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JimRaynor
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Críticas de JimRaynor
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Rating: 4
11.09.2008Antes que nada, es preciso sacudirse de la cabeza ese tonto “eslogan”, tomado de la revista “The Face”, que se plasmó en algunos afiches de la película, de acuerdo con el cual “Hardware” es “El Terminator de los 90”. En primer lugar, “el Terminator de los 90” no es otro que “Terminator 2: Judgement day”. Pero claro, este film recién vio la luz un año más tarde. Y segundo (y más importante), entre “Hardware” y “The Terminator” (la de 1984) apenas si hay puntos de contacto. Y todos ellos se limitan a una mera cuestión estética, más precisamente, a una vaga similitud entre el aspecto del robot de la clásica película de James Cameron y el modelo ofrecido por Richard Stanley en “Hardware”. Comparar ambos films, en consecuencia, resulta inadmisible. Si de todas formas quisiéramos hacerlo, hay que reconocer la superioridad de “The Terminator” en todos los niveles (técnico, actoral, guión, etc.).
Muchos espectadores y críticos ubican a “Hardware” a la cabeza de numerosos rankings referidos a las peores películas realizadas. Particularmente, considero que esto es exagerado: definitivamente se han hecho cosas mucho peores que ésta, así que pasemos al reconocimiento de sus méritos. El plato fuerte es, sin lugar a dudas, la estética. No es casual que su director sea Richard Stanley, un veterano realizador sudafricano de videoclips. Las imágenes iniciales, con ese inmenso desierto post-apocalíptico de tonos anaranjados, son un verdadero manjar para la vista. Carl McCoy, el cantante y líder de la banda de rock gótico inglesa “Fields of the Nephilim”, realiza un gran cameo como un caminante anónimo que junta chatarra para luego venderla. Las pocas escenas en las que aparece están muy bien logradas, y la utilización de la luz, sumada a la vestimenta del personaje de McCoy, le otorga al mismo un aspecto amenazante y misterioso.
El de McCoy no es el único cameo del mundillo del rock: también encontramos a Lemmy (bajista y cantante de la banda de heavy metal “Motörhead”) y al entrañable Iggy Pop, a quien no podemos ver pero sí escuchar, pues encarna a un sarcástico locutor de radio, que pronuncia algunas de las frases más memorables del film.
Las escenas filmadas en exteriores recuerdan a “Escape from New York”, de John Carpenter, con toda esa basura tirada, el desorden, los edificios ruinosos y la gente amontonada en las calles. Al igual que en el mencionado film, el futuro que se muestra en “Hardware” es muy poco alentador, con la radiación cometiendo estragos en la genética de los seres humanos, un gobierno omnipresente que pretende controlar la natalidad a toda costa (incluso mediante la producción de robots asesinos), la temperatura del ambiente que no cesa de elevarse, y la bendición de la lluvia que es sólo un sueño, un vago recuerdo en la mente de los sobrevivientes de otra época. Richard Stanley utiliza esta historia “cyberpunk” para deslizar su visión sobre el futuro de la humanidad, impregnada de un evidente pesimismo antropológico. Y los elementos que componen esa visión son presentados, esencialmente, bajo la forma de pensamientos que expresan los personajes o de imágenes que se observan en la pantalla del televisor de Jill (la protagonista femenina de la historia).
Lo que hace que “Hardware” no alcance el nivel de otras películas similares, como “Mad Max” o “Blade runner” es la construcción poco sólida de su guión. La idea es buena, pero es un diamante en bruto que debe ser pulido, y Richard Stanley no lo hizo; definitivamente no la explotó al límite de sus posibilidades. El resultado es un argumento flojo, que tiene agujeros por todas partes y cuyo objetivo no parece estar del todo claro. Por otra parte, la acción tarda en desarrollarse y cuando aparece es escasa, lo cual no sería molesto si fuese de buena calidad. Pero no es el caso: las apariciones del robot asesino no generan tensión en los personajes, que se muestran poco menos que relajados frente al mismo. En consecuencia, difícilmente podrán generar tensión en el espectador.
Los personajes merecen un párrafo aparte. Son esencialmente chatos, vacíos, e incluso estereotipados: está la chica bonita que vive encerrada en un departamento-búnker. Es una artista, pero de un momento a otro se le despierta el espíritu de feroz luchadora. Están también el héroe de guerra, duro y egocéntrico; lo acompaña un tipo de anteojos oscuros (que no se saca en todo el film) que hace de la mística su forma de vida; y así… todo está en el aire, las caracterizaciones son insuficientes, y la identificación con cualquiera de los personajes se torna una tarea imposible. De allí que a nadie le importa si muere éste o aquél, y eso le quita toda emoción al asunto.
