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Altaica (44 años)

Granada, España. Último login: hoy a las 11:54

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Críticas de Altaica

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Toro salvaje (1980)

Toro salvaje
  • Título original: Raging Bull
  • Director: Martin Scorsese
  • Valoracion promedio: 964 votos
03.10.2008Los golpes me parecieron tan solo besos ingratos, tenues bofetadas sobre colegial adamado, salivazos secos en sangre espesa. Mi faz acolchada lo soportaba todo. Se vestía de sofá donde mis hijos jugaban a alcanzar las estrellas. El mapa de mi sólido era paisaje astur, donde el mar como sudor y la montaña como hematoma se fusionaban cual colmillo de león en vértebra de gacela. No puedo recordar a mis seguidores, a mis preparadores, a la seda que un día envolvió mis músculos, a las mujeres que me pusieron en el camino para mostrarme cual bruto de feria en celo. Tan solo recuerdo a mis adversarios, sus ojos esquivos, sus pulmones agotados, sus lecciones de baile cual pluma suspendida a la que es imposible atrapar.

Mi mente dormita y me otorga una sonrisa amistosa, continua y anestesiada. No dudo, no pregunto, no me irrito. Ya no. Soy otro. Estoy descansado, tranquilo, alejado. El mundo lo observo de otra manera. Las dudas se han esfumado y la felicidad como bruma lo inunda todo. Pero todos me miran como inocente chiquillo, como muñeco gentil. Luces navegan en mi cerebro y con ellas juego alejado de vuestro mundo. Yo ya vivo en el mío, donde la realidad se oculta y fingida se asoma a la hora de la comida, en el baño, en los paseos vespertinos. Me quedé en el camino, pues yo no soy ese.

Cuando me reúno con mis almas gemelas, aquellos a los que temí o golpeé de forma inmisericorde, es cuando mi mundo ausente se llena de seres iguales, de borrachos cerebrales en armonía, de sensibilidades comunes, de músculos caídos y abrazos fornidos. Me siento comprendido, anestesiado, pero comprendido. Otros, aquellos que visitaron la guerra y volvieron indemnes, tal vez de agilidad mental mas capaz, pero la ausencia de su mirada es infinitamente mas dolorosa, la tristeza de sus adentros es peor que el golpe mas letal. O aquellos que se quedaron en el barrio, aprendiendo a matar de verdad, sin vacilación, desde niños sin aliento, o los que jugaron a la verdadera anestesia blanca, de la que una noche jamás volvieron de sus agotados sueños.

Jamás alcancé gloria, tal vez nunca la busqué, pero fue objeto de pasiones, bajas o altas pasiones, pero pasiones. Puede que no fuese mas que un bruto acorralado entre elásticas cuerdas para mofa y entretenimiento de putrefactas mentes acomplejadas o válvula de escape de la violencia animal que anida en todos nosotros. Tan solo sé que cual gladiador romano en las arenas puse algo de verdad en mi vida o de mentira, pero me sentí en muchas ocasiones con la mente mas fresca y limpia que la de muchos que me rodean y critican aquello de lo que los atletas del cerebro califican como basura para enfermos violentos.

Respetarme y comprenderme. Hoy recuerdo el día en que mi madre sintió orgullo de su hijo. Hoy recuerdo el día en que por unos momentos, tal vez meses, a mi vieja no le faltó de nada y no tuvo que aguantar al borracho hijo de puta de su marido o no tuvo que joderse más aún sus destrozadas rodillas limpiando el sudor amoral y perfumado de quienes mantienen sociedades desiguales y de las que, en sus antros periféricos, tan solo se sale poniendo el culo, boxeando o con los pies por delante y con los brazos llenos de agujeros. Hoy estoy con mis amigos, tontos amigos, lentos amigos, anestesiados amigos, pero otros jamás sabrán los que es un abrazo.
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Rey y Patria (1964)

Rey y Patria
  • Título original: King and Country
  • Director: Joseph Losey
  • Valoracion promedio: 101 voto
01.09.2008Desde “Intolerancia”, 1916, de David W. Griffith, y “El gran desfile”, 1925, de King Vidor, pioneros alegatos pacifistas, el séptimo arte ha alumbrado un puñado de obras mayores sobre la guerra, bien en su condición de monstruo colosal o espectáculo bélico, repudia ética o viaje siniestro al alma humana y su capacidad de destrucción. Por no hablar de aquellas que han dado una visión cómica o satírica del conflicto que dejaré al margen.

En una revisión sucinta de uno de los géneros más prolijos, no puedo omitir trabajos como “Sin novedad en el frente”, 1930, de Lewis Milestone, que en gran medida marcó las pautas narrativas y emocionales del cine bélico; “Remordimiento”, 1932, de Ernst Lubitsch, unicornio en la obra de su autor y un hermoso viaje interior hacia la redención; “La gran ilusión”, 1937, de Jean Rendir, quintaesencia del humanismo; “El arpa birmana”, 1956, de Kon Ichikawa, lirismo frente al mayor engendro humano; “Senderos de gloria”, 1958, de Satanley Kubrick, la obra antimilitarista por antonomasia a todo lo que representa el estamento castrense; “Rey y patria”, 1964, del proscrito en la caza de brujas Joseph Losey; “Johnny cogió su fusil”, 1971, de Dalton Trumbo, otra víctima del "macartismo", mejor novelista y guionista que director, y una obra que se confecciona como un alegato de la eutanasia; “El quinto sello”, 1976, de Zoltán Fábri, el chantaje como depredador de los principios; “Apocalyse Now”, 1979, de Francis Ford Coppola, uno de los pilares del cine moderno; “Ran”, 1985, de Akira Kurosawa, probablemente la visión mas lúcida del ser humano jamás contada y por ende de la guerra, si bien no estrictamente bélica; y “Salvar al soldado Ryan”, la guerra mejor filmada y una sobresaliente obra pese a su ingreso y epílogo.

Son algunas de las obras para mí esenciales del género, si bien habrá singulares ausencias por disparidad de criterio y por obvio desconocimiento. No obstante, el cine bélico o antibélico no ha dado excesivas obras maestras en comparación con su enorme producción.

Hablar de “Rey y patria” nos lleva indefectiblemente a “Senderos de gloria”, por la similitud argumental y la injusta comparación que siempre se ha hecho de ambas. La obra maestra de Kubrick es considerada por el más amplio sector crítico como mejor película y precursora de la anterior. No solo se discute en el ámbito narrativo, sino que igualmente se habla de la supremacía del director de 2001 frente a Losey, un cineasta menor, pero sobre todo con un concepto del cine radicalmente diferente.

La película se desenvuelve en la Primera Guerra Mundial y tiene como trama el juicio o proceso de una apostasía. Cimentada en una obra teatral de John Wilson, su estética y ritmo no pueden deslindarse de dicha servidumbre. La triste mirada de Losey es de un pesimismo brutal, donde la condición humana está privada de trascendencia y anclada en su miseria. No hay sitio para el aliento y la esperanza, y todo deambula entre la lluvia, el barro y la sordidez que aparecen como sangre negra, humedad corrompida del alma humana. La demagogia presente en Senderos de Gloria, está aquí subterránea, al igual que los cadáveres ocultados por el agua y el lodo. Las ratas y los hombres visten el mismo uniforme, juegan al esperpento de la muerte y se alimentan de si mismos. Ambas especies se mofan de sus congéneres, los dejan clavados en el camino sin mirar atrás, dando igual su agonía, a sabiendas que son su propia sombra.

La utilización de encuadres casi expresionistas le otorgan a la obra una fuerza visual mayor, describiendo un mundo cercano a la claustrofobia, agobiante y vacío. Vivimos en los subterráneos de la guerra, en las catacumbas del hombre y en la asfixia de la razón y la más elemental conciencia o principio. El soldado número 873426, de profesión zapatero, que toca la armónica en un mundo ausente de música, que marchó al frente para justificar su valor ante su infiel esposa, no desertó por razones suficientes pese a ser el último recluta vivo de su destacamento, "vilmente" se volvió y marchó en dirección contraria al combate, sin alma, sin mirada, sin ni tan siquiera pensamiento, él solo hizo caso a su armónica y quiso tocarla en el porche de su casa. Su excelente abogado supo demostrar su ausente inocencia, pero no se hace justicia a un hombre si los demás mueren en vano. Él vomita el cuerpo de cristo después de una noche de alcohol y cruel burla de sus “compañeros”, que en un acto de cobardía y miseria moral sin igual, teatralizan su ejecución la última noche, degenerándose a sí mismos. No hay lugar para la compasión, no hay lugar para lo divino, no hay lugar para la mentira. Pues todo es mentira y la verdad no existe. Tan solo hombres jugando a la guerra, jugando con la vida como si de romper el espinazo de una rata se tratara.

Si en Senderos de Gloria, los soldados son inocentes y su defensor es el paradigma de la lucha por la verdad, en esta obra no hay héroes, tan solo hombres con los ojos vacíos. El talento que Kubrick imprimió a su película, en esta no brilla como elemento estético, mas bien se supedita a la esencia fílmica, al mensaje brutal para el que nació la obra, fusionándose con los fotogramas quietos que la impregnan, con la quietud de los cuerpos yacentes y cualquier forma de vida huida. No seré yo quien le quite un ápice de valor a Senderos de Gloria, pero me quedo con el desnudo que nos presente Losey. Tal vez, tan solo él, como cineasta perseguido y descreído nos pudo mostrar la crudeza desde la crudeza, y el mas limpio de los discursos.
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Senderos de Gloria (1957)

Senderos de Gloria
  • Título original: Paths of Glory
  • Director: Stanley Kubrick
  • Valoracion promedio: 968 votos
31.08.2008Hablando de los problemas de Linkara, uno de ellos en la imposibilidad de escribir nada sobre REY Y PATRIA, es por ello que no tengo mas remedio que hacerlo en esta otra muy similar en planteamiento y sobre las que se ha debatido bastante. Así que la crítica es respecto de la película de Losey, el diez igualmente.

Desde “Intolerancia”, 1916, de David W. Griffith, y “El gran desfile”, 1925, de King Vidor, pioneros alegatos pacifistas, el séptimo arte ha alumbrado un puñado de obras mayores sobre la guerra, bien en su condición de monstruo colosal o espectáculo bélico, repudia ética o viaje siniestro al alma humana y su capacidad de destrucción. Por no hablar de aquellas que han dado una visión cómica o satírica del conflicto que dejaré al margen.

En una revisión sucinta de uno de los géneros más prolijos, no puedo omitir trabajos como “Sin novedad en el frente”, 1930, de Lewis Milestone, que en gran medida marcó las pautas narrativas y emocionales del cine bélico; “Remordimiento”, 1932, de Ernst Lubitsch, unicornio en la obra de su autor y un hermoso viaje interior hacia la redención; “La gran ilusión”, 1937, de Jean Rendir, quintaesencia del humanismo; “El arpa birmana”, 1956, de Kon Ichikawa, lirismo frente al mayor engendro humano; “Senderos de gloria”, 1958, de Satanley Kubrick, la obra antimilitarista por antonomasia a todo lo que representa el estamento castrense; “Rey y patria”, 1964, del proscrito en la caza de brujas Joseph Losey; “Johnny cogió su fusil”, 1971, de Dalton Trumbo, otra víctima del "macartismo", mejor novelista y guionista que director, y una obra que se confecciona como un alegato de la eutanasia; “El quinto sello”, 1976, de Zoltán Fábri, el chantaje como depredador de los principios; “Apocalyse Now”, 1979, de Francis Ford Coppola, uno de los pilares del cine moderno; “Ran”, 1985, de Akira Kurosawa, probablemente la visión mas lúcida del ser humano jamás contada y por ende de la guerra, si bien no estrictamente bélica; y “Salvar al soldado Ryan”, la guerra mejor filmada y una sobresaliente obra pese a su ingreso y epílogo.

Son algunas de las obras para mí esenciales del género, si bien habrá singulares ausencias por disparidad de criterio y por obvio desconocimiento. No obstante, el cine bélico o antibélico no ha dado excesivas obras maestras en comparación con su enorme producción.

Hablar de “Rey y patria” nos lleva indefectiblemente a “Senderos de gloria”, por la similitud argumental y la injusta comparación que siempre se ha hecho de ambas. La obra maestra de Kubrick es considerada por el más amplio sector crítico como mejor película y precursora de la anterior. No solo se discute en el ámbito narrativo, sino que igualmente se habla de la supremacía del director de 2001 frente a Losey, un cineasta menor, pero sobre todo con un concepto del cine radicalmente diferente.

La película se desenvuelve en la Primera Guerra Mundial y tiene como trama el juicio o proceso de una apostasía. Cimentada en una obra teatral de John Wilson, su estética y ritmo no pueden deslindarse de dicha servidumbre. La triste mirada de Losey es de un pesimismo brutal, donde la condición humana está privada de trascendencia y anclada en su miseria. No hay sitio para el aliento y la esperanza, y todo deambula entre la lluvia, el barro y la sordidez que aparecen como sangre negra, humedad corrompida del alma humana. La demagogia presente en Senderos de Gloria, está aquí subterránea, al igual que los cadáveres ocultados por el agua y el lodo. Las ratas y los hombres visten el mismo uniforme, juegan al esperpento de la muerte y se alimentan de si mismos. Ambas especies se mofan de sus congéneres, los dejan clavados en el camino sin mirar atrás, dando igual su agonía, a sabiendas que son su propia sombra.

La utilización de encuadres casi expresionistas le otorgan a la obra una fuerza visual mayor, describiendo un mundo cercano a la claustrofobia, agobiante y vacío. Vivimos en los subterráneos de la guerra, en las catacumbas del hombre y en la asfixia de la razón y la más elemental conciencia o principio. El soldado número 873426, de profesión zapatero, que toca la armónica en un mundo ausente de música, que marchó al frente para justificar su valor ante su infiel esposa, no desertó por razones suficientes pese a ser el último recluta vivo de su destacamento, vilmente se volvió y marchó en dirección contraria al combate, sin alma, sin mirada, sin ni tan siquiera pensamiento, él solo hizo caso a su armónica y quiso tocarla en el porche de su casa. Su excelente abogado supo demostrar su ausente inocencia, pero no se hace justicia a un hombre si los demás mueren en vano. Él vomita el cuerpo de cristo después de una noche de alcohol y cruel burla de sus “compañeros”, que en un acto de cobardía y miseria moral sin igual, teatralizan su ejecución la última noche, degenerándose a sí mismos. No hay lugar para la compasión, no hay lugar para lo divino, no hay lugar para la mentira. Pues todo es mentira y la verdad no existe. Tan solo hombres jugando a la guerra, jugando con la vida como si de romper el espinazo de una rata se tratara.

Sin en Senderos de Gloria, los soldados son inocentes y su defensor es el paradigma de la lucha por la verdad, en esta obra no hay héroes, tan solo hombres con los ojos vacíos. El talento que Kubrick imprimió a su película, en esta no brilla como elemento estético, mas bien se supedita a la esencia fílmica, al mensaje brutal para el que nació la obra, fusionándose con los fotogramas quietos que la impregnan, con la quietud de los cuerpos yacentes y cualquier forma de vida huida. No seré yo quien le quite un ápice de valor a Senderos de Gloria, pero me quedo con el desnudo que nos presente Losey. Tal vez, tan solo él, como cineasta perseguido y descreído nos pudo mostrar la crudeza desde la crudeza, y el mas limpio de los discursos.
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Cuenta conmigo (1986)

Cuenta conmigo
  • Título original: Stand By Me
  • Director: Rob Reiner
  • Valoracion promedio: 825 votos
23.08.2008Volátil, solitario, de una delicadeza interior sofocante, leal, humano, sencillo. Así era un amigo que un día se fue y no supe más de él. Pese al enorme tiempo transcurrido, aún noto su presencia en los bares, en las calles estrechas, en las terrazas, en mi vida. Se fue sin darme cuenta, pues sus ausencias eran comunes. Se fue sin estrecharme la mano, sin darme un abrazo. Se fue sin que pudiera verlo por última vez reír, fumarse un cigarrillo como los rusos, quitarse el jersey y poner sus pelos como locos sin hacer el más mínimo amago de recolocarlos, como vino, extraño, callado, con su siempre ausente presencia.

Era de esos seres cortados por tijeras distintas, modelado por artista, esculpido sin talla, por el sol, el viento, la sal, la vida. Su humildad no era de este mundo, su generosidad sin par, su corazón de ciclista. Se nos fue para no retornar, pues amaba el misterio, no impostado, si veraz del cosmos o mejor del microcosmos. Seguro que está con otros, engañándonos, llenando de elegancia otras vidas, haciendo del altruismo una realidad física, real, osteoporósica. Con que tan solo hubiera unos pocos como él, mi presente sería otra cosa, no el paraíso, si mas auténtico, medular.

Sus chicas lo querían como no he visto. Lo admiraban, pero al mismo tiempo lo cuidaban como un niño. Tenía esa extraña dualidad de ser respetado y al mismo tiempo resultar entrañable. Todo el mundo lo abrazaba. Cuando llegaba a una reunión las sonrisas aparecían en abundancia, en cascada, no la risa. La gente se relajaba y todo se llenaba de quietud festiva y miradas rasgadas. A veces pienso que no era humano, que nunca existió, que fue un fantasma de mi memoria, un olvido recordado de un sueño placentero.

Es un mal nacido, pues podía venir aunque fuera un par de días e iluminar mis ojos. Hoy estoy jodido, hoy lo añoro, hoy me siento solo, hoy soy solo. Tal vez hizo lo que tenía que hacer, como pájaro migratorio, como partícula en el viento, como mirada fugaz, como libre pensamiento. Tal vez no volvió para enseñarnos la verdad con su ausencia, para que su ser tuviera exacto sentido, para animarnos a jugar con su memoria, para ser más él sin él. Se habló de una novia que pudo ser la culpable, no conocida, pero existente. Que puñalada nos diste al arrancárnoslo sin ni siquiera verte quererle, besarle, cuidarle, mostarnos tu verdad para con él, mas si él te quiso, te besó, te abrazó …

Hoy sabemos que esa novia se llamaba esquizofrenia, que su pelo era negro como la noche, sus pupilas blancas, de piel desértica, de andar enigmático, con labios de helor y su cuerpo estaba tatuado de palabras extrañas como ignominia, tropelía, necedad, amargura, crimen y destrucción. Hoy sabemos que es tuyo, tan solo te pedimos que lo ames.
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El silencio de los corderos (1991)

El silencio de los corderos
  • Título original: The Silence of the Lambs
  • Director: Jonathan Demme
  • Valoracion promedio: 9215 votos
14.08.2008Desperté en una funcional habitación blanca, sin apenas mobiliario, con la luz de cara y en un silencio de casa de putas a las diez de la mañana. El dolor era liviano y me noté descansado, tan solo percibí una gran quemazón en la cara, en el ojo emigrado a no se donde. Intentaron aniquilarme, pero solo consiguieron que en mi caída perdiera uno de los dos hermanos que configuran eso llamado órgano de visión. Siempre me he preguntado a donde van las cosas, nuestras cosas. Me dormí de aburrimiento y soñé con pequeños maletines de cosméticos en cabañas africanas, con croquetas caseras en iceberg llenos de focas, con pelos en lunares oscuros, con cursis nenúfares en mares contaminados. Mis sueños eran tan absurdos y mezquinos como niños vestidos de primera comunión entrando en la iglesia, como políticos hablando de igualdad, como papas con hábitos blancos, como yo.

Desde niño sentí el mas profundo desprecio por mi ser, era raro, introvertido, inteligente en el fondo y austero en lo expresivo, mal armado y peor protegido, en fin de una vulgaridad pavorosa. Mi ausencia y falta de contacto con el exterior me estimula a odiar más aún al prójimo, tal vez a matarlo.

Mis viejecitos del hospital eran hombres enfermos, presentándose como pálidas sombras de años acabados, como pétalos marchitos, como pájaros llenos de parásitos. Tal vez, algunos reservaban fuerzas para el mañana, sin saber que no habría futuro para ninguno de ellos. ¿Que mañana? No hay mañana, el mañana no existe para ellos. Todos ilusos caminaban hacia el más miserable olvido, convertidos en diestros corredores de fondo en una carrera perdida. Se irían como tantos otros se fueron. No fui yo su verdugo, sería injusto juzgarlo así. Eran seres prescindibles, todos lo somos, no tenían ganas de vivir, no sentían placer, no eran dignos de si mismos, eran basura enferma. Eliminarlos era un acto de amor, de profundo amor hacia la higiene natural.

Mis paseos por el hospital eran exhaustivos, pormenorizados, recreándome en cada detalle, hasta tal punto que llegué a medir distancias con precisión milimétrica, convirtiéndose en algo obsesivo. Sentía necesidad de conocer a cada uno de los enfermos, contemplarlos en su miseria, oír sus lamentos, haciéndome pasar por su cómplice y amigo, pero realmente estando en otro mundo, en mi mundo, en el que degusto cual manjar suculento la enfermedad del otro, sus penurias, sus estúpidos lamentos.

Fueron días de gloria, días de bienaventuranzas. Que placer mas profundo es odiar al prójimo, permanecer impasible ante su dolor, disfrutar de su muerte, verlo sufrir sin compasión alguna, adentrarse en su mente y poder vivir como agoniza, ser su sangre para recorrer el tortuoso camino de su cuerpo enfermo, cancerígeno, infectado, mal oliente, moribundo. ¡Dios mío que placer! Macabro dirían algunos o mas bien la mayoría, estúpida e ignorante masa. Que pretendida e impuesta moral os dirige, que miserables os levantáis y que necios visitáis la noche.

El pobre hombre no daba crédito a lo que le sucedía. Si no era suficiente con su grave enfermedad que lo tenía postrado en ese incómodo catre de hospital, encima un loco le rociaba un spray sobre la boca que le impedía pronunciar la más mínima palabra, sin poder avisar de lo que le iba a suceder de inmediato. Con el más fino y largo de los alfileres fui tranquilamente clavándoselo en cada ojo, sujetándole los párpados con una mano y pude ver como pequeños chorros de sangre y lágrimas caían como riachuelos en primavera. Fue la última vez que todo lo que sentía hacia los seres que me rodeaban, lo puse en práctica y me sentí Dios.

La mañana era tranquila, impregnada de elegante serenidad. Al asomarme a la ventana no vi a nadie, pese a estar mas de quince largos minutos, y me recordó a los grandes paseos que solía dar el primer día de enero, cuando la ciudad estaba en silencio y los miles de ciudadanos permanecían en sus moradas durmiendo la borrachera de la noche anterior o defecando los restos no asimilados de la bárbara ingesta de manjares para paladares sinuosos y estrechos.

No seré yo quien os pregunte si es la sociedad la culpable o es la genética defectuosa quien produce lo que los psiquiatras denominan esquizofrénicos paranóides, que mas da, sería desvelar el único enigma interesante de este cochambroso mundo, lleno de mierda y seres humanos a partes iguales, es decir, lleno de mierda y esencia de mierda. Tan solo, rememorar la belleza, la música, el arte, el renacimiento, el olor de la carne…
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AÑO 2050

Rating: 9

Viridiana (1961)

Viridiana
  • Título original: Viridiana
  • Director: Luis Buñuel
  • Valoracion promedio: 924 votos
14.08.2008Los dioses se fueron para no retornar y el hombre libre quedó de prejuicios, dogmas y felonías, envuelto en la soledad que nunca debió de abandonar, en la medida justa de su realidad. Hubo quien arrodillado invocó a los cielos, en espera de una salvación ante su renuncia a todo lo humano y material. Ellos pensaron que sus prójimos habían enloquecido y el odio se apoderó de cada fragmento de su mente, de cada gramo de sus sentimientos. No fueron capaces de asimilar el desamparo divino, la ausencia de lo que nunca existió. Sus mentes beatas y pequeñas jamás dejaron de buscar lo que jamás tuvieron fuera, sin apreciar que el viaje hacia la mentira interior era su único y reiterado camino. No era de extrañar, pues habían sido alienados y adoctrinados durante milenios, impidiendo la reflexión más allá de lo epidérmico.

La explosión de la información fue la espada maldita, según ellos, que segó el alma religiosa, la vinculación del hombre con lo trascendente, y la imposibilidad de controlar y dominar dicha información el último enemigo imbatible que aniquiló su dictadura milenaria.

Ya no fueron clase dominante, mas al contrario quedaron reducidos a un grupo escaso y relicto, que arrastraban sus miserias morales e infelicidad como orates suplicando algo de cordura. No era extraño verlos en la periferia de las ciudades, buscando ansiosos transeúntes despistados con el fin de inculcarles sus ideas, en el afán de volver por sus fueros y poderes y moldear una terrible cruzada contra su gran enemigo, la razón. Reliquias del pasado y pálidas sombras de aquel mundo bastardo y humillado regido por santones, dioses de papel y sus correligionarios con las manos manchadas de infamia. Las mentiras que bañaron la tierra dejaron un paisaje arruinado y lúgubre, sin hombres libres, sin ideas limpias. Hoy todo es distinto. No hay más grandeza, ni más bondad, sin ni tan siquiera vergüenza, pero si libertad para ser, pensar, crear o destrozar. La ética que ocupó el lugar de la moral, no generó mejores hombres, ni impulsó mejores ideas, pero era propia y natural, limpia en su nacimiento. Nada nos pertenece y menos la gloria, ese paraíso falsario que degrada nuestro camino y lo atormenta de miedos a seres demoniacos, pecados originales, mentiras irracionales y prostitución del auténtico credo de los hombres, la razón, antítesis del coloso falsario llamado fe, ese lugar inmenso y oscuro donde las preguntas y las dudas son golpeadas y encarceladas, violadas y degradadas. Hoy los hombres viajan desnudos, naturales y humanizados, tan mezquinos, frágiles y débiles como siempre lo fueron y lo serán, pero libres de aquellas vestimentas y corsés que asfixiaban sus neuronas, los poros de su piel y sus miradas.
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CINE OLVIDADO

Rating: 10

El quinto sello (1976)

El quinto sello
  • Título original: Az Ötödik pecsét
  • Director: Zoltán Fábri
  • Valoracion promedio: 101 voto
12.08.2008Me propongo comentar una película de la que guardo un recuerdo sentimental imborrable, si bien los años transcurridos y la ausencia total de información, al menos yo no la he conseguido, me impiden refrescar detalles y pormenores de una enigmática obra que me emocionó hasta hacerme llorar. Os hablaré de una cinta que jamás se me olvidará, pero que deambula en mi cabeza como un fantasma difuso e impreciso, pero presente y secreto.

El cine magiar y en general del Este de Europa, es para muchos, entre los que me incluyo, un gran desconocido. La película es del año 1976 y me imagino que la debí de ver al comienzo de la década de los ochenta, en televisión, cuando en la pública aún existía la posibilidad de ver otro cine. Si mal no recuerdo, estaba ambientada en la Segunda Guerra Mundial y trataba sobre un grupo de amigos que se reunían todas las semanas para charlar y debatir sobre diversos temas y entre ellos de política. Cuando los alemanes invaden su país, son detenidos y obligados a convertirse en delatores y traidores perjuros entre ellos, renunciando por miedo a sus más elementales principios de dignidad y amor por los que hasta hace poco eran sus amigos, sus hermanos. Utiliza como idea para su crítica contra el fascismo, los últimos momentos de la vida de Cristo y la traición de los apóstoles. Es una obra sencilla de medios pero mayúscula en talento y esencia, y pese a vivir en mi memoria como una nebulosa, la recuerdo espléndida, dolorosa, amarga y enigmática. Conforme avanza, la densidad dramática adquiere tintes brutales y la angustia se hace presente de forma desoladora. Se convierte en una de las películas más precisas y extrañas contra el Nazismo, en su vertiente de plasmarnos la atrocidad de anular al individuo como animal digno, en la mancha eterna de vender y escupir al hombre con quien has compartido amistad “infinita”. En ella hay momentos simbólicos, e incluso surrealistas, dentro de un clasicismo cinematográfico evidente, pero sobre todo recuerdo el dolor, la punzada que me produjo y la sensación de estar ante una gran película injustamente olvidada. Poco conocida, sin duda, máxime cuando otro título con similar nombre y mas reconocimiento “El séptimo sello” la entierra mas aún en el olvido. Según tengo entendido, Fabri fue uno de los nuevos maestros del cine húngaro y algunas de sus películas fueron nominadas para el Oscar a la mejor película en habla no inglesa, lo que da idea de su talento.

Poco mas puedo recordar de ella, tan solo deciros, que si alguna vez tenéis la posibilidad de verla, algo difícil, hacerlo pues espero que se os fije en la memoria y en vuestros corazones como lo hizo conmigo, pese a ser un cine distinto y sin duda raro. Probablemente esta crónica no tenga el mas mínimo sentido al hablar de una película que seguirá enterrada y olvidada para siempre.
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Apocalypse Now (1979)

Apocalypse Now
  • Título original: Apocalypse Now
  • Director: Francis Ford Coppola
  • Valoracion promedio: 9119 votos
02.08.2008Consigna ciega les delata, estúpida ignorancia los corroe, pretérita visión los encola, inerte vergüenza atesoran y al final ellos son los dioses. Nos dirigen, nos aniquilan, nos trepanan el cerebro, nos envían como alimañas hacia los confines de lo putrefacto, hacia la oscuridad del hombre. Siglos no han sido suficientes, milenios infectados, años cercanos nos arañan y todo sin cambio continúa. Indiferencia no, reflexión si. Agotadas y exhaustas quedan las ideas, las razones, las largas noches, miles de hombres muertos y sin embargo en permanente disputa aún mentes laboran continuar con la atrocidad. Renuncia frente a locura, sudor ético contra miseria moral, consigna maloliente quisiese fuera pisada por palabras limpias e ideas libertarias. Hundido estoy y no quiero, será la edad, el vacío de mi cuerpo, el alcohol, mi exigencia mancillada, pero ya no creo. Mis ideas han sido orinadas y se marcharon para volver muertas. Yo quisiera, yo quise. Por ellas hubiese hecho, por ellas hice, fui, me pegué, me metí la mano en el estómago, en las entrañas, mas que otros que solo mienten, pero ya no puedo, derrumbado bajo la cabeza. Sin miedo, sin quemazón, pero descompuesto asisto, veo, escucho y duermo. Persistencia defienden y amparan otros, dignos cabrones son, vencido estoy. Deben de venir a matarme. Me miro cerrando la puerta y cambio de color, me mareo, me emblanquezco avergonzado de mi falta de pudor. Como una trainera vieja cruzo las aguas corrompidas y sin bañador voy, ni siquiera me lo pongo, pues no me bañaré en esas aguas infectadas que nunca serán limpiadas. Tal vez, sucias estén de hundirnos en ellas desde aquellos primeros tiempos, cuando las ideas nacieron muertas. Amasadas como panes desde la noche infinita, hoy las contemplo, me las impregno por el cuerpo como aceite perfumado con la intención de que mis poros se las traguen, las entiendan, pero impermeable piel me recorre. Intento besarlas, pero huelen a no frescas, tocarlas es igual que acariciar piedras volcánicas. Escupo, grito, muevo los brazos, cierro los puños, patadas al aire dirijo y todo idéntico subsiste, sin madre, sin lugar, sin bandera. Ya no creo. No puedo. Ya no me queda nada y la locura es mi último, más bien, mi único refugio. La barbarie, el caos, el deshonor de haber creído en algo infecto y reniego de mi dios, de mi país, de mi alma que violé desde el mismo instante en que inicié el viaje hacia el corazón de las tinieblas.
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Pintura al óleo

Pintura al óleo
  • Autor: Varios
  • Valoracion promedio: 101 voto
29.07.2008Al no haber en Linkara la posibilidad de amar la pintura desde la palabra, tengo a bien, no sé si de forma ortodoxa, utilizar este manual de pintura al óleo, para hablaros de Don José De Larrocha González, pintor granadino del siglo XIX, por el que siento una especial admiración por su hermosa obra.

Por aquello años, como en casi toda Europa, con la salvedad de los nuevos movimientos pictóricos nacidos en la ciudad del Sena, el París del Impresionismo, en Granada la pintura predominante está marcada por lo decadente, con un excelso repertorio reflejo de lo académico y abundante motivación pintoresca. Son comunes las callejas, rincones, alhambrismo e incluso una estética de lo remilgado, con profusa aparición floral. Igualmente aparecen cielos abigarrados, con tonalidades crepusculares o de un insistente azul cobalto, así como las fuentes, los paseos y patios con abundante floresta.

Este estampario se nos muestra decrépito en comparación con los nuevos y vitales movimientos antes referidos en el país vecino. No por ello, dejan de ser de una belleza sin igual, intemporal y armónica, fruto del ejercicio de una técnica depurada, manipulada por pintores de formación académica y recursos extraordinarios.

José Larrocha, influenciado por Rusiñol, Sorolla y algunos maestros sevillanos, fue un peculiar profesor de pintores y de sus enseñanzas surgió un relevante grupo de artistas, con la notoriedad de que muchos de ellos se abrazaron a movimientos estilísticos o corrientes opuestos, ahondando en la complejidad y apertura de miras del mentor. Entre ellos destacaré a Mariano Bertuchi, José y Ramón Carazo, Ernesto Gutiérrez, Rafael Latorre, José María López Mezquita, José María Rodríguez Acosta y otros.

Destaca sobremanera por ser un excelente colorista, con gran destreza técnica del dibujo, realismo e idealismo a partes iguales. No hay, es cierto, pinceladas arriesgadas, osadía conceptual, pero sus motivos, objetos y materias recobran vida, están presentes en sus cuadros invitándonos a ir más allá de la mera contemplación del realismo. Quedamos aislados del entorno y nos adentramos abstraídos en el lienzo, como si tocáramos el agua de la fuente, diéramos un breve paseo por esos eternos rincones y paisajes de la ciudad granadina.

Si su obra es destacable, lo sería aún más su capacidad pedagógica y la pléyade de grandes pintores nacidos de sus enseñanzas, que configuraron una granada pictórica de proporciones desconocidas y obras primorosas.

Desde estas líneas, me gustaría que barajáramos la posibilidad de adentrarnos en la crítica pictórica, obras, estilos, autores, movimientos y otras posibilidades, para así no dejar de lado una de las formas de expresión artísticas esenciales desde los tiempos mas remotos. La forma la desconozco, pero la que acabo de utilizar no es la más correcta. Sería cuestión de que se introdujeran los nombres de pintores, algunas de las obras mas conocidas u otras opciones a estudiar.
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SU VIDA, MI VIDA

Rating: 10

Matisse

Matisse
  • Autor: Henri Matisse
  • Valoracion promedio: 101 voto
26.07.2008La vida, la vida. Somos una de las especies de mamíferos que mas longevidad presentan, modificada eso sí, pero y qué. Después de leer la vida de Mattise, me derrumbo. Son tantos los elementos que intervienen, que nos moldean, que nos encasillan que nos acobardan, nos cuadriculan, nos somatizan. Y qué. Podríamos modificar tantas cosas, podríamos intentar tantas cosas, o no. Mattise, Mattise, gran pintor, mejor transeúnte de la vida. Su vida, la luz, la complejidad, la hermosura, las manos con llagas, la mente libre, la piel a jirones, la experiencia, la maleta a reventar, los bolsillos llenos, no de dinero, la lucidez. Mi vida, pequeña e insignificante a su lado. Dos siglos, igual que yo, pero que distintos. Dos experiencias, infinita una y medible otra, con sencillo metro de sastre. Dos libertades, valentía, criterio, personalidad y decisión, la suya, cotidianidad, elucubración, estepa estéril a su lado, la mía. Dos vidas, la vida, admirable, variable, completo, con la cremallera del pecho siempre abierta y el casco del cerebro destapado, una, otra con botones, lenta, estereotipada, digna, si, eso si, pero nada versátil, cobarde. Admirable personaje, pintor omnívoro, mundanal, suculento de emociones, preñado de carácter, auténtico y lleno, abarrotado de vida. Su vida, mi vida, la vida, ese juego complejo, divertido y carcelario.
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