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William
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Críticas de William
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Apaguen esa luz
Rating: 3
30.08.2008La relación de Martin Scorsese con la música popular es de larga data. Quien haya prestado atención a los créditos de la ya lejana y mítica "Woodstock" habrá visto no sin cierto asombro su nombre como asistente de dirección. Ya a mediados de los setenta, Scorsese dirigió "El último vals" ("The Last Waltz", 1976), un nostálgico documental que describe el que sería el concierto de despedida de The Band, el legendario grupo que durante años acompañó las giras de Bob Dylan. Y fue justamente sobre Bob Dylan que se centró el anterior retrato fílmico de Scorsese, "No Direction Home" (2005), fascinante acercamiento a los primeros años de la carrera genial músico-poeta. Dados estos antecedentes, es imposible dejar de establecer comparaciones con esta última entrega de no-ficción musical. A deferencia de "Woodstock", que era el retrato directo del cambio político y cultural que con rabiosa insolencia exigía la juventud occidental a fines de los sesenta, vemos aquí desde el preámbulo del concierto una laxa, resignada y complaciente convivencia de los músicos con las más destacadas esferas del "stablishment": Bill Clinton y su esposa Hillary, junto a otras señoronas y señorones de gran corazón se toman fotos con Mick Jagger y compañía, y ponderan la generosidad de los músicos, que realizan el concierto a beneficio de alguna causa noble, como en aquellos desfiles de moda que organizan los círculos de distinguidas damas caritativas y de profunda "consciencia social".
Obviamente, tampoco las imágenes exteriores al concierto poseen el atractivo que tenía "Woodstock". A las opiniones contrapuestas de autoridades y asistentes al concierto, se sumaban las a veces excesivas expresiones de una fresca disconformidad y rebeldía juveniles canalizadas a través del rock, que hacían de esa cinta un rico testimonio multidimensional. Las recatadas secuencias del público en "Shine a Light" se limitan a mostrar la despistada sonrisa de unas lindas señoritas neoyorquinas haciendo gala de la perfección de su ortodoncia. Y si mucho de la magia de "El último vals" consistía en ser el concierto de despedida de una banda de perfil bajo que supo cerrar su existencia con dignidad, conscientes de que su ciclo se había cumplido, y se alejaban de los escenarios acompañados de músicos de la talla de Joni Mitchell, Eric Clapton, Muddy Waters o el mismo Bob Dylan, acá vemos a cuatro senilmente desubicados sexagenarios que no parecen percatarse de ser solamente un grupo sobrevalorado por su longevidad antes que por su real talento artístico. Si en "Woodstock" quedábamos hipnotizados ante el virtuosismo del entonces joven Carlos Santana y su formidable "Soul Sacrifice", esta vez nos resignamos al patético espectáculo de Mick Jagger meneando el trasero junto a Cristina Aguilera. Vaya diferencia. Y aquí es justo señalar la presencia de Buddy Guy, el único participante rescatable del concierto. Lamentablemente, una golondrina no hace el verano, como dirían nuestras abuelas.
De más está señalar que si "No Direction Home" era además de música un acercamiento a la mente de ese singularísimo genio de la poesía y el canto popular que es Bob Dylan (alguna vez voceado como candidato al Premio Nobel de Literatura - esperemos que algún día la Academia Sueca reconozca su inmenso talento e influencia), en "Shine a Light" padecemos cada tanto de antiguas filmaciones de las sandeces que los cuatro protagonistas balbuceaban, y que increíblemente repiten más de cuarenta años después.
El problema central de "Shine a Light", escapa pues a las posibilidades de Scorsese o cualquier otro director por más talento que este posea: no hay manera de sobrellevar dos horas de la monotonía musical y la vacuidad cerebral de los Rolling Stones, sumadas al exasperante bailoteo de Mick Jagger . Lo contrario sería pedirle peras al olmo.
¿Lo mejor del filme? la escena final, en la que un notable plano-secuencia en el que la cámara sigue a los músicos que dejan el escenario y abordan un taxi, mientras un brillante montaje digital empalma esa toma con una vista que se aleja y asciende al cielo neoyorquino, cuya luna llena muta en el logo de los Rolling Stones. La satisfacción es doble: vemos por fin algo de ingenio y nos liberamos de más de lo mismo.
Obviamente, tampoco las imágenes exteriores al concierto poseen el atractivo que tenía "Woodstock". A las opiniones contrapuestas de autoridades y asistentes al concierto, se sumaban las a veces excesivas expresiones de una fresca disconformidad y rebeldía juveniles canalizadas a través del rock, que hacían de esa cinta un rico testimonio multidimensional. Las recatadas secuencias del público en "Shine a Light" se limitan a mostrar la despistada sonrisa de unas lindas señoritas neoyorquinas haciendo gala de la perfección de su ortodoncia. Y si mucho de la magia de "El último vals" consistía en ser el concierto de despedida de una banda de perfil bajo que supo cerrar su existencia con dignidad, conscientes de que su ciclo se había cumplido, y se alejaban de los escenarios acompañados de músicos de la talla de Joni Mitchell, Eric Clapton, Muddy Waters o el mismo Bob Dylan, acá vemos a cuatro senilmente desubicados sexagenarios que no parecen percatarse de ser solamente un grupo sobrevalorado por su longevidad antes que por su real talento artístico. Si en "Woodstock" quedábamos hipnotizados ante el virtuosismo del entonces joven Carlos Santana y su formidable "Soul Sacrifice", esta vez nos resignamos al patético espectáculo de Mick Jagger meneando el trasero junto a Cristina Aguilera. Vaya diferencia. Y aquí es justo señalar la presencia de Buddy Guy, el único participante rescatable del concierto. Lamentablemente, una golondrina no hace el verano, como dirían nuestras abuelas.
De más está señalar que si "No Direction Home" era además de música un acercamiento a la mente de ese singularísimo genio de la poesía y el canto popular que es Bob Dylan (alguna vez voceado como candidato al Premio Nobel de Literatura - esperemos que algún día la Academia Sueca reconozca su inmenso talento e influencia), en "Shine a Light" padecemos cada tanto de antiguas filmaciones de las sandeces que los cuatro protagonistas balbuceaban, y que increíblemente repiten más de cuarenta años después.
El problema central de "Shine a Light", escapa pues a las posibilidades de Scorsese o cualquier otro director por más talento que este posea: no hay manera de sobrellevar dos horas de la monotonía musical y la vacuidad cerebral de los Rolling Stones, sumadas al exasperante bailoteo de Mick Jagger . Lo contrario sería pedirle peras al olmo.
¿Lo mejor del filme? la escena final, en la que un notable plano-secuencia en el que la cámara sigue a los músicos que dejan el escenario y abordan un taxi, mientras un brillante montaje digital empalma esa toma con una vista que se aleja y asciende al cielo neoyorquino, cuya luna llena muta en el logo de los Rolling Stones. La satisfacción es doble: vemos por fin algo de ingenio y nos liberamos de más de lo mismo.
Madurez fílmica en Ciudad Gótica
Rating: 9
29.07.2008En el último comentario de cine que me atreví a publicar en este medio, sostenía que un filme de aventuras y acción no tenía que ser necesariamente inferior a uno de mayor profundidad dramática y trascendencia humana en su contenido. Pues bien, con "El Caballero de la Noche" (Christopher Nolan, 2008) sucede un gratamente extraño fenómeno: siendo una película basada en un personaje del cómic, posee al la par que acción y aventuras, una densidad dramática y argumental que la hacen digna de inaugurar una nueva era en este tipo de producciones. Cristopher Nolan es un director que se inclina por los personajes inmersos en situaciones adversas que los sobrepasan, héroes impotentes ante un destino inexorable, débiles dentro de sus propios poderes. En "Memento", un hombre debe resolver el asesinato de su esposa buscando pistas con una cámara Polaroid colgada al cuello, pues carece de memoria inmediata y su historia termina en una angustiosa ambigüedad; en “Insomnia”, un detective tiene que enfrentarse a un asesino a la par que a su propio pasado corrupto que lo acosa implacablemente; en "El Gran Truco" dos ilusionistas rivales se enfrentan por el éxito y un amor compartido, componentes todos estos que se dan cabida en "The Dark Knight".
Ya desde la primera y notable secuencia del robo al banco, sabemos que se trata de una cinta diferente. Filmada con gran precisión, es una inequívoca introducción a un mundo de violencia y rapacidad extremas, pero sin apelar a excesos viscerales ni a crueldad física innecesarias, y en la película las escenas de sangre son casi inexistentes. La cámara prefiere insinuar a hacer explícito aquello que se sobreentiende. Y en esa línea narrativa surge la sobresaliente figura del Guasón, el villano principal encarnado por un Heath Ledger en una interpretación de antología. Carente de poderes sobrenaturales, y sin caer en excesos de humor asociados con el personaje, el Guasón de Ledger es la personificación perfecta del mal, capaz de corromper incluso el ya descompuesto mundo del hampa. Es el mal dentro del mal mismo. Batman, su contraparte aparece como el oscuro y atormentado personaje que Bob Kane creó originalmente, un ser doliente y taciturno para quien la lucha contra la delincuencia se confunde con el ciego deseo de venganza personal. Batman es una suerte de Raskolnikov postmoderno que sobrevuela las sombrías calles de Ciudad Gótica sumido en su dolorosa disyuntiva existencial y provisto de su parafernalia tecnológica. Y es en esta encrucijada que entra a tallar la figura de Harvey Dent, el implacable e incorruptible fiscal dispuesto a entablar una lucha sin cuartel contra el crimen, pero cuya obsesión justiciera obnubila hasta sobrepasar los límites que la propia ley ha de imponerse. Aparece aquí la oposición entre Batman y el nuevo paladín de la justicia. El hombre murciélago decide entonces que ha llegado la hora de dejar el paso a la justicia sustentada en la propia legalidad. Dent será quien deberá luchar contra el mal dando la cara, y comprende con una mezcla de alivio y resignación que sus días como vengador anónimo podrán por fin terminar. El argumento entabla brillantemente esta relación entre ambos personajes, que oscila entre la colaboración y el antagonismo. La compleja rivalidad entre ambos incluye además al amor por la misma mujer, cuya trágica muerte será el detonante del lado irracionalmente punitivo de Dent. Su ciega obsesión justiciera lo hará cruzar la delgada línea roja que divide la Justicia de la Ley del Talión. Surge así Harvey Dos Caras, o el crimen por la aplicación de la ley fuera de la legalidad.
Christian Bale, quien interpreta al Batman, dijo hace poco que los personajes del cómic, al igual que los seres de la antigua mitología griega, encarnan las distintas facetas del alma humana. Tal vez este estupendo filme sirva para que nuestras inadvertidas mitologías contemporáneas actúen como un espejo ante el cual veamos nuestro propio rostro. No hay que perderse esta película.
Ya desde la primera y notable secuencia del robo al banco, sabemos que se trata de una cinta diferente. Filmada con gran precisión, es una inequívoca introducción a un mundo de violencia y rapacidad extremas, pero sin apelar a excesos viscerales ni a crueldad física innecesarias, y en la película las escenas de sangre son casi inexistentes. La cámara prefiere insinuar a hacer explícito aquello que se sobreentiende. Y en esa línea narrativa surge la sobresaliente figura del Guasón, el villano principal encarnado por un Heath Ledger en una interpretación de antología. Carente de poderes sobrenaturales, y sin caer en excesos de humor asociados con el personaje, el Guasón de Ledger es la personificación perfecta del mal, capaz de corromper incluso el ya descompuesto mundo del hampa. Es el mal dentro del mal mismo. Batman, su contraparte aparece como el oscuro y atormentado personaje que Bob Kane creó originalmente, un ser doliente y taciturno para quien la lucha contra la delincuencia se confunde con el ciego deseo de venganza personal. Batman es una suerte de Raskolnikov postmoderno que sobrevuela las sombrías calles de Ciudad Gótica sumido en su dolorosa disyuntiva existencial y provisto de su parafernalia tecnológica. Y es en esta encrucijada que entra a tallar la figura de Harvey Dent, el implacable e incorruptible fiscal dispuesto a entablar una lucha sin cuartel contra el crimen, pero cuya obsesión justiciera obnubila hasta sobrepasar los límites que la propia ley ha de imponerse. Aparece aquí la oposición entre Batman y el nuevo paladín de la justicia. El hombre murciélago decide entonces que ha llegado la hora de dejar el paso a la justicia sustentada en la propia legalidad. Dent será quien deberá luchar contra el mal dando la cara, y comprende con una mezcla de alivio y resignación que sus días como vengador anónimo podrán por fin terminar. El argumento entabla brillantemente esta relación entre ambos personajes, que oscila entre la colaboración y el antagonismo. La compleja rivalidad entre ambos incluye además al amor por la misma mujer, cuya trágica muerte será el detonante del lado irracionalmente punitivo de Dent. Su ciega obsesión justiciera lo hará cruzar la delgada línea roja que divide la Justicia de la Ley del Talión. Surge así Harvey Dos Caras, o el crimen por la aplicación de la ley fuera de la legalidad.
Christian Bale, quien interpreta al Batman, dijo hace poco que los personajes del cómic, al igual que los seres de la antigua mitología griega, encarnan las distintas facetas del alma humana. Tal vez este estupendo filme sirva para que nuestras inadvertidas mitologías contemporáneas actúen como un espejo ante el cual veamos nuestro propio rostro. No hay que perderse esta película.
Video juego Indiana
Rating: 6Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (2008)
- Título original: Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull
-
Director:
Steven Spielberg
Las fallas principales de este filme no radican pues, en la imprecisión académica; sus problemas son de otra índole. A diferencia de las entregas anteriores, hay acá carencias de aquello que justamente hizo de Indiana Jones sinónimo de gran espectáculo.
Para empezar, no hay equilibrio entre las dosis de asombro y las de humor. No se ven aquí aquellas secuencias en las que algún misterio se resolvía en escenas donde el espectador participaba de una "revelación" cargada de cierta cuota de ingenuo misticismo, que de alguna manera daban siempre buen resultado. El único pasaje en el que ahora se nos invita a tal experiencia se percibe descuidado y concebido de manera apurada; el evidente guiño a "Encuentros cercanos del tercer tipo" resulta apático y carente de magia. La autoironía y el no tomarse en serio del protagonista (que anteriormente lo hizo tan digerible y simpático), cae esta vez un una exagerada pose de humor bastante simplón, casi al extremo de asemejarse a una comedia al estilo de la fallida "1941", uno de los mayores fracasos del director, cuyo fuerte no parece ser la comedia. Tampoco resulta acertado el haber dejado de lado casi toda secuencia carente de acción trepidante. La cinta resulta una sucesión casi constante de persecuciones, escapes, duelos y peripecias con armas de todo tipo (desde revólveres hasta bazucas; de bombas nucleares a espadas), además de maniobras con todos los medios de locomoción imaginables. Esa falta de dosificación termina restándole intensidad a las escenas de acción, al no haber picos de emoción que marquen la pauta del interés en la aventura. Así, la intriga ante el develamiento del misterio se desvanece, y nos resignamos a diversas secuencias acrobáticas sin un norte argumental que estructure el relato. Pareciera que algo se perdió en el afán de asemejarse a algún video juego.
Pese a todo, difícilmente se podría hablar de un absoluto fracaso, pues mal que bien la cinta se digiere, y por momentos disfruta en sus poco más de dos horas de duración. Esperemos que se trate simplemente de la dificultad de retomar la esencia del personaje y el carácter de sus aventuras luego de una pausa de casi veinte años. Los cinéfilos de toda edad así lo esperamos.
El niño y sus fantasmas
Rating: 6
19.05.2008"El Ofanato" (Juan Antonio Bayona, 2007) empieza con buen pie, mostrándose en su primera mitad como un "thriller" de terror bastante solvente en su desarrollo. Estamos hasta aquí frente a otro filme de horror que conjuga una vez más la ya ensayada relación entre el mundo infantil y los misterios de ultratumba. La historias que introducen la presencia de niños como seres capaces de vincularse de manera ingenua y natural con los espíritus dolientes han dado lugar a películas diversas, como la notable "El resplandor", del genial Stanley Kubrik ; "Poltergeist", de Tobe Hooper o "El sexto sentido", la cinta que descubrió a M. Night Shyamalan. En esta primera parte, "El Orfanato" nos intriga ante la misteriosa desaparición del pequeño Simón en la antigua mansión que alguna vez fue un orfanato, y donde precisamente se crió Laura, madre del niño perdido, a quien acompañamos en su obstinada búsqueda, hurgando entre los misteriosos rincones de la casa y descubriendo pistas intrigantes.
Hasta allí, la película consigue mantener el interés con buen pulso narrativo y logrado equilibrio entre el miedo y la intriga. Lo que sigue es una suerte de interludio de parapsicología, que incluye a un curioso "especialista" interpretado por Edgar Vivar (el voluminoso Ñoño y Sr. Barriga del recordado programa televisivo "El Chavo del Ocho", que acá luce cual "sumotori" con corbata de lazo incluída) y a Geraldine Chaplin como una impostada medium. De aquí en adelante, el interés decae, cediendo el paso a una sucesión de sobresaltos a los que el género de terror recurre ultimamente: la atmósfera se tensa, la música se torna grave; sabemos que algo va a ocurrir, y de pronto sucede. Todo el mundo salta de la butaca, como la fórmula infalible nos demuestra. Ya no es el misterio ni el suspenso lo que nos atrapa, sinó la espera por el próximo susto.
El final, redentor y no carente de sorpresa, disipa la sensación angustiante de la narración general, y dejamos la sala reconciliados con los seres que al principio temimos tanto.
Sin ser brillante, "El Orfanato" resulta sobresaliendo entre un género que en los últimos tiempos apela por el susto fácil y litros de sangre de utilería. Recomendable
Hasta allí, la película consigue mantener el interés con buen pulso narrativo y logrado equilibrio entre el miedo y la intriga. Lo que sigue es una suerte de interludio de parapsicología, que incluye a un curioso "especialista" interpretado por Edgar Vivar (el voluminoso Ñoño y Sr. Barriga del recordado programa televisivo "El Chavo del Ocho", que acá luce cual "sumotori" con corbata de lazo incluída) y a Geraldine Chaplin como una impostada medium. De aquí en adelante, el interés decae, cediendo el paso a una sucesión de sobresaltos a los que el género de terror recurre ultimamente: la atmósfera se tensa, la música se torna grave; sabemos que algo va a ocurrir, y de pronto sucede. Todo el mundo salta de la butaca, como la fórmula infalible nos demuestra. Ya no es el misterio ni el suspenso lo que nos atrapa, sinó la espera por el próximo susto.
El final, redentor y no carente de sorpresa, disipa la sensación angustiante de la narración general, y dejamos la sala reconciliados con los seres que al principio temimos tanto.
Sin ser brillante, "El Orfanato" resulta sobresaliendo entre un género que en los últimos tiempos apela por el susto fácil y litros de sangre de utilería. Recomendable
La Antena
Rating: 7
10.05.2008Rindiendo evidente homenaje al cine expresionista alemán de los Años Veinte, y de manera particular a la mítica "Metrópolis" (Fritz Lang, 1926) "La Antena" (Esteban Sapir, 2007) es un brillante ejercicio visual que narra una aventura fantástica recurriendo al lenguaje del cine mudo. Filmada en blanco y negro, esta historia de lucha contra la tiranía en poder de los medios de comunicación masivos (clara alusión al fascismo), añade a su evidente contenido político, cierta cuota de emotividad infantil (por lo general ausente el el cine expresionista clásico), lo cual la aproxima en cierta medida a la obra Tim Burton. Mención aparte merece la brillante música compuesta y ejecutada por Leo Sujatovich. Pocas veces imágen y sonido alcanzaron tal grado de perfecta simbiósis. Destaca también el ingenioso uso de los subtítulos, que a diferencia del cine mudo clásico, se emplean aquí de manera dinámica, interactuando con las imágenes, cambiando de planos y adquiriendo casi vida propia. Un notable ejemplo más del magnífico cine argentino actual. Altamente recomendable.
Nostalgia postmoderna
Rating: 7El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (2007)
- Título original: The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford
-
Director:
Andrew Dominik
La película, consciente de su añoranza por un pasado ilusorio, intercala los secos diálogos con amplios espacios abiertos, solitarios; en el que las nubes cruzan lentamente el vasto cielo que la cámara enfoca fijamente y nos remiten a una sensación onírica e ireal, mientras la voz en off se encarga de ponernos los pies en la tierra.
Brillante interpretación de Casey Affleck como el ingenuo admirador de James que lentamente termina resignándose a su desilusión, hasta convertirse en un fantasma encargado de escenificar interminablemente su propio acto de condena. Por su parte, Brad Pitt da vida a un Jesse James lejano al mito clásico del personaje, y en ese sentido juega un papel intertextual entre el glamour que se asocia con él, y el mediocre y decepcionado personaje que encarna.
Para quienes desean ver acción trepidante, cabalgatas orondas, tiroteos con revólveres de inacabables balas, esta lenta y extensa película resultará defraudante. Para quienes buscan una bella reflexión sobre la visión nostálgica de un pasado irreal, este filme será una experiencia formidable. Vale la pena verla.
21.08.2007Rindiendo evidente homenaje al cine expresionista alemán de los Años Veinte, y de manera particular a la mítica "Metrópolis" (Fritz Lang, 1926) "La Antena" (Esteban Sapir, 2007) es un brillante ejercicio visual que narra una aventura fantástica recurriendo al lenguaje del cine mudo. Filmada en blanco y negro, esta historia de lucha contra la tiranía en poder de los medios de comunicación masivos (clara alusión al fascismo), añade a su evidente contenido político, cierta cuota de emotividad infantil (por lo general ausente el el cine expresionista clásico), lo cual la aproxima en cierta medida a la obra Tim Burton. Mención aparte merece la brillante música compuesta y ejecutada por Leo Sujatovich. Pocas veces imágen y sonido alcanzaron tal grado de perfecta simbiósis. Destaca también el ingenioso uso de los subtítulos, que a diferencia del cine mudo clásico, se emplean aquí de manera dinámica, interactuando con las imágenes, cambiando de planos y adquiriendo casi vida propia. Un notable ejemplo más del magnífico cine argentino actual. Altamente recomendable.