Stanley mezcla robótica con crítica política, desastre nuclear, tecnología y… religión. La combinación no cierra, y si bien hay algunas cuestiones interesantes (como la lectura de un pasaje bíblico que sí tiene sentido en el contexto del film), hay numerosos detalles que no terminan de ser explicados. Como por ejemplo, el nombre del protagonista (Moisés). Stanley debería saber que un nombre como éste tiene un significado universal inalterable, y el personaje de su film, definitivamente, no está a la altura del mismo.
En síntesis, es una película que tiene sus aciertos, pero también muchos puntos oscuros. Si logramos juzgar benévolamente a los segundos, advertiremos que “Hardware” es, cuanto menos, interesante: por su estética, por la inteligente utilización de la música, por su mensaje. Y el hecho de que aún no se haya editado en DVD y sobreviva en algunos VHS codiciados por fanáticos y coleccionistas, le otorga un status de culto del que gozan pocas producciones cinematográficas.
LO QUE MÁS ME GUSTÓ: para no ser redundante, destaco una escena en particular: Moses se da una ducha para quitarse la suciedad de su cuerpo. Se pasa sus manos (una de ellas robótica) por la cabeza. Por detrás suyo, y acariciándolo, aparecen unas manos de mujer: las de Jill, su amante. La estética de esta escena me parece muy bien lograda. Mientras tanto, y completando el cuadro, suena la canción “The order of death”, de la banda “Public Image Ltd.”, que a mi entender es la que mejor sintetiza el espíritu de toda la película.
FRASES FAVORITAS:
- “Es estúpido, sádico y suicida tener niños ahora”
- “Las máquinas no entienden el sacrificio; los imbéciles tampoco”
Muchos espectadores y críticos ubican a “Hardware” a la cabeza de numerosos rankings referidos a las peores películas realizadas. Particularmente, considero que esto es exagerado: definitivamente se han hecho cosas mucho peores que ésta, así que pasemos al reconocimiento de sus méritos. El plato fuerte es, sin lugar a dudas, la estética. No es casual que su director sea Richard Stanley, un veterano realizador sudafricano de videoclips. Las imágenes iniciales, con ese inmenso desierto post-apocalíptico de tonos anaranjados, son un verdadero manjar para la vista. Carl McCoy, el cantante y líder de la banda de rock gótico inglesa “Fields of the Nephilim”, realiza un gran cameo como un caminante anónimo que junta chatarra para luego venderla. Las pocas escenas en las que aparece están muy bien logradas, y la utilización de la luz, sumada a la vestimenta del personaje de McCoy, le otorga al mismo un aspecto amenazante y misterioso.
El de McCoy no es el único cameo del mundillo del rock: también encontramos a Lemmy (bajista y cantante de la banda de heavy metal “Motörhead”) y al entrañable Iggy Pop, a quien no podemos ver pero sí escuchar, pues encarna a un sarcástico locutor de radio, que pronuncia algunas de las frases más memorables del film.
Las escenas filmadas en exteriores recuerdan a “Escape from New York”, de John Carpenter, con toda esa basura tirada, el desorden, los edificios ruinosos y la gente amontonada en las calles. Al igual que en el mencionado film, el futuro que se muestra en “Hardware” es muy poco alentador, con la radiación cometiendo estragos en la genética de los seres humanos, un gobierno omnipresente que pretende controlar la natalidad a toda costa (incluso mediante la producción de robots asesinos), la temperatura del ambiente que no cesa de elevarse, y la bendición de la lluvia que es sólo un sueño, un vago recuerdo en la mente de los sobrevivientes de otra época. Richard Stanley utiliza esta historia “cyberpunk” para deslizar su visión sobre el futuro de la humanidad, impregnada de un evidente pesimismo antropológico. Y los elementos que componen esa visión son presentados, esencialmente, bajo la forma de pensamientos que expresan los personajes o de imágenes que se observan en la pantalla del televisor de Jill (la protagonista femenina de la historia).
Lo que hace que “Hardware” no alcance el nivel de otras películas similares, como “Mad Max” o “Blade runner” es la construcción poco sólida de su guión. La idea es buena, pero es un diamante en bruto que debe ser pulido, y Richard Stanley no lo hizo; definitivamente no la explotó al límite de sus posibilidades. El resultado es un argumento flojo, que tiene agujeros por todas partes y cuyo objetivo no parece estar del todo claro. Por otra parte, la acción tarda en desarrollarse y cuando aparece es escasa, lo cual no sería molesto si fuese de buena calidad. Pero no es el caso: las apariciones del robot asesino no generan tensión en los personajes, que se muestran poco menos que relajados frente al mismo. En consecuencia, difícilmente podrán generar tensión en el espectador.
Los personajes merecen un párrafo aparte. Son esencialmente chatos, vacíos, e incluso estereotipados: está la chica bonita que vive encerrada en un departamento-búnker. Es una artista, pero de un momento a otro se le despierta el espíritu de feroz luchadora. Están también el héroe de guerra, duro y egocéntrico; lo acompaña un tipo de anteojos oscuros (que no se saca en todo el film) que hace de la mística su forma de vida; y así… todo está en el aire, las caracterizaciones son insuficientes, y la identificación con cualquiera de los personajes se torna una tarea imposible. De allí que a nadie le importa si muere éste o aquél, y eso le quita toda emoción al asunto.
Stanley mezcla robótica con crítica política, desastre nuclear, tecnología y… religión. La combinación no cierra, y si bien hay algunas cuestiones interesantes (como la lectura de un pasaje bíblico que sí tiene sentido en el contexto del film), hay numerosos detalles que no terminan de ser explicados. Como por ejemplo, el nombre del protagonista (Moisés). Stanley debería saber que un nombre como éste tiene un significado universal inalterable, y el personaje de su film, definitivamente, no está a la altura del mismo.
En síntesis, es una película que tiene sus aciertos, pero también muchos puntos oscuros. Si logramos juzgar benévolamente a los segundos, advertiremos que “Hardware” es, cuanto menos, interesante: por su estética, por la inteligente utilización de la música, por su mensaje. Y el hecho de que aún no se haya editado en DVD y sobreviva en algunos VHS codiciados por fanáticos y coleccionistas, le otorga un status de culto del que gozan pocas producciones cinematográficas.
LO QUE MÁS ME GUSTÓ: para no ser redundante, destaco una escena en particular: Moses se da una ducha para quitarse la suciedad de su cuerpo. Se pasa sus manos (una de ellas robótica) por la cabeza. Por detrás suyo, y acariciándolo, aparecen unas manos de mujer: las de Jill, su amante. La estética de esta escena me parece muy bien lograda. Mientras tanto, y completando el cuadro, suena la canción “The order of death”, de la banda “Public Image Ltd.”, que a mi entender es la que mejor sintetiza el espíritu de toda la película.
FRASES FAVORITAS:
- “Es estúpido, sádico y suicida tener niños ahora”
- “Las máquinas no entienden el sacrificio; los imbéciles tampoco”
Cuando el morbo inunda la pantalla
Rating: 1Guinea Pig 2: Flowers of Flesh and Blood (1985)
- Título original: Za Ginipiggu 2: Chiniku No Hana
-
Director:
Hideshi Hino
La historia (apenas que la hay) comienza en las afueras de la ciudad de Tokyo, donde una joven que camina de noche por una calle solitaria es seguida por un automóvil. Cuando lo advierte, la muchacha apura el paso, pero ya es demasiado tarde: el conductor le cierra el camino, se baja, la persigue, la alcanza y la duerme (seguramente con cloroformo). Lo que sigue de aquí en más es una atroz secuencia de escenas de extrema violencia y crudeza, donde el tiempo psicológico dista muchísimo de coincidir con el físico (la cinta dura apenas 41 minutos, pero algunas escenas parecen interminables).
La joven despierta lentamente y advierte que está en un lugar ruinoso, lúgubremente iluminado por una bombita que cuelga del techo. Las paredes están manchadas de sangre, y ella se encuentra amordazada y atada de pies y manos a una camilla. Su captor no tarda en aparecer en escena: un tipo detestable, de cara pálida debido a una especie de maquillaje blanco (como el de los mimos), de sonrisa de dientes plateados, de bigote negro y casco de samurai. Se escucha el sonido de una herramienta cortante que es afilada contra una piedra. La mujer desespera, y ya vamos imaginando que algo muy malo va a suceder.
El hombre degolla una gallina delante de la joven, advirtiéndole que ese es su destino. La sangre fluye del cuello del animal muerto. Acto seguido, el samurai (llamémoslo así) inyecta a la muchacha una droga anestésica para que no sienta el dolor, pero que no la duerme por completo. Prueba la efectividad de la droga clavando un punzón en la piel de la joven, quien no grita, sino que parece disfrutar de la tortura.
El samurai explica a la cámara que a continuación nos mostrará su idea de belleza: un cuerpo femenino que se teñirá por completo del rojo de la sangre y la carne viva, como si se tratara de una planta que florece y de la que brotan numerosos pimpollos. El tipo anuncia lo que va a hacer, y para cada una de sus atrocidades utiliza un color de luz diferente.
Lo que sigue es la carnicería más horripilante que jamás se haya llevado al celuloide, un ensañamiento sin precedentes contra el cuerpo indefenso de una mujer. Al lado de "Flowers of flesh and blood", películas como "Hostel" son tan digeribles como la más inocente producción de Disney. El samurai, en sucesivas escenas, le separa a la joven las muñecas de sus brazos, le corta los mismos a la altura de los hombros, le serrucha las piernas por encima de las rodillas, le abre el torso con un bisturí y le saca las entrañas, para finalmente decapitarla y extraerle un ojo con una cuchara. Todo es mostrado con lujo de detalles, sin elipsis, de manera explícita. Aquí la imaginación se toma vacaciones, y el espectador es testigo sin reservas de un acto de sadismo tan extremo como repugnante. La sobreabundancia de primeros planos (e incluso planos detalles) hace que la única vía de escape sea desviar los ojos de la pantalla. Ver al tipo cortando carne y huesos trabajosamente (con los nauseabundos ruidos propios del caso), mientras la sangre brota a borbotones, es un espectáculo prohibido para estómagos sensibles. Los efectos están tan bien logrados que nada que hayas visto antes te prepara para esto: ni los films de Fulci, ni los trucos de Tom Savini. Quizás la idea haya sido precisamente esa: que incluso los amantes del gore se sientan asqueados o, cuanto menos, incómodos. Porque Peter Jackson podrá haber hecho la película más sangrienta de la historia ("Braindead"), pero en ella al menos había humor (negro, pero humor al fin) y momentos de distensión. En "Flowers of flesh and blood" no hay tregua, y los nervios están permanentemente a flor de piel.
La película termina con el asesino fumando sobre la camilla ya vacía, manchada con la sangre de su víctima. Luego el espectador tiene el dudoso privilegio de ver la macabra colección de partes humanas que el samurai mantiene, en una suerte de recorrido turístico que el tipo nos ofrece a la par que canta una infernal canción de cuna.
Considerando que no hay una historia en el sentido tradicional del término, que los diálogos son prácticamente inexistentes y que no se transmite ningún mensaje (películas sumamente perturbadoras como "Saló" o "Cannibal Holocaust" lo tenían), uno se pregunta cuál fue el objetivo de hacer un film como "Flowers of flesh and blood". Si los realizadores se propusieron shockear al público a través de una violencia nunca antes mostrada, lo lograron a la perfección. Y los efectos visuales son la verdadera estrella de la película. Sin embargo, cuando la termina de ver, uno queda con la sensación de que eso no es suficiente... y de hecho jamás podría serlo.
Si usted no la vió y desea hacerlo, ahora sabe con qué se enfrenta. Personas sensibles, abstenerse. En 40 minutos se pueden hacer muchas cosas productivas. Mejor no perder el tiempo con esto.
Autopista al infierno
Rating: 9
01.08.2007Si todos los policías fuesen como el personaje de Harvey Keitel en "Bad lieutenant", la distinción entre malhechores y agentes de la ley dejaría de tener sentido. Hundido hasta el cuello en una ciénaga de vicios, y decidido a recorrer incansablemente la autopista del pecado, este tipo duro no parece creer que el ser padre de familia y católico (así se autoproclama) constituya un impedimento para llevar una vida como la suya. Permanentemente aturdido, anestesiado por el alcohol y drogas varias, entregado a los placeres de la carne, cometiendo actos de corrupción, abusando de la autoridad que le confiere su rango, vendiendo su alma en cada apuesta: así vive este Teniente. Su comportamiento autodestructivo y completamente inmoral hace que más que una persona, sea una caricatura, la sombra, apenas un esbozo de lo que una persona es (como para reforzar esta idea, el director Abel Ferrara ha decidido privar de nombre a este personaje).
La película tiene una trama detrás, eso es cierto. Pero más que contarnos una historia, lo que Ferrara hