nos vestimos? ¿De qué nos ocultamos con ellos? Quizá tapemos nuestro miedo. A veces vivimos esa extrañeza del momento, como si el presente no nos incumbiera. “Tenía la impresión de encontrarse dentro de una película que no le correspondía, de una vida que no era la suya”
A tenor de esas convenciones que nos visten, menciona también Laura que Julio podría ser un loco en potencia hasta que un suceso exterior despertara su demencia. Quizá así comprendamos el aparente absurdo, a priori, de la actuación de Julio. Nos disfrazamos con un carácter que moldeamos, pero todos tenemos un punto a partir del cual dejamos de ser lo que parecíamos.
Mencionar las conversaciones con la niña, con el aparentemente insensato recorrido de las preguntas sin respuestas apropiadas. Un marco a la incomunicación. Las palabras de la niña están restringidas a sus vivencias, no controla las convenciones con las que se visten los sonidos guturales que forman las palabras. Su verborrea incomunica, más que comunica.
Un libro que todos somos en algún momento, no puede haber extrañeza y sí una callada aceptación. ¿Cuándo no hemos querido ser otro, vivir otra vida, vernos con otros ojos? Hay una frase de Manuel, al final del libro, que resume la tesis de la historia: “Desengáñate, la vida de los seres humanos, tanto en su dimensión colectiva como individual, está montada sobre un mito, sobre una leyenda, sobre una mentira, en fin”
El libro es divertido en cuanto tiene una historia curiosa, y un mucho de diversión por las muchas lecturas posibles. Divertido no quiere decir gracioso ni simpático. Es un buen libro y cada uno encontrará dónde quedarse, como en una piscina, donde unos chapotean y otros hacen largos, unos pasan el rato y otros entrenan. En la pileta, como en la vida, como en el libro, todos encontramos nuestro sitio, o quedamos relegados en él.
Sorpréndete, regálalo
Rating: 8
05.07.2008Increíble. Ya sé que es una palabra muy trillada, pero la pongo en primer lugar porque nadie imaginaría, a priori, ni la tierna forma de narrar ni la emotiva historia que encierra el libro en sus páginas.
Me habían prestado el libro y, aún sin acabar su lectura, compré un ejemplar para regalarlo. Es de agradecer que existan libros así para poder entregárselo a un amigo, con la confianza de que gustarán. Me gustaría regalarle otro ejemplar a alguien más, pero la persona en la que pienso está al otro lado del espejo.
Quién iba a suponer que esta forma de narrar, tan suave, con sencillas comparaciones, de un escritor ¡afgano! afincado en Estados Unidos nos podía llegar hasta la parte más dura de nuestra alma, en un bullir constante de sentimientos olvidados en la infancia.
Una reflexión sobre la amistad, la desafección y la expiación posterior. Como dice ya en la primera página: “Hay una forma de volver a ser bueno”.
Existen en el libro tres partes: una primera que narra la vida de los niños en Kabul, casi perfecta. El libro podría acabar ahí. La segunda parte es la historia del protagonista en USA, donde conoce a su mujer. Y una tercera parte con la situación del Afganistán actual, sumido en el desconcierto demoledor de una guerra absurda.
¿Aconsejable? Indispensable, que ya sé que es otra palabra muy desvirtuada por su uso. ¿Por qué no pondrán libros así como obligatorios en los institutos? Por lo menos nadie se marcharía de esta vida sin haber conocido una hermosa historia sobre la amistad y la culpa, para que nadie olvide que en nuestra infancia se encuentra lo que seremos de adultos. Y que un simple hecho, un día cualquiera, puede cambiar nuestra vida.
Me habían prestado el libro y, aún sin acabar su lectura, compré un ejemplar para regalarlo. Es de agradecer que existan libros así para poder entregárselo a un amigo, con la confianza de que gustarán. Me gustaría regalarle otro ejemplar a alguien más, pero la persona en la que pienso está al otro lado del espejo.
Quién iba a suponer que esta forma de narrar, tan suave, con sencillas comparaciones, de un escritor ¡afgano! afincado en Estados Unidos nos podía llegar hasta la parte más dura de nuestra alma, en un bullir constante de sentimientos olvidados en la infancia.
Una reflexión sobre la amistad, la desafección y la expiación posterior. Como dice ya en la primera página: “Hay una forma de volver a ser bueno”.
Existen en el libro tres partes: una primera que narra la vida de los niños en Kabul, casi perfecta. El libro podría acabar ahí. La segunda parte es la historia del protagonista en USA, donde conoce a su mujer. Y una tercera parte con la situación del Afganistán actual, sumido en el desconcierto demoledor de una guerra absurda.
¿Aconsejable? Indispensable, que ya sé que es otra palabra muy desvirtuada por su uso. ¿Por qué no pondrán libros así como obligatorios en los institutos? Por lo menos nadie se marcharía de esta vida sin haber conocido una hermosa historia sobre la amistad y la culpa, para que nadie olvide que en nuestra infancia se encuentra lo que seremos de adultos. Y que un simple hecho, un día cualquiera, puede cambiar nuestra vida.
revisitación del boom
Rating: 6
05.07.2008La anécdota gira en torno a la vida de Óscar, un nerd, un rarito grueso, un ser relegado por su extrema afición a ciertas series de fantasía que no son precisamente minoritarias, pero que la obsesión por ellas convierte a sus acólitos en extremadamente vulnerables a los jocosos comentarios del resto. El pobre Óscar no se come una rosca (esta expresión no la utiliza Junot Díaz en ningún momento) aunque ciertamente está obsesionado con el tema. (Debería venir a Euskadi donde, inmerso en la cultura de cuadrillas, tampoco notaría tanto la falta de esas sensaciones imprescindibles para un dominicano. Ya lo dicen los de “Vaya semanita”: en Euskadi no se f…). Y sus obsesiones se mezclan con la vida de otros, en especial de su familia, que trata de ampararle y acompañarle. Su peculiar, o no tanto, familia dominicana.
La estructura no es una innovación, dividida en capítulos que narran la vida de su familia desde el punto de vista de una persona (aunque siempre con la voz cercana del escritor, quien los conoce y habla de ellos con los lectores), retrotrayéndose hasta sus abuelos maternos y su abuela putativa. Al tiempo, el autor aprovecha para desquitarse, en notas al pie, de los dictadores que convirtieron la República Dominicana en lo que es, un país de emigrantes para los que incluso volver es comprometido.
Sorprend e la novedad de la escritura ágil, cercana a la palabra hablada, y supongo que habrá que alabar la buena traducción para que no nos perdamos en el suculento spanglish mezclado con términos autóctonos dominicanos.
Para los americanos, y en inglés, no dudo que el libro refleje un aire nuevo, original incluso. Para nosotros, que pasamos por el boom latino, el libro es una revisitación americanizada (USA) de un viejo estilo de americanismo (latino). Un remake, una historia actualizada con dictador, malo, malote, incluido.
Pero es una buena lectura, aconsejable, un soplo de aire fresco, desenvuelto y atrevido, y una crítica corrosiva, letal que, dentro de la gravedad, no abandona el tono festivo al relatar los hechos históricos o los novelados. Y una forma de reparar en otras personas con gustos diferentes a los nuestros. Y que recordemos que todos, TODOS, somos seres sexuados y sexuales.
La estructura no es una innovación, dividida en capítulos que narran la vida de su familia desde el punto de vista de una persona (aunque siempre con la voz cercana del escritor, quien los conoce y habla de ellos con los lectores), retrotrayéndose hasta sus abuelos maternos y su abuela putativa. Al tiempo, el autor aprovecha para desquitarse, en notas al pie, de los dictadores que convirtieron la República Dominicana en lo que es, un país de emigrantes para los que incluso volver es comprometido.
Sorprend e la novedad de la escritura ágil, cercana a la palabra hablada, y supongo que habrá que alabar la buena traducción para que no nos perdamos en el suculento spanglish mezclado con términos autóctonos dominicanos.
Para los americanos, y en inglés, no dudo que el libro refleje un aire nuevo, original incluso. Para nosotros, que pasamos por el boom latino, el libro es una revisitación americanizada (USA) de un viejo estilo de americanismo (latino). Un remake, una historia actualizada con dictador, malo, malote, incluido.
Pero es una buena lectura, aconsejable, un soplo de aire fresco, desenvuelto y atrevido, y una crítica corrosiva, letal que, dentro de la gravedad, no abandona el tono festivo al relatar los hechos históricos o los novelados. Y una forma de reparar en otras personas con gustos diferentes a los nuestros. Y que recordemos que todos, TODOS, somos seres sexuados y sexuales.
La pérdida
Rating: 6
25.06.2008Es la historia de un hombre al que le comunican la muerte de su esposa, militar en Irak. Como no es capaz de transmitirle la noticia a sus dos hijas de 12 y ocho años, emprende con ellas un viaje improvisado a un parque de atracciones, Los Jardines Encantados. En el viaje, en la huida, en esa búsqueda del momento oportuno, en las relaciones del padre con sus hijas, transcurre la película.
A los tres personajes principales se les incorpora durante un tiempo otro más, el hemano del protagonista. Cada uno de los personajes parece representar una forma de afrontar la vida. El padre no plantea ninguna crítica al sistema, lo apoya y lo defiende, no se arriesga a criticar, un hombre convencional, con un trabajo en un centro comercial, desilusionado porque en su momento tuvo que dejar el ejército por problemas con la vista. Hay un momento en la película en que le confiesa a su hija que vende mierda en su trabajo. La crítica viene por parte de su hermano y tío de las niñas, un personaje con el que se encuentran en el viaje, un tipo simpático, que no ha sabido incorporarse a la sociedad, pero que se refugia en el sistema, y a los treinta años no tiene oficio ni beneficio. La hija mayor, con doce años, parece haber asumido toda la sensatez de la familia. La pequeña es la felicidad, el divertimiento. Y curioso recordar a esa abuela que se menciona pero que no llega y que no vemos.
Lo mejor de la película es la actuación de Jonh Cusack, un actorazo, y la elección de las niñas, las dos hijas del protagonista, que le dan ritmo a la historia cuando flojea, cosa que ocurre más de una vez. El guión se queda un poco corto.
Hay unas cuantas escenas que me gustaría mencionar. Desde luego la de John Cusack abriendo la película, irreconocible, caminando con las piernas abiertas y los hombros echados hacia adelante, dando entidad a su personaje.
La curiosa y humorística escena del grupo de apoyo de cónyuges de militares destinados en Irán.
Las desesperadas llamadas telefónicas de John Cusack
Y mencionar las habitaciones por donde discurre la historia, en la casa de la familia, en la de la abuela de las niñas, en los hoteles… son cuartos sin entidad, decorados ordinariamente, donde solo descata la nota de color de los dibujos de las niñas colgados en la pared. Sin embargo, la habitación del hotel de Los Jardines Encantados, parece la única habitación habitable, con plantas, con color, acogedora.
A los tres personajes principales se les incorpora durante un tiempo otro más, el hemano del protagonista. Cada uno de los personajes parece representar una forma de afrontar la vida. El padre no plantea ninguna crítica al sistema, lo apoya y lo defiende, no se arriesga a criticar, un hombre convencional, con un trabajo en un centro comercial, desilusionado porque en su momento tuvo que dejar el ejército por problemas con la vista. Hay un momento en la película en que le confiesa a su hija que vende mierda en su trabajo. La crítica viene por parte de su hermano y tío de las niñas, un personaje con el que se encuentran en el viaje, un tipo simpático, que no ha sabido incorporarse a la sociedad, pero que se refugia en el sistema, y a los treinta años no tiene oficio ni beneficio. La hija mayor, con doce años, parece haber asumido toda la sensatez de la familia. La pequeña es la felicidad, el divertimiento. Y curioso recordar a esa abuela que se menciona pero que no llega y que no vemos.
Lo mejor de la película es la actuación de Jonh Cusack, un actorazo, y la elección de las niñas, las dos hijas del protagonista, que le dan ritmo a la historia cuando flojea, cosa que ocurre más de una vez. El guión se queda un poco corto.
Hay unas cuantas escenas que me gustaría mencionar. Desde luego la de John Cusack abriendo la película, irreconocible, caminando con las piernas abiertas y los hombros echados hacia adelante, dando entidad a su personaje.
La curiosa y humorística escena del grupo de apoyo de cónyuges de militares destinados en Irán.
Las desesperadas llamadas telefónicas de John Cusack
Y mencionar las habitaciones por donde discurre la historia, en la casa de la familia, en la de la abuela de las niñas, en los hoteles… son cuartos sin entidad, decorados ordinariamente, donde solo descata la nota de color de los dibujos de las niñas colgados en la pared. Sin embargo, la habitación del hotel de Los Jardines Encantados, parece la única habitación habitable, con plantas, con color, acogedora.
desde la sencillez
Rating: 7
18.06.2008Es una película sencilla, con una historia abierta, que nos obliga a reparar en la vida cotidiana, en las relaciones humanas. La historia de base es la de un anciano chino que viaja a Estados Unidos para visitar a su hija y tratar de comprender por qué se divorció.
Es una película que juega con los símbolos, a veces a modo de broma, para que interpretemos la historia como una pequeña condensación de la vida.
Empezamos por el pañuelo rojo de la joven guardia roja, que primero sirve para señalar la maleta y luego como alzapaños. Dice el anciano: “es un modo de utlilizar las cosas viejas”. Se refiere nada menos que al símbolo de la revolución comunista.
Otros símbolos son el colgante chino sobre la puerta para identificar su vivienda, que la hija quita y repone. El clavo sin cuadro en la pared, que resume una separación en un centímetro de hierro.
Las muñecas rusas, como la historia, que dentro de un hueco encierran un silencio y un hueco y un silencio. El anciano las recoloca como si tuviera importancia lo que ocultan: otro muñeco más pequeño
El oso de la suerte, cuando el dependiente le aconseja que lo compre porque, aunque no sea antiguo, es "conceptualmente" equivalente.
Y un artilugio como el wok, indispensable para el anciano y que resume la comida china. "No sé cómo puedes cocinar sin él". Pero la noche anterior él mismo había cenado platos similares sin necesidad del wok.
Vivimos amparados por pequeños objetos a los que le damos un simbolismo porque concentran un momento de nuestras vidas. Para nadie significan más que para nosotros. Y vivimos asociados a nuestras pequeñas manías cotidinas, a nuestras pequeñas costumbres para afianzarnos en la vida. Así son los pequeños gestos del anciano: colocar el papel de periódico para no manchar la pared, la lectura del periódico, sus paseos al parque con el termo, la conversación con la mujer iraní.
Con el apoyo de los símbolos y las pequeñas costumbres entramos en las pequeñas historias de la película para que las tomemos también como símbolos: pueden ser anodinas en apariencia, quizá precindibles, quizá ajenas en principio, pero nuestras, siempre nuestras en cuanto que las capturamos por la vista o el oído o por cualquier otro sentido. En ese momento han sido asimiladas.
Simpátic as son las conversaciones en un banco del parque con la mujer iraní, donde los gestos y las entonaciones complementan las escasas palabras que pueden compartir. Esta historia tiene un final aparte, donde puede extraerse más de una moraleja.
La historia principal es la del padre y la hija que llevan doce años sin verse y ni siquiera se abrazan en el aeropuerto, ni tan siquiera se tocan. ¿Por qué ese alejamiento? Ese pequeño misterio se desentrañará en dos monólogos, uno del anciano y otro de su hija, curiosamente narrando casos semejantes en su estado final, pero radicalmente distintos. Sobre esas dos vidas, sobre esos dos sucesos podríamos hablar largo y tendido pero sólo entre quienes hayan visto la película. Es uno de sus temas, la comunicación o la incomunicación.
Repi to la advertencia de quien me aconsejó la película: transcurre desacostumbradamente lenta. Pero no es más que una disculpa para que podamos reparar en los pequeños detalles que el director ha colocado para nosostros. Desde la sencillez hasta donde queramos o podamos llegar. Una película para compartir, para comunicar lo que nos hace sentir. Incluso podría verla otra vez. Gracias S.
Es una película que juega con los símbolos, a veces a modo de broma, para que interpretemos la historia como una pequeña condensación de la vida.
Empezamos por el pañuelo rojo de la joven guardia roja, que primero sirve para señalar la maleta y luego como alzapaños. Dice el anciano: “es un modo de utlilizar las cosas viejas”. Se refiere nada menos que al símbolo de la revolución comunista.
Otros símbolos son el colgante chino sobre la puerta para identificar su vivienda, que la hija quita y repone. El clavo sin cuadro en la pared, que resume una separación en un centímetro de hierro.
Las muñecas rusas, como la historia, que dentro de un hueco encierran un silencio y un hueco y un silencio. El anciano las recoloca como si tuviera importancia lo que ocultan: otro muñeco más pequeño
El oso de la suerte, cuando el dependiente le aconseja que lo compre porque, aunque no sea antiguo, es "conceptualmente" equivalente.
Y un artilugio como el wok, indispensable para el anciano y que resume la comida china. "No sé cómo puedes cocinar sin él". Pero la noche anterior él mismo había cenado platos similares sin necesidad del wok.
Vivimos amparados por pequeños objetos a los que le damos un simbolismo porque concentran un momento de nuestras vidas. Para nadie significan más que para nosotros. Y vivimos asociados a nuestras pequeñas manías cotidinas, a nuestras pequeñas costumbres para afianzarnos en la vida. Así son los pequeños gestos del anciano: colocar el papel de periódico para no manchar la pared, la lectura del periódico, sus paseos al parque con el termo, la conversación con la mujer iraní.
Con el apoyo de los símbolos y las pequeñas costumbres entramos en las pequeñas historias de la película para que las tomemos también como símbolos: pueden ser anodinas en apariencia, quizá precindibles, quizá ajenas en principio, pero nuestras, siempre nuestras en cuanto que las capturamos por la vista o el oído o por cualquier otro sentido. En ese momento han sido asimiladas.
Simpátic as son las conversaciones en un banco del parque con la mujer iraní, donde los gestos y las entonaciones complementan las escasas palabras que pueden compartir. Esta historia tiene un final aparte, donde puede extraerse más de una moraleja.
La historia principal es la del padre y la hija que llevan doce años sin verse y ni siquiera se abrazan en el aeropuerto, ni tan siquiera se tocan. ¿Por qué ese alejamiento? Ese pequeño misterio se desentrañará en dos monólogos, uno del anciano y otro de su hija, curiosamente narrando casos semejantes en su estado final, pero radicalmente distintos. Sobre esas dos vidas, sobre esos dos sucesos podríamos hablar largo y tendido pero sólo entre quienes hayan visto la película. Es uno de sus temas, la comunicación o la incomunicación.
Repi to la advertencia de quien me aconsejó la película: transcurre desacostumbradamente lenta. Pero no es más que una disculpa para que podamos reparar en los pequeños detalles que el director ha colocado para nosostros. Desde la sencillez hasta donde queramos o podamos llegar. Una película para compartir, para comunicar lo que nos hace sentir. Incluso podría verla otra vez. Gracias S.
Adiós, Fred Vargas
Rating: 4
15.06.2008Este es el segundo libro que leo de esta escritora. Como en el anterior, tuve ganas de abandonar la lectura hacia la mitad. Ciertamente el ritmo crece en el último tercio de la novela. Pero hasta llegar ahí, por momentos uno desearía estar leyendo otro libro.
Esta obra comenzaba bien, con una presentación de personajes peculiares, retratados psicológicamente, presentando un pequeño misterio, el que da título al libro. Un comienzo lento pero no menos que otras novelas policíacas como, por ejemplo, las de la P. D. James, aunque ésta nos introduce pronto en el crimen.
Si divido el libro en tercios, el segundo me acaba aburriendo. La satisfacción es ver completado rápidamente el último tercio, encajando correctamente los enigmas.
Pero, pero, pero, como la otra obra de Fred Vargas que leí (La tercera vírgen) esta obra no acaba de convencerme. No niego que pueda tener cosas buenas y que tiene y tendrá miles de adeptos. Y que seguro que me quedarán, como de la anterior, imágenes de esta novela, pero, definitivamente, adiós, Fred Vargas.
Esta obra comenzaba bien, con una presentación de personajes peculiares, retratados psicológicamente, presentando un pequeño misterio, el que da título al libro. Un comienzo lento pero no menos que otras novelas policíacas como, por ejemplo, las de la P. D. James, aunque ésta nos introduce pronto en el crimen.
Si divido el libro en tercios, el segundo me acaba aburriendo. La satisfacción es ver completado rápidamente el último tercio, encajando correctamente los enigmas.
Pero, pero, pero, como la otra obra de Fred Vargas que leí (La tercera vírgen) esta obra no acaba de convencerme. No niego que pueda tener cosas buenas y que tiene y tendrá miles de adeptos. Y que seguro que me quedarán, como de la anterior, imágenes de esta novela, pero, definitivamente, adiós, Fred Vargas.
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