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Octavio
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Críticas de Octavio
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Amores huérfanos de la guerra del 14.
Rating: 9Largo domingo de noviazgo (2004)
- Título original: Un long dimanche de fiançailles
-
Director:
Jean-Pierre Jeunet
La historia de “Largo domingo de noviazgo” es la historia de varios amores interrumpidos por la guerra. Es la búsqueda ciega y obstinada de una mujer que no puede aceptar la desaparición de su alma gemela y cuyo único sustento es la absurda y patética esperanza del “todo es posible”. 5 soldados franceses son condenados a muerte por automutilarse para evitar seguir luchando en la guerra de trincheras y aparentemente mueren en el campo de batalla. No obstante, Mathilde (Audrey Tautou) no puede ni quiere aceptar la muerte de su prometido e inicia una investigación para encontrar aquello que le hace seguir adelante.
La puesta en escena de Jean-Pierre Jeunet adquiere su máxima expresión en la primera hora de metraje: la primera parte del film posee todas las características propias que han hecho a este director uno de los más queridos y admirados: esa plasmación de un universo donde priman los rasgos más bonitos y nostálgicos de la niñez; un universo entrañable, divertido, un poco absurdo pero esencialmente bello y fascinante. La narración es ágil y adictiva, lleno de flashbacks, recuerdos e imágenes imaginarias. No hay lugar para tiempos muertos y la escenificación de historias, vivencias y sentimientos agita los sentidos y la imaginación. Su estética realista pero con sutiles toques fantásticos es el marco perfecto para una historia de amor pura, tierna e infantil. Los sempiternos tonos sepia (que dan al relato una atmósfera de quietud y nostalgia) contrastan con los tonos fríos y verdosos del campo de batalla, con unos flashbacks que muestran la guerra como una carnicería aleatoria, y cuyo único refugio se encuentra en los recuerdos y, quizás, en esa camaradería mitad amistad mitad ruindad propia de la supervivencia en unas trincheras insalubres y empantanadas. Una audacia visual y argumental que Jean-Pierre Jeunet domina absolutamente.
No obstante, esa audacia narrativa va desapareciendo poco a poco a medida que avanza la película. La historia se vuelve más lineal y convencional y la marca inconfundible de Jeunet se ve supeditada a la resolución de los misterios de la trama. Hay escenas impactantes, como la explosión del Zepelin, pero esa energía y ese pulso sutil y especial apenas es perceptible. Jeunet se domina a sí mismo pensando que debe primar la claridad expositiva a la experimentación y al juego, y se equivoca. A nivel global “Largo domingo de noviazgo” es una buena película de amor antibelicista, pero buenas películas de amor antibelicistas hay muchas. Yo buscaba esa visión única y diferente de un director excepcional. Y encontré esa visión en la primera hora de metraje. El resto...muy bien pero...
No obstante, el mensaje que intenta transmitir Jeunet en sus películas está presente en esta obra: por muchos años que tengamos no debemos olvidar aquello que nos hacía felices cuando éramos niños: la fascinación por la curiosidad, el juego y las ilusiones imposibles.
Película de cine de verano.
Rating: 5El asesino del cementerio etrusco (1982)
- Título original: Assassinio al cimitero etrusco
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Director:
Sergio Martino
Tengo la peculiar teoría de que cuanto más mala es una película más alucinante tiene la portada o el cartel (o la “cover” poniéndonos angloparlantes). Y aquí sí, la portada de “El asesino del cementerio etrusco” es sencillamente alucinante (e inversamente proporcional a la calidad del film). La primera vez que vi el cartel (Aviso: voy a contar una de mis batallitas de la infancia, así que aquellos/as que no estén por la labor de soportar semejante rollo pueden dejar de leer ahora mismo y ponerme un merecidísimo -1 por utilizar la peli como pretexto para contar mis paranoias ), como iba diciendo, la primera vez que vi el cartel de “El asesino del cementerio etrusco” fue en el cine de verano de mi barrio cuando yo era un niño de unos 9 ó 10 años. No me acuerdo cuántos cines de verano había en Marbella en los años 80, pero yo tenía la suerte de tener uno en mi barrio, justo al lado de mi casa. Una tarde vi el cartel de “El asesino del cementerio etrusco” y flipé en colores. No tenía ni idea de lo que significaba “etrusco” pero daba igual: ¡Quería ver la película! Idea que mi madre me quitó de la cabeza ipso-facto:”¡¿cómo vas a ver una película de miedo si te asustaste con “Buenas noches, señor monstruo” del grupo Regaliz?! Tira pa la playa, niño”. Ja, ja, estaba decidido a ver la película y la vería. Como el cine de verano estaba cerca a mi casa, se podía ver la pantalla desde la azotea comunal de mi edificio. No obstante, la azotea no tenía iluminación y por las noches estaba muy oscuro y a mí me daba miedo subir. Afortunadamente una de mis hermanas mayores se ofreció a acompañarme y a quedarse conmigo a ver la película (¡Qué buenas son las hermanas mayores con sus hermanitos pequeños!). Pues bien, ambos subimos (la azotea estaba más oscura que una cueva) y me pongo a ver la película (a intuir más bien, porque el cine estaba un poco lejos y los actores se veían bastante chicos y el sonido bastante mal). Empiezan a salir las letras y la música de miedo, con lo cual empiezo a asustarme. Giro la cabeza para comprobar que mi hermana todavía está a mi lado y...¡LA VEO QUE SALE CORRIENDO HACIA LA PUERTA DE LA AZOTEA, DEJÁNDOME SOLO! ¡Y encima se estaba riendo! Salí corriendo detrás de ella y creo que conseguí un record olímpico. ¡Qué malas son las hermanas mayores! Y lo peor es que no podía chivarme a mi madre porque ella me había prohibido ver la película. En fin, que me quedé sin ver la película y tuve que esperar unos 20 años para verla entera de una dichosa vez y llevarme la decepción absoluta.
Otro clásico del frikismo español.
Rating: 7Mil gritos tiene la noche (1982)
- Título original: Mil gritos tiene la noche
-
Director:
Juan Piquer Simón
Un chaval de unos 12 años está en la habitación de su dormitorio muy entretenido montando un puzzle. Su madre entra en la habitación y al ver la bonita estampa sonríe de felicidad. Pero cuando se acerca para darle un beso, descubre que el dibujo del puzzle es el de una señora potente en cueros, desnuda como su madre la trajo al mundo. La madre pilla un cabreo impresionante, le pega dos guantazos al niño por degenerao y le ordena que traiga el cubo de la basura para tirar el puzzle y todas las revistas guarras que tiene el chaval en su habitación. El niño, en lugar de traer el cubo de la basura, trae un pedazo de hacha y le corta la cabeza a la madre.
Cuarenta años después (y se dice pronto), en el campus de una universidad estadounidense (sí, ya, estadounidense de Alcorcón) una muchacha está con el monopatín cuesta abajo. De pronto aparecen dos hombres llevando un espejo muy grande. La muchacha no puede frenar y se come el espejo con patatas (vamos, que lo atraviesa y supongo que se muere porque no vuelve a salir más en la película). Este accidente activa la locura del niño que ahora tiene unos 52 años y trabaja en el campus. El pisicópata coge un símbolo fálico (una motosierra) y le corta la cabeza a una muchacha que estaba tomando el sol en mitad del campus. La policía se pone las pilas y busca al asesino, pero lo buscan mal porque el pisicópata vuelve a matar a otra muchacha y esta vez se lleva el tronco. El teniente de policía (que tendrá unos 52 años, ojo que pedazo pista) tiene 4 sospechosos: un profesor con cara de reprimido, el decano que parece que nunca ha roto un plato, un tío que parece el clon malvado de Bud Spencer y un estudiante que se parece al protagonista de Loca Academia de Policía. Obviamente el de la academia de policía no es, porque no tiene 52 años. Sólo quedan el clon de Bud Spencer, el decano y el reprimido. Yo que soy un Sherlock Holmes me dije: “ja, ja, a mí me la vas a dar con queso. Bud Spencer no es y el reprimido tampoco, porque son sospechosos muy evidentes. O sea, que sólo me queda el decano, el menos sospechoso. Pero a mí no me engañas. ¡El asesino es el teniente de policía!”. Pues no, toma del frasco. El asesino es el decano, como ya se verá.
Como los policías son un poco torpes piden la ayuda del estudiante de Loca Academia de policía. También infiltran en la universidad a una policía muy guapa y rubia que se hace pasar por profesora de tenis (¡de tenis!). Pues bien, una noche la policía-tenista apatrulla las calles del campus y de pronto es atacada por...¡un karateka! ¡un japonés karateka! El japonés le pega una patada giratoria pero la policía-tenista le pega una patada en los mismísimos testículos y el japonés se queda sin ganas de nada. Al final resulta que el japonés era profesor de Kárate de la universidad (joder que universidad más rara).
Con semejantes fuerzas de seguridad el decano tiene el campus abierto para seguir matando. A una muchacha le corta los brazos y a otra las piernas. Mientras, la policía cree que el asesino es el clon de Bud Spencer y va a detenerlo, pero el clon, como buen clon de Bud Spencer, se lía a golpes, puñetazos y mamporros con los policías (solo le faltaba el clon de Terence Hill). Al final se dan cuanta que el asesino no es él (¡que es el decano, leche!).
En fin, que la policía-tenista interroga al resto de sospechosos, pero antes, el estudiante de loca academia de policía, que es un picha brava, se la intenta ligar, pero ella le dice que nones. En ese momento aparece un amigo del estudiante con una máscara monstruosa y le pega un susto. Pues bien, la policía-tenista interroga al decano en su casa. El decano le prepara un café con somnífero, pero como no le hace efecto le prepara otro café con más somnífero y esta vez sí, la policía-tenista se duerme. El teniente y el de la loca academia de policía descubren por casualidad que el decano es el asesino y van a su casa. Entran pegando tiros pero el decano se esconde detrás de las cortinas y no lo encuentran. Los policías se van y dejan solos al estudiante y a la policía-tenista en la casa. Ahora sí, el decano sale de detrás de las cortinas e intenta matar al chaval, pero aparece de nuevo el teniente como si tal cosa y le pega un tiro al decano y lo mata. Al rato, un policía le da sin querer a un libro de una estantería y dicha estantería se gira (como en una película de chinos) y muestra un compartimento secreto con una muerta dentro (por lo visto el decano cogía las partes del cuerpo que cortaba y las cosía) (por cierto, el cadáver se le cae encima al estudiante de loca academia de policía y se lleva un susto de muerte).
Y lo mejor viene al final: justo cuando el estudiante se va a ir de la casa, el cadáver de la mujer le agarra de los huevecillos y se los arranca (¡en serio!).
Decir que esta película es surrealista es poco. Mismamente es de otra dimensión. Como la vea David Lynch flipa en colores.
Once formas de inquietud.
Rating: 9
14.07.2008Patricia Highsmith es una experta manipuladora del laberinto mental de sospechas, temores, intrigas y fantasmas en el armario que todos poseemos en mayor o menor medida. En sus cuentos juega magistralmente con los tópicos y prejuicios humanos para darles la vuelta y mostrarnos una nueva forma de horror, a veces velada, otras veces grotesca, otras como un dolor sordo que no desaparece. Highsmith es sinónimo de misterio e intriga, de un negro sentido del humor y de las virtudes y miserias del comportamiento humano. Como los autores inmortales, sus obras poseen varios niveles de lectura que logran satisfacer a todo el mundo. Por un lado está lo evidente, una trama ingeniosa que nos asusta, nos inquieta, nos sorprende y nos divierte. Y después está esa lectura de la condición humana ante diferentes estímulos del mundo que le rodea. Habla de emociones que nunca desaparecerán por muchos siglos que transcurran.
“Once” es el sencillo título de un recopilatorio de cuentos de Patricia Highsmith, que recoge once obras de la autora escritas desde 1945 a 1970. De los once cuentos voy a comentar los 4 que más me gustaron: “El observador de caracoles”, “Los pájaros a punto de emprender el vuelo”, “La tortuga de agua dulce” y “En busca del tal o cual Claveringi”.
“El observador de caracoles” y “En busca del tal o cual Claveringi” son dos cuentos de terror increíbles y divertidísimos. El primero juega con la pérdida de la sensación de control y el segundo es una hilarante historia de monstruos gigantes. En “El observador de caracoles” un diletante aburrido decide criar una colonia de caracoles en el estudio de su casa, pero desgraciadamente su afición se le escapa de las manos. En el relato “En busca del tal o cual Claveringi” un profesor de universidad quiere ponerle su apellido a un nuevo espécimen animal, un caracol gigante que según las leyendas parece habitar en una isla desierta del pacífico. Deseoso de pasar a la historia de la ciencia, el profesor explora en solitario la isla para descubrir si las leyendas son ciertas. Desafortunadamente para él, sí lo son.
“Los pájaros a punto de emprender el vuelo” es una extraña y trágica historia de amor. Un muchacho conoce a la mujer de su vida en un viaje. Al poco ambos se separan para volver a sus lugares de origen, pero prometen escribirse todos los días. La inquietud del muchacho aumenta cuando pasan los días y no recibe las cartas de su amada. En esta sencilla y brutal historia de amores no correspondidos (o al menos no al mismo nivel) Patricia Highsmith explora los desgarradores sentimientos, esperanzas y temores que perturban a aquellos que esperan patéticamente la señal que nunca llega de la persona amada. Un cúmulo de sospechas y mentiras que esconden un profundo miedo a no alcanzar la felicidad.
“La tortuga de agua dulce” es un cuento de horror psicológico. Un niño sufre diariamente el menosprecio y las burlas de una madre que no le tiene el más mínimo respeto y que le humilla constantemente. Un día el niño descubre que su madre ha traído una tortuga a casa. El niño no puede evitar cogerla y jugar con ella como si se tratase de un animal doméstico. El niño crea unos lazos de cariño con la tortuga que rápidamente serán rotos por la madre, ya que la tortuga es el ingrediente de un plato que ella quiere cocinar. Algo dentro de la mente niño se rompe cuando ve como su madre descuartiza sin piedad a la tortuga con un cuchillo. En ese momento el niño comprende que él es como esa tortuga, una criatura inocente que sufre la mutilación sistemática de una persona que debería cuidarle y protegerle pero que en realidad le está destruyendo. Entonces decide actuar en consecuencia.
Éstas son sólo cuatro de las once maneras que tiene Patricia Highsmith de inquietarte. Descúbrelas todas en “Once”.
“Once” es el sencillo título de un recopilatorio de cuentos de Patricia Highsmith, que recoge once obras de la autora escritas desde 1945 a 1970. De los once cuentos voy a comentar los 4 que más me gustaron: “El observador de caracoles”, “Los pájaros a punto de emprender el vuelo”, “La tortuga de agua dulce” y “En busca del tal o cual Claveringi”.
“El observador de caracoles” y “En busca del tal o cual Claveringi” son dos cuentos de terror increíbles y divertidísimos. El primero juega con la pérdida de la sensación de control y el segundo es una hilarante historia de monstruos gigantes. En “El observador de caracoles” un diletante aburrido decide criar una colonia de caracoles en el estudio de su casa, pero desgraciadamente su afición se le escapa de las manos. En el relato “En busca del tal o cual Claveringi” un profesor de universidad quiere ponerle su apellido a un nuevo espécimen animal, un caracol gigante que según las leyendas parece habitar en una isla desierta del pacífico. Deseoso de pasar a la historia de la ciencia, el profesor explora en solitario la isla para descubrir si las leyendas son ciertas. Desafortunadamente para él, sí lo son.
“Los pájaros a punto de emprender el vuelo” es una extraña y trágica historia de amor. Un muchacho conoce a la mujer de su vida en un viaje. Al poco ambos se separan para volver a sus lugares de origen, pero prometen escribirse todos los días. La inquietud del muchacho aumenta cuando pasan los días y no recibe las cartas de su amada. En esta sencilla y brutal historia de amores no correspondidos (o al menos no al mismo nivel) Patricia Highsmith explora los desgarradores sentimientos, esperanzas y temores que perturban a aquellos que esperan patéticamente la señal que nunca llega de la persona amada. Un cúmulo de sospechas y mentiras que esconden un profundo miedo a no alcanzar la felicidad.
“La tortuga de agua dulce” es un cuento de horror psicológico. Un niño sufre diariamente el menosprecio y las burlas de una madre que no le tiene el más mínimo respeto y que le humilla constantemente. Un día el niño descubre que su madre ha traído una tortuga a casa. El niño no puede evitar cogerla y jugar con ella como si se tratase de un animal doméstico. El niño crea unos lazos de cariño con la tortuga que rápidamente serán rotos por la madre, ya que la tortuga es el ingrediente de un plato que ella quiere cocinar. Algo dentro de la mente niño se rompe cuando ve como su madre descuartiza sin piedad a la tortuga con un cuchillo. En ese momento el niño comprende que él es como esa tortuga, una criatura inocente que sufre la mutilación sistemática de una persona que debería cuidarle y protegerle pero que en realidad le está destruyendo. Entonces decide actuar en consecuencia.
Éstas son sólo cuatro de las once maneras que tiene Patricia Highsmith de inquietarte. Descúbrelas todas en “Once”.
No me aclaro ¿la película es una crítica irónica del modo de vida americano o una apología velada?
Rating: 8
10.07.2008Y no es una pregunta trampa ni retórica. De verdad que no lo tengo claro. A veces creo que es una película crítica e irónica con Estados Unidos y sus valores tradicionales. Pero también tiene otros detalles que me amoscan bastante, cosillas que no me dejan tranquilo, que me hacen dudar de la intención última de la película. También está la tercera opción: ni lo uno ni lo otro pero un poquito de cada. En el fondo Forrest Gump es una historia de amor y humor con pinceladas de historia contemporánea norteamericana y con una banda sonora potente; una peli técnicamente muy bien hecha para todos los públicos y con un discurso muy abierto para que vaya más gente a verla al cine y se compre los dvds (o sea, ni muy patriotera ni tampoco muy anti-sistema. Un fifty-fifty para que salga todo el mundo contento). Una especie de cuento de hadas en el que los protagonistas fueron felices y comieron perdices (al menos Forrest y su niño del sexto sentido). Puede que esta última opción sea la correcta, pero es más divertido intentar descubrir de qué pie cojea Forrest Gump. Y lo voy a hacer repasando las cuatro reglas del American Way of Life:
-Regla nº 1: Cualquiera puede triunfar en Estados Unidos de América. No importa su clase social o su coeficiente intelectual. Con paciencia, tesón y buen corazón se puede conseguir todo en la tierra de la libertad. Y que se lo digan a Forrest: campeón de fútbol americano en el instituto (por cierto, ¡ya les vale intentar pasar a Tom Hanks y a Robin Writh como adolescentes!), millonario con los barcos y con los ordenadores, te inventa iconos de la cultura popular, etc. No obstante, tantos logros seguidos parece una parodia del típico triunfador ¿no? Concedamos el beneficio de la duda a Zemeckis y digamos que “Forrest Gump” no cumple esta regla.
-Regla nº 2: La propiedad privada ha hecho grande a los Estados Unidos de América: Aquí a Zemeckis se le ve el plumero con el personaje del Teniente Dan: sólo alcanza la felicidad cuando la empresa naval de Forrest tiene éxito (y qué manera de tener éxito: eliminando literalmente a la competencia con ayuda de dios). Y después cuando se vuelve multimillonario con Apple se quita los pelos de la cara, se busca a una buena mujer para contraer sagrado matrimonio e incluso ¡le salen piernas nuevas!. El secreto de la felicidad es estar forrado y aburguesarse y ahí está el teniente Dan para demostrarlo.
-Regla nº 3: Puritanismo implícito. Algunos dirán que Jenny murió porque era el toque trágico que necesitaba la película. Yo creo que murió por culpa del puritanismo implícito. Y es que Jenny era una pecadora de tomo y lomo y al final lo tenía que pagar caro porque si no se estaba insultando la memoria de los puritanos del May Flower y de los padres fundadores. Jenny lo mismo salía en el playboy que flirteaba con los panteras negras en plan roja-hippie (y supongo que se fumaría algún ¡porro!) y en los años 70 se ponía de coca hasta las trancas. Una viciosa total y un mal ejemplo para la juventú y el decoro. Su muerte es una de las moralejas de la película: quién mal anda mal acaba (y Jenny saltaba de vicio en vicio como si jugase a la oca) (vamos, que en lugar de un personaje en ocasiones Jenny era un topicazo ridículo que iba de mal en peor).
-Regla nº 4: El patriotismo es el pilar fundamental que sustenta el sueño americano. ¿es Forrest Gump una película patriota? Indudablemente sí. ¿por qué? Porque la noche en que la que Forrest por fin hace el amor por primera (¿y única?) vez con Jenny es... ¡el cuatro de julio! ¡día de la fiesta nacional norteamericana! ¡Toma castaña! ¡Y encima Forrest da en la diana y engendra a un niño con superpoderes que en ocasiones ve a muertos!
Por cierto, cambiando de tema ¿Jenny estaba realmente enamorada de Forrest o simplemente le tenía mucho cariño? Vaya preguntaca más peliaguda (yo ahí no entro pero me temo lo peor).
En fin, tras este análisis minucioso, científico e imparcial no hay duda posible: Forrest Gump cumple 3 de las 4 reglas del American Way of Life, o sea, que en el fondo es patriotera ergo no merece la pena verla porque te van a lavar el cerebro y te irás a comer al McDonalds en lugar de comer paella.
Que no, que es broma. “Forrest Gump” es una película resultona, entretenida y agradable (eso sí, yo soy incapaz de verla de una sentada). Con sus pequeñas tonterías hollywoodienses pero que no desmerecen el conjunto de la obra y su intención última: entretener (bueno, también recaudar muchos millones pero eso se da por supuesto).
-Regla nº 1: Cualquiera puede triunfar en Estados Unidos de América. No importa su clase social o su coeficiente intelectual. Con paciencia, tesón y buen corazón se puede conseguir todo en la tierra de la libertad. Y que se lo digan a Forrest: campeón de fútbol americano en el instituto (por cierto, ¡ya les vale intentar pasar a Tom Hanks y a Robin Writh como adolescentes!), millonario con los barcos y con los ordenadores, te inventa iconos de la cultura popular, etc. No obstante, tantos logros seguidos parece una parodia del típico triunfador ¿no? Concedamos el beneficio de la duda a Zemeckis y digamos que “Forrest Gump” no cumple esta regla.
-Regla nº 2: La propiedad privada ha hecho grande a los Estados Unidos de América: Aquí a Zemeckis se le ve el plumero con el personaje del Teniente Dan: sólo alcanza la felicidad cuando la empresa naval de Forrest tiene éxito (y qué manera de tener éxito: eliminando literalmente a la competencia con ayuda de dios). Y después cuando se vuelve multimillonario con Apple se quita los pelos de la cara, se busca a una buena mujer para contraer sagrado matrimonio e incluso ¡le salen piernas nuevas!. El secreto de la felicidad es estar forrado y aburguesarse y ahí está el teniente Dan para demostrarlo.
-Regla nº 3: Puritanismo implícito. Algunos dirán que Jenny murió porque era el toque trágico que necesitaba la película. Yo creo que murió por culpa del puritanismo implícito. Y es que Jenny era una pecadora de tomo y lomo y al final lo tenía que pagar caro porque si no se estaba insultando la memoria de los puritanos del May Flower y de los padres fundadores. Jenny lo mismo salía en el playboy que flirteaba con los panteras negras en plan roja-hippie (y supongo que se fumaría algún ¡porro!) y en los años 70 se ponía de coca hasta las trancas. Una viciosa total y un mal ejemplo para la juventú y el decoro. Su muerte es una de las moralejas de la película: quién mal anda mal acaba (y Jenny saltaba de vicio en vicio como si jugase a la oca) (vamos, que en lugar de un personaje en ocasiones Jenny era un topicazo ridículo que iba de mal en peor).
-Regla nº 4: El patriotismo es el pilar fundamental que sustenta el sueño americano. ¿es Forrest Gump una película patriota? Indudablemente sí. ¿por qué? Porque la noche en que la que Forrest por fin hace el amor por primera (¿y única?) vez con Jenny es... ¡el cuatro de julio! ¡día de la fiesta nacional norteamericana! ¡Toma castaña! ¡Y encima Forrest da en la diana y engendra a un niño con superpoderes que en ocasiones ve a muertos!
Por cierto, cambiando de tema ¿Jenny estaba realmente enamorada de Forrest o simplemente le tenía mucho cariño? Vaya preguntaca más peliaguda (yo ahí no entro pero me temo lo peor).
En fin, tras este análisis minucioso, científico e imparcial no hay duda posible: Forrest Gump cumple 3 de las 4 reglas del American Way of Life, o sea, que en el fondo es patriotera ergo no merece la pena verla porque te van a lavar el cerebro y te irás a comer al McDonalds en lugar de comer paella.
Que no, que es broma. “Forrest Gump” es una película resultona, entretenida y agradable (eso sí, yo soy incapaz de verla de una sentada). Con sus pequeñas tonterías hollywoodienses pero que no desmerecen el conjunto de la obra y su intención última: entretener (bueno, también recaudar muchos millones pero eso se da por supuesto).
09.07.2008La historia de la filosofía se caracteriza por una pugna constante entre la visión idealista y la concepción materialista del mundo que nos rodea. Y como el mundo que nos rodea está hecho una auténtica pena (y ya me duele la boca de decirlo, como a tantos otros) habrá que buscar las causas de esta situación nefasta en la que (casi) todos salimos perdiendo. Siguiendo teorías idealistas, podemos echarle la culpa a la “naturaleza humana” (que es muy jodía la puñetera) cuyo carácter yin-yanesco se resume en la siguiente frase: “el ser humano es capaz de lo mejor y de lo peor” (si buscas “topicazo” en el diccionario te sale escrita esta frase). Pues eso, somos perros por naturaleza e incapaces de llevarnos bien con el prójimo (o como me dijo una vez un profesor: “si somos incapaces de ponernos de acuerdo en una reunión de vecinos ¿cómo se van a poner de acuerdo en la ONU?”). Que es nuestra naturaleza, la naturaleza humana, chicos y chicas, ahí le hemos dado. Y como somos humanos es imposible luchar contra nuestra propia naturaleza. Entonces llegamos a una terrible conclusión: los problemas del mundo en última instancia no tienen solución, una conclusión que da mucha pena pero que siguiendo la lógica interna idealista es irrefutable. O sea, que podemos hablar ad nauseam de la condición humana y echarle todas las culpas, pero en la vida real solo podemos conformarnos con la concienciación de los descarriados y en aflorar la buena voluntad oculta en las malas personas. Personalmente, esta visión idealista no me convence en absoluto. Creo que “la condición humana” se ha convertido en el chivo expiatorio de la mierda del mundo: ella tiene la culpa “porque sí” y ya está.
Por otro lado está la concepción socrática del mal como “ignorancia”: La gente no es mala, es ignorante. Si a la gente se le enseña, dejará de hacer cosas malas. Hay que luchar contra la ignorancia ya que la ignorancia es el origen de los males. En parte es una visión correcta. A veces el conocimiento de las consecuencias evitaría la realización de las causas. La formación y el conocimiento es la mejor respuesta para combatir el fanatismo. No obstante, la formación y el conocimiento no son entes abstractos que flotan en el éter. Están muy condicionados por las características económicas y políticas de un lugar y una época determinada.
Y llegamos a la concepción materialista (obviamente la que yo defiendo): los males del mundo existen porque alguien saca beneficios económicos de esos males. Existe el fanatismo porque gobiernos, agencias de “información” y grandes empresarios les conviene que algunos países estén gobernados por monarquías absolutas feudales que imponen una visión ultra-ortodoxa de una religión concreta (como si esa visión fuera la única y no existieran otras corrientes más aperturistas y tolerantes). Y para conservar esos beneficios se miente y se mata y se manipula y se siembra la discordia y se alimenta el odio y el fanatismo y se silencia voces discordantes aperturistas y se distorsiona el mensaje y se crean falsas ideas y no hay buenos ni malos sino gobiernos que me favorecen el negocio y gobiernos que me lo perjudican. Y si en tu país tienes importantes reservas petrolíferas, lo siento amigo, estás justo en medio de una lucha despiadada de intereses donde paga el pato el que menos culpa tiene. Y si tu gobierno es pro-occidental (o mejor dicho pro-yanqui) la has jodido, aunque al menos tienes el consuelo de pertenecer al bando de “los buenos” (véase Arabia Saudí, con condiciones humanas propias de la Edad Media pero los que mandan se pegan unas vacaciones en Marbella con inmunidad diplomática y a todos se les hace la boca agua por pillar la calderilla que se les cae de los bolsillos). Y si no eres pro-occidental, la has jodido aún más (véase Venezuela) porque serás del bando de “los malos” y te lloverán palos de todos lados hasta que la situación explote (llevándose a mucha gente inocente por delante) y los “buenos” (pro-yanquis) volverán a dirigir el país (¿no pasó algo parecido en Nicaragua en los años 80? ¡y eso que no tenían petróleo!).
“Syriana” va de todo esto. De intereses petrolíferos; de empresarios en la sombra que controlan realmente la política exterior de su país a través de la CIA; de individuos concretos que se ven afectados por decisiones macroeconómicas; de las verdaderas causas del caos en Oriente Medio; de las raíces (económicas) del fanatismo; y de que un mundo mejor (o menos malo) es posible y viable, pero personas con mucho poder lo impiden.
No nos engañemos: “Syriana” es una película confusa, complicada (yo tuve que verla dos veces seguidas) y con escenas melodramáticas y efectistas que restan realismo al fondo de la trama. Algunos definen a “Syriana” como una película tramposa, demasiado “Hollywoodiense” con los guaperas George Clooney y Matt Damon jugando a ser demócratas concienciados. Ese debate no me interesa porque lo importante de esta película no es la forma sino el fondo. Lo importante en última instancia es el mensaje que transmite. Que después de ver la película tengas una idea más clara de cómo funciona el mundo.
Por otro lado está la concepción socrática del mal como “ignorancia”: La gente no es mala, es ignorante. Si a la gente se le enseña, dejará de hacer cosas malas. Hay que luchar contra la ignorancia ya que la ignorancia es el origen de los males. En parte es una visión correcta. A veces el conocimiento de las consecuencias evitaría la realización de las causas. La formación y el conocimiento es la mejor respuesta para combatir el fanatismo. No obstante, la formación y el conocimiento no son entes abstractos que flotan en el éter. Están muy condicionados por las características económicas y políticas de un lugar y una época determinada.
Y llegamos a la concepción materialista (obviamente la que yo defiendo): los males del mundo existen porque alguien saca beneficios económicos de esos males. Existe el fanatismo porque gobiernos, agencias de “información” y grandes empresarios les conviene que algunos países estén gobernados por monarquías absolutas feudales que imponen una visión ultra-ortodoxa de una religión concreta (como si esa visión fuera la única y no existieran otras corrientes más aperturistas y tolerantes). Y para conservar esos beneficios se miente y se mata y se manipula y se siembra la discordia y se alimenta el odio y el fanatismo y se silencia voces discordantes aperturistas y se distorsiona el mensaje y se crean falsas ideas y no hay buenos ni malos sino gobiernos que me favorecen el negocio y gobiernos que me lo perjudican. Y si en tu país tienes importantes reservas petrolíferas, lo siento amigo, estás justo en medio de una lucha despiadada de intereses donde paga el pato el que menos culpa tiene. Y si tu gobierno es pro-occidental (o mejor dicho pro-yanqui) la has jodido, aunque al menos tienes el consuelo de pertenecer al bando de “los buenos” (véase Arabia Saudí, con condiciones humanas propias de la Edad Media pero los que mandan se pegan unas vacaciones en Marbella con inmunidad diplomática y a todos se les hace la boca agua por pillar la calderilla que se les cae de los bolsillos). Y si no eres pro-occidental, la has jodido aún más (véase Venezuela) porque serás del bando de “los malos” y te lloverán palos de todos lados hasta que la situación explote (llevándose a mucha gente inocente por delante) y los “buenos” (pro-yanquis) volverán a dirigir el país (¿no pasó algo parecido en Nicaragua en los años 80? ¡y eso que no tenían petróleo!).
“Syriana” va de todo esto. De intereses petrolíferos; de empresarios en la sombra que controlan realmente la política exterior de su país a través de la CIA; de individuos concretos que se ven afectados por decisiones macroeconómicas; de las verdaderas causas del caos en Oriente Medio; de las raíces (económicas) del fanatismo; y de que un mundo mejor (o menos malo) es posible y viable, pero personas con mucho poder lo impiden.
No nos engañemos: “Syriana” es una película confusa, complicada (yo tuve que verla dos veces seguidas) y con escenas melodramáticas y efectistas que restan realismo al fondo de la trama. Algunos definen a “Syriana” como una película tramposa, demasiado “Hollywoodiense” con los guaperas George Clooney y Matt Damon jugando a ser demócratas concienciados. Ese debate no me interesa porque lo importante de esta película no es la forma sino el fondo. Lo importante en última instancia es el mensaje que transmite. Que después de ver la película tengas una idea más clara de cómo funciona el mundo.
08.07.2008En mi época, a principios de los 90 del siglo pasado, había dos bestias negras para los que se consideran otakus “de verdad” y fanáticos del manga y del ánime japonés: Uno era “Dragon Ball” (o Bola de Dragón o Bola de Drac) de Akira Toriyama y otra era “Akira” de Katsuhiro Otomo. Ambas cosecharon un éxito increíble en occidente, ambas dieron a conocer al gran público el mercado comiquero nipón y ambas fueron injustamente despreciadas, ridiculizadas y ninguneadas por “los expertos del manga” (precisamente por el éxito que tuvieron ambas). Movidos por un estúpido espíritu elitista, consideraban a los seguidores de estas dos obras como “plebe ignorante que se dejaba engatusar por montajes publicitarios, ya que en Japón había mangas de mayor calidad”. Po vale, lo que tú digas... De Dragon Ball ya hablaré otro día (solo adelantar que algunas revistas especializadas en cómic japonés en España nos llamaban, a los que nos gustaba Bola de Dragón, “Dragon-babosos”). Ahora vamos con Akira, un clásico indiscutible de la ciencia-ficción aunque todavía no me he enterado de qué va la película.
Y lo digo en serio. Los otros días la vi por enésima vez y todavía me hago un lío con la trama. ¿Qué cuenta “Akira”? ¿una simple historia de mutantes y motoristas ciberpunks? ¿un renacimiento cósmico? ¿una metáfora religiosa? ¿una apología criptofascista?¿ultravi olencia gratuita y zafia? ¿una mezcla de todo lo anterior sin pies ni cabeza? Y el final de la peli ¿quién lo entiende? ¿se ha transformado Tetsuo en un dios? ¿se ha marchado a otra dimensión? Que alguien me lo explique...
Reconozco que yo juego con desventaja porque nunca leí el manga en el que está basada la película. Allá por los años 90, los cómics de “Akira” tenían el prohibitivo precio, para un estudiante de instituto, de ¡475 pesetas! (casi tres euros). Me compré el número dos pero la historia era sutilmente diferente, más cruda, más violenta, más compleja, más madura, muy diferente a la película, que era más efectista, espectacular y “limpia” dentro de la carnicería que narra. La película tiene el defecto típico de toda adaptación de una obra extensa: un montón de información sin apenas profundidad. Exceptuando a Kaneda, Tetsuo y el General, el resto de personajes apenas son esbozos sin fondo ninguno. De los niños mutantes puedes intuir algo, pero casi nada te explican en la película. Y el final, como ya he dicho antes, es para quedarte a cuadros, porque no da ninguna solución y te deja la historia “in media res”.
Akira tiene defectos a mogollón: por un lado, es un poquito pretenciosa, precipitada y confusa. Por otro lado, ideológicamente hablando, “Akira” a veces se convierte en la versión nipona de “La decadencia de Occidente” de Spengler, con esa democracia débil, decadente y corrupta y ese pedazo General, que emulando a Tejero, da un golpe de estado regenerador para solucionar a base de hostias la apatía de las masas ociosas (por no hablar de esos “revolucionarios” incompetentes que en el fondo están siendo utilizados por un miembro de consejo).
Entonces ¿por qué considero a “Akira” como una obra maestra de la ciencia-ficción? Porque a nivel visual revolucionó el género de la animación, consiguiendo una estética que jamás se había logrado plasmar hasta entonces. Dejando a un lado el fondo más o menos pseudo-filosófico-místi co de la trama, casi todas las escenas de la película son acción pura, electrizante y espectacular, consiguiendo un impacto visual a través de unas imágenes increíblemente violentas, grotescas y muy sugerentes. “Akira” suponía un salto cuantitativo y cualitativo en el mundo de la animación (sus buenos millones de yenes se gastaron), un goce frívolo de unas escenas impactantes y ultraviolentas que hasta ese momento no se habían visto en dibujos animados. Una proyección estética de un futuro cruel y deshumanizado donde no había limites a la hora de reflejar ese frenesí brutal y salvaje. Los dibujos animados podían ser mucho más y Katsuhiro Otomo lo demostró con “Akira”. Nos guste o no, “Akira” fue la colleja que occidente necesitaba para tomar en serio la animación japonesa y ver con diferentes ojos a otros maestros como Hayao Miyazaki que llevaba años haciendo animación de calidad como la imprescindible “Nausicaa del valle del viento” (1984) o la divertidisima “Conan el niño del futuro” (1978) y que posteriormente haría nuevos clásicos como "Mi vecino Totoro" (1988) o "El viaje de Chichiro (2001).
Mención a parte merece la formidable banda sonora creada por Geinoh Yamashirogumi, que mezcla multitud de estilos, desde la música clásica europea hasta la música tradicional japonesa, pasando por el minimalismo o el rock sinfónico, con coros y voces que transmiten multitud de sentimientos encontrados, desde angustia e inquietud hasta serenidad y paz. Una obra maestra por sí sola.
Y lo digo en serio. Los otros días la vi por enésima vez y todavía me hago un lío con la trama. ¿Qué cuenta “Akira”? ¿una simple historia de mutantes y motoristas ciberpunks? ¿un renacimiento cósmico? ¿una metáfora religiosa? ¿una apología criptofascista?¿ultravi olencia gratuita y zafia? ¿una mezcla de todo lo anterior sin pies ni cabeza? Y el final de la peli ¿quién lo entiende? ¿se ha transformado Tetsuo en un dios? ¿se ha marchado a otra dimensión? Que alguien me lo explique...
Reconozco que yo juego con desventaja porque nunca leí el manga en el que está basada la película. Allá por los años 90, los cómics de “Akira” tenían el prohibitivo precio, para un estudiante de instituto, de ¡475 pesetas! (casi tres euros). Me compré el número dos pero la historia era sutilmente diferente, más cruda, más violenta, más compleja, más madura, muy diferente a la película, que era más efectista, espectacular y “limpia” dentro de la carnicería que narra. La película tiene el defecto típico de toda adaptación de una obra extensa: un montón de información sin apenas profundidad. Exceptuando a Kaneda, Tetsuo y el General, el resto de personajes apenas son esbozos sin fondo ninguno. De los niños mutantes puedes intuir algo, pero casi nada te explican en la película. Y el final, como ya he dicho antes, es para quedarte a cuadros, porque no da ninguna solución y te deja la historia “in media res”.
Akira tiene defectos a mogollón: por un lado, es un poquito pretenciosa, precipitada y confusa. Por otro lado, ideológicamente hablando, “Akira” a veces se convierte en la versión nipona de “La decadencia de Occidente” de Spengler, con esa democracia débil, decadente y corrupta y ese pedazo General, que emulando a Tejero, da un golpe de estado regenerador para solucionar a base de hostias la apatía de las masas ociosas (por no hablar de esos “revolucionarios” incompetentes que en el fondo están siendo utilizados por un miembro de consejo).
Entonces ¿por qué considero a “Akira” como una obra maestra de la ciencia-ficción? Porque a nivel visual revolucionó el género de la animación, consiguiendo una estética que jamás se había logrado plasmar hasta entonces. Dejando a un lado el fondo más o menos pseudo-filosófico-místi co de la trama, casi todas las escenas de la película son acción pura, electrizante y espectacular, consiguiendo un impacto visual a través de unas imágenes increíblemente violentas, grotescas y muy sugerentes. “Akira” suponía un salto cuantitativo y cualitativo en el mundo de la animación (sus buenos millones de yenes se gastaron), un goce frívolo de unas escenas impactantes y ultraviolentas que hasta ese momento no se habían visto en dibujos animados. Una proyección estética de un futuro cruel y deshumanizado donde no había limites a la hora de reflejar ese frenesí brutal y salvaje. Los dibujos animados podían ser mucho más y Katsuhiro Otomo lo demostró con “Akira”. Nos guste o no, “Akira” fue la colleja que occidente necesitaba para tomar en serio la animación japonesa y ver con diferentes ojos a otros maestros como Hayao Miyazaki que llevaba años haciendo animación de calidad como la imprescindible “Nausicaa del valle del viento” (1984) o la divertidisima “Conan el niño del futuro” (1978) y que posteriormente haría nuevos clásicos como "Mi vecino Totoro" (1988) o "El viaje de Chichiro (2001).
Mención a parte merece la formidable banda sonora creada por Geinoh Yamashirogumi, que mezcla multitud de estilos, desde la música clásica europea hasta la música tradicional japonesa, pasando por el minimalismo o el rock sinfónico, con coros y voces que transmiten multitud de sentimientos encontrados, desde angustia e inquietud hasta serenidad y paz. Una obra maestra por sí sola.
¡Elige tu propia aventura!
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06.07.2008¿Qué hacemos para que los niños lean? Lo más eficaz es que los padres también lean habitualmente. Que es muy fácil decir: “hay que ver este niño/a que no coge un libro ni por casualidad” mientras que el papi o la mami está viendo la tele tumbado en el sofá. También es cierto que la fórmula “si papis leen niños también leen” no es ni mucho menos infalible. Las videoconsolas y los móviles y los programas de la tele son muy adictivos. Además no todas las lecturas son adecuadas para el nivel intelectual o la experiencia vital de niños y niñas. Yo, por ejemplo, empecé a leer el Quijote con 12 años y lo tuve que dejar porque no me enteraba de nada. Lo importante de la lectura es coger el hábito, el interés por hacer ese esfuerzo voluntario de transformar letras y palabras en imágenes en tu cabeza, esfuerzo que poco a poco y sin que te des cuenta deja de ser un esfuerzo y se convierte en un placer inmenso y único, que enriquece la imaginación y el intelecto.
A todos los padres les gustaría que sus hijos empezaran leyendo a Dostoyevski o a Gabriel García Márquez. O algún incunable como el ya mencionado Quijote o a los clásicos juveniles de todos los tiempos como La isla del Tesoro, Tom Sawyer o Moonfleet. Pero lo peor que se puede hacer es obligar a los niños a leer algo que no les atrae. Por supuesto se les puede (y se les debe) sugerir estas obras, pero tampoco metérselo con calzador. Leches, que tienen toda la vida por delante para descubrir a los clásicos. Si el niño o la niña te sale superdotado/a o inteligente o con un gusto innato por la lectura, pues qué suerte tienes. Pero si te sale “del montón”, “normalito”, “ serie estandar” (como lo fui yo) y como todavía no se pueden descambiar, pues habrá que buscar fórmulas alternativas. Hay que despertar el gusanillo con cosas atractivas a la vista. Como, por ejemplo, los cómics, que tienen muy mala fama pero son geniales para iniciar el gusto por la lectura (y el que diga que con los cómics no se lee es que no ha leído un tebeo de Alan Moore). Otro invento guay eran los libro-juegos ¿os acordáis de ellos? Algo así como juegos de rol para una sola persona y ambientados en mundos fantásticos. Dividido en párrafos numerados que acababan con una pregunta: “Si quieres ir por el pasillo de la izquierda ve a la página 15. Si quieres hablar con el bicho mutante ve a la página 40. Si quieres salir corriendo porque el bicho te da mucho susto ve a la página 36”.
Que sí, que el nivel literario de estos libros era bastante dudoso. ¿Y qué? Eran muy divertidos y te enganchaba con facilidad, que era de lo que se trataba: aficionar a la lectura a chavales que no les gustaba leer. Empezarían con estos libros de mero entretenimiento y posteriormente, con la maduración de gustos y conocimientos, una vez adquirido el hábito de la lectura, pasarían a obras de más calidad.
La época dorada de los libro-juegos se centró en la segunda mitad de los años 80 y principios de los años 90. Algunos eran muy complejos, había que utilizar dados y fichas de personaje, muy parecidos a los juegos de rol. Otros eran más sencillos, simplemente debías elegir varias opciones según tu buen o mal criterio. Recuerdo con cariño muchos de ellos: Los libro-juegos de Steve Jackson y Ian Livingstone, con títulos como “La Mansión Infernal” o “El hechicero de la montaña de fuego”. También estaba la saga de “Lobo Solitario” de Joe Dever y Gary Chalk o la divertidísima “La búsqueda del grial” de J. H. Brennan. Para los amantes del terror Lovecraftiano, estaba “Terrores fuera del tiempo” de Ian y Clive Bailey. Y para los fans de Marvel comics estaban los libros protagonizados por Lobezno, Spiderman, La Cosa o el Dr. Extraño.
Mi primer libro-juego fue un regalo y yo tenía más o menos 8 añitos. Después de una desagradable revisión médica en el hospital Materno infantil de Málaga, mis padres me regalaron el libro para pasar el mal trago. El libro era de ciencia-ficción y el protagonista era un chaval que estudiaba para ser un cadete espacial. Tenías que investigar unas misteriosas desapariciones en un planeta que era un enorme parque de atracciones. Contabas con una pistola de rayos láser que aturdía a los malos y un robot parecido a R2-D2 que te aconsejaba. Podías acabar el libro de muchas maneras: si lo hacías bien te convertías en un “as espacial” y si lo hacías mal ¡tenías que volver a la academia! Tu misión también podía acabar trágicamente con un escueto ¡ZAP! (o sea, que te habían matado). Yo, que nunca había visto un libro-juego, lo devoré de regreso a casa. Y todavía lo tengo ahí en la estantería, porque es un bonito recuerdo de la infancia.
A todos los padres les gustaría que sus hijos empezaran leyendo a Dostoyevski o a Gabriel García Márquez. O algún incunable como el ya mencionado Quijote o a los clásicos juveniles de todos los tiempos como La isla del Tesoro, Tom Sawyer o Moonfleet. Pero lo peor que se puede hacer es obligar a los niños a leer algo que no les atrae. Por supuesto se les puede (y se les debe) sugerir estas obras, pero tampoco metérselo con calzador. Leches, que tienen toda la vida por delante para descubrir a los clásicos. Si el niño o la niña te sale superdotado/a o inteligente o con un gusto innato por la lectura, pues qué suerte tienes. Pero si te sale “del montón”, “normalito”, “ serie estandar” (como lo fui yo) y como todavía no se pueden descambiar, pues habrá que buscar fórmulas alternativas. Hay que despertar el gusanillo con cosas atractivas a la vista. Como, por ejemplo, los cómics, que tienen muy mala fama pero son geniales para iniciar el gusto por la lectura (y el que diga que con los cómics no se lee es que no ha leído un tebeo de Alan Moore). Otro invento guay eran los libro-juegos ¿os acordáis de ellos? Algo así como juegos de rol para una sola persona y ambientados en mundos fantásticos. Dividido en párrafos numerados que acababan con una pregunta: “Si quieres ir por el pasillo de la izquierda ve a la página 15. Si quieres hablar con el bicho mutante ve a la página 40. Si quieres salir corriendo porque el bicho te da mucho susto ve a la página 36”.
Que sí, que el nivel literario de estos libros era bastante dudoso. ¿Y qué? Eran muy divertidos y te enganchaba con facilidad, que era de lo que se trataba: aficionar a la lectura a chavales que no les gustaba leer. Empezarían con estos libros de mero entretenimiento y posteriormente, con la maduración de gustos y conocimientos, una vez adquirido el hábito de la lectura, pasarían a obras de más calidad.
La época dorada de los libro-juegos se centró en la segunda mitad de los años 80 y principios de los años 90. Algunos eran muy complejos, había que utilizar dados y fichas de personaje, muy parecidos a los juegos de rol. Otros eran más sencillos, simplemente debías elegir varias opciones según tu buen o mal criterio. Recuerdo con cariño muchos de ellos: Los libro-juegos de Steve Jackson y Ian Livingstone, con títulos como “La Mansión Infernal” o “El hechicero de la montaña de fuego”. También estaba la saga de “Lobo Solitario” de Joe Dever y Gary Chalk o la divertidísima “La búsqueda del grial” de J. H. Brennan. Para los amantes del terror Lovecraftiano, estaba “Terrores fuera del tiempo” de Ian y Clive Bailey. Y para los fans de Marvel comics estaban los libros protagonizados por Lobezno, Spiderman, La Cosa o el Dr. Extraño.
Mi primer libro-juego fue un regalo y yo tenía más o menos 8 añitos. Después de una desagradable revisión médica en el hospital Materno infantil de Málaga, mis padres me regalaron el libro para pasar el mal trago. El libro era de ciencia-ficción y el protagonista era un chaval que estudiaba para ser un cadete espacial. Tenías que investigar unas misteriosas desapariciones en un planeta que era un enorme parque de atracciones. Contabas con una pistola de rayos láser que aturdía a los malos y un robot parecido a R2-D2 que te aconsejaba. Podías acabar el libro de muchas maneras: si lo hacías bien te convertías en un “as espacial” y si lo hacías mal ¡tenías que volver a la academia! Tu misión también podía acabar trágicamente con un escueto ¡ZAP! (o sea, que te habían matado). Yo, que nunca había visto un libro-juego, lo devoré de regreso a casa. Y todavía lo tengo ahí en la estantería, porque es un bonito recuerdo de la infancia.
05.07.2008Bueno, no hace falta. Es la última ocurrencia del dúo dinámico Tarantino-Rodríguez para llamar la atención y ganar dinero: en lugar de hacer películas buenas y luego pensar una manera de promocionarlas, estos dos empiezan la casa por el tejado y se les ocurre primero la forma de vender la película y luego te la hacen. Si realmente querían homenajear a las cutre-películas exploitation de los años 70 y 80, tendrían que haber respetado la premisa fundamental de aquellas películas: un presupuesto ridículo que obliga al director a utilizar efectos especiales casi artesanales, no hacer muchas tomas y, sobretodo, agudizar el ingenio al máximo. Y Tarantino y Rodríguez lo han hecho al revés: dinero a espuertas y poca originalidad y creatividad. Lo cual tampoco tiene por qué ser malo, sobretodo en Planet Terror, que de originalidad y creatividad CERO pero te ríes bastante con y de la película.
Planet Terror es una gamberrada cafre, políticamente incorrecta y con sal gorda a reventar. Una tomadura de pelo y una travesura mayúscula de Robert Rodríguez, pero tan grotesca y tan pasada de rosca, que te hace gracia. No es una buena película de zombies (aunque hay zombies) ni de humor (aunque hay momentos cumbre de humor negro:”hijo mío, dispara sólo a los zombies pero ten cuidado y no te dispares a la cabeza...”); no es una peli de acción (pero hay tiros y agentes secretos) ni gore (pero hay sangre por un tubo y casquería varia). Intenta ser muchas cosas y no consigue ser nada en concreto, ni siquiera un homenaje a las películas grindhouse. Más bien es una vuelta de tuerca al universo particular de Tarantino-Rodríguez, con Tom Savini dando vueltas por ahí, Michael Parks haciendo por enésima vez de sheriff de pueblo tejano, Bruce Willis haciendo de duro y una muchacha haciendo un baile erótico. Nada nuevo, nada original, más de lo mismo, lo cual no es un problema si te gusta que te cuenten la misma historia una y otra vez. Con sus toques brillantes, no lo niego, pero nada comparado con la expectación generada. La peli es como un chiste malo que hace gracia pero que tampoco es para tanto.
Recordemos que la intención original de los directores era hacer dos pelís de 60 minutos con 4 trailers por el medio y venderlo todo junto, pero como el invento no funcionó, para el resto del mundo se vendieron las películas de forma separada. Pues bien, Robert Rodríguez reconoce que sólo 60 minutos del metraje están bien. Entonces, el resto de metraje ¿es sólo relleno que no vale un duro? Pues desde luego que sí...y lo más gracioso es que el propio Rodríguez lo reconoce en el extra que trae el DVD: una conferencia en el Comic Con de San Diego, durante el rodaje de la película (o sea, antes de que “el homenaje” resultara un fracaso y tuvieran que tomar medidas desesperadas para recuperar el dinero). Ahora me figuro que donde dijo digo digo Diego y que esos 60 minutos originales han sido enriquecidos con nuevas tomas que otorgan a los personajes y a la trama de una profundidad y bla bla bla. Qué manera más evidente de tomar el pelo (aunque claro, el proyecto “Grindhouse” en sí es una enorme tomadura de pelo camuflado de proyecto innovador, demencial y delirante). Por eso he esperado hasta hoy, un año y pico después del estreno (por cierto, no fui al cine a verla), para comprarme el dvd, con el precio rebajado de saldo. Pero que conste que lo he hecho para respetar el espíritu del grindhouse original: pagar el mínimo precio posible para ver una cutrez de película.
Bueno, ahora me falta por ver “Death Proof”.
Planet Terror es una gamberrada cafre, políticamente incorrecta y con sal gorda a reventar. Una tomadura de pelo y una travesura mayúscula de Robert Rodríguez, pero tan grotesca y tan pasada de rosca, que te hace gracia. No es una buena película de zombies (aunque hay zombies) ni de humor (aunque hay momentos cumbre de humor negro:”hijo mío, dispara sólo a los zombies pero ten cuidado y no te dispares a la cabeza...”); no es una peli de acción (pero hay tiros y agentes secretos) ni gore (pero hay sangre por un tubo y casquería varia). Intenta ser muchas cosas y no consigue ser nada en concreto, ni siquiera un homenaje a las películas grindhouse. Más bien es una vuelta de tuerca al universo particular de Tarantino-Rodríguez, con Tom Savini dando vueltas por ahí, Michael Parks haciendo por enésima vez de sheriff de pueblo tejano, Bruce Willis haciendo de duro y una muchacha haciendo un baile erótico. Nada nuevo, nada original, más de lo mismo, lo cual no es un problema si te gusta que te cuenten la misma historia una y otra vez. Con sus toques brillantes, no lo niego, pero nada comparado con la expectación generada. La peli es como un chiste malo que hace gracia pero que tampoco es para tanto.
Recordemos que la intención original de los directores era hacer dos pelís de 60 minutos con 4 trailers por el medio y venderlo todo junto, pero como el invento no funcionó, para el resto del mundo se vendieron las películas de forma separada. Pues bien, Robert Rodríguez reconoce que sólo 60 minutos del metraje están bien. Entonces, el resto de metraje ¿es sólo relleno que no vale un duro? Pues desde luego que sí...y lo más gracioso es que el propio Rodríguez lo reconoce en el extra que trae el DVD: una conferencia en el Comic Con de San Diego, durante el rodaje de la película (o sea, antes de que “el homenaje” resultara un fracaso y tuvieran que tomar medidas desesperadas para recuperar el dinero). Ahora me figuro que donde dijo digo digo Diego y que esos 60 minutos originales han sido enriquecidos con nuevas tomas que otorgan a los personajes y a la trama de una profundidad y bla bla bla. Qué manera más evidente de tomar el pelo (aunque claro, el proyecto “Grindhouse” en sí es una enorme tomadura de pelo camuflado de proyecto innovador, demencial y delirante). Por eso he esperado hasta hoy, un año y pico después del estreno (por cierto, no fui al cine a verla), para comprarme el dvd, con el precio rebajado de saldo. Pero que conste que lo he hecho para respetar el espíritu del grindhouse original: pagar el mínimo precio posible para ver una cutrez de película.
Bueno, ahora me falta por ver “Death Proof”.
03.07.2008Que Stephen King tiene más fans que una estrella de rock es indudable. Y fan viene de fanático, lo cual dice mucho del sentido crítico y la objetividad que puedan tener a la hora de analizar la obra de su “autor adorado”. Por ello, cuando un fan escribe sobre su ídolo, ya sabemos lo que nos vamos a encontrar: cantidades industriales de información minuciosamente reflejada pero sin un mínimo trabajo crítico. Y esto es lo que ocurre con este “ensayo-guía de lectura-homenaje” titulado “Stephen King: creador de lo oscuro”, del escritor argentino Marcelo Burstein. Mucha adoración, mucho peloteo encubierto y ningún distanciamiento con la obra y (mucho menos) con el autor. Lo cual no es un defecto en sí mismo, ya que como tributo a la figura de King está realmente bien conseguido, con una estética atractiva y con multitud de datos sobre la vida de Stephen King.
El libro es como una mini-enciclopedia de la vida, obra y milagros de Stephen King. Es un compendio de todas sus creaciones artísticas, ya sea en literatura, en cine, en música (sí, el tío toca la guitarra en un grupo), en cómic (¡guionizó una historia de la Patrulla-X!) y en televisión. La ordenación de los capítulos en los que se divide el ensayo es un tanto anárquica y aunque, a grandes rasgos, sigue cronológicamente la vida de King desde la publicación de su primera novela con éxito (Carrie), la verdad es que el autor te mete en medio capítulos que rompen ese orden (algo que te descoloca completamente si usas el libro para consultar datos concretos).
El libro también cuenta con una serie de apéndices “curiosos” que complementan el grueso de la información. En uno de estos apéndices, el autor narra el viaje que hizo a Bangor, Maine, para visitar la casa de Stephen King. No penséis que Marcelo Burstein tenía concertada una entrevista con King, que va. El muchacho cogió la mochila y fue “de turista” a ver si había suerte y podía ver a su ídolo. Se presentó en la mansión de King y allí se quedó esperando en la puerta horas y horas porque, o bien King no estaba en casa o bien no le apetecía salir para hablar con un desconocido. Y al final Marcelo tuvo que regresar a casa sin su recompensa. Aunque eso no es impedimento para que te cuente la excursión entera en el librito.
En otro apéndice, el autor hace mención de TODAS las ediciones especiales y de coleccionista de las obras de Stephen King. Una detrás de otra, tan aburrido como suena. Y no se queda ahí sino que también te dice las copias que se hicieron y el valor estimado de esas obras en la reventa. Leyendo este capítulo podemos comprobar lo nauseabundo que es el negocio de la edición de best-sellers y de cómo Stephen King participa en este negocio voluntariamente, en esta especulación literaria y en este mercadeo de libros-adorno, con tapa dura-especial-alucinant e-firmadaydedicada-fas hion-quecuestaunojodel acara. Repugnantes ediciones limitadas para que chavales fanáticos de King se gasten sus ahorrillos en libros que, culturalmente no aportan nada, ni siquiera entretenimiento, ya que son ediciones de obras ya publicadas y su única intención es ser un bello adorno en una estantería. Aunque claro, Marcelo Burstein no llega a esta conclusión. Es que ni siquiera se plantea si la saturación de series limitadas es buena o mala. Él se limita a transcribir una lista y punto pelota.
En fin, que la intención del autor era escribir la mega-super-edición definitiva de la obra de Stephen King en lengua castellana y la verdad es que se ha quedado en un ensayo plan fanzine, pero editado con mejor calidad. Un libro que a los fanáticos “100% King” no les aportará nada nuevo y a los que buscamos un análisis crítico pues tampoco. Un montón de datos asépticos narrados con un mal disimulado entusiasmo de fan. En su día el libro costaba 18 euracos pero actualmente se puede encontrar por 5 ó 6 euros en cualquier librería de libros descatalogados o en grandes superficies. Una excusa perfecta para echarle un ojo y tener una pequeña “enciclopedia” sobre Stephen King. Un libro muy completo en lo que a datos se refiere pero sin “chicha ni limoná”.
El libro es como una mini-enciclopedia de la vida, obra y milagros de Stephen King. Es un compendio de todas sus creaciones artísticas, ya sea en literatura, en cine, en música (sí, el tío toca la guitarra en un grupo), en cómic (¡guionizó una historia de la Patrulla-X!) y en televisión. La ordenación de los capítulos en los que se divide el ensayo es un tanto anárquica y aunque, a grandes rasgos, sigue cronológicamente la vida de King desde la publicación de su primera novela con éxito (Carrie), la verdad es que el autor te mete en medio capítulos que rompen ese orden (algo que te descoloca completamente si usas el libro para consultar datos concretos).
El libro también cuenta con una serie de apéndices “curiosos” que complementan el grueso de la información. En uno de estos apéndices, el autor narra el viaje que hizo a Bangor, Maine, para visitar la casa de Stephen King. No penséis que Marcelo Burstein tenía concertada una entrevista con King, que va. El muchacho cogió la mochila y fue “de turista” a ver si había suerte y podía ver a su ídolo. Se presentó en la mansión de King y allí se quedó esperando en la puerta horas y horas porque, o bien King no estaba en casa o bien no le apetecía salir para hablar con un desconocido. Y al final Marcelo tuvo que regresar a casa sin su recompensa. Aunque eso no es impedimento para que te cuente la excursión entera en el librito.
En otro apéndice, el autor hace mención de TODAS las ediciones especiales y de coleccionista de las obras de Stephen King. Una detrás de otra, tan aburrido como suena. Y no se queda ahí sino que también te dice las copias que se hicieron y el valor estimado de esas obras en la reventa. Leyendo este capítulo podemos comprobar lo nauseabundo que es el negocio de la edición de best-sellers y de cómo Stephen King participa en este negocio voluntariamente, en esta especulación literaria y en este mercadeo de libros-adorno, con tapa dura-especial-alucinant e-firmadaydedicada-fas hion-quecuestaunojodel acara. Repugnantes ediciones limitadas para que chavales fanáticos de King se gasten sus ahorrillos en libros que, culturalmente no aportan nada, ni siquiera entretenimiento, ya que son ediciones de obras ya publicadas y su única intención es ser un bello adorno en una estantería. Aunque claro, Marcelo Burstein no llega a esta conclusión. Es que ni siquiera se plantea si la saturación de series limitadas es buena o mala. Él se limita a transcribir una lista y punto pelota.
En fin, que la intención del autor era escribir la mega-super-edición definitiva de la obra de Stephen King en lengua castellana y la verdad es que se ha quedado en un ensayo plan fanzine, pero editado con mejor calidad. Un libro que a los fanáticos “100% King” no les aportará nada nuevo y a los que buscamos un análisis crítico pues tampoco. Un montón de datos asépticos narrados con un mal disimulado entusiasmo de fan. En su día el libro costaba 18 euracos pero actualmente se puede encontrar por 5 ó 6 euros en cualquier librería de libros descatalogados o en grandes superficies. Una excusa perfecta para echarle un ojo y tener una pequeña “enciclopedia” sobre Stephen King. Un libro muy completo en lo que a datos se refiere pero sin “chicha ni limoná”.
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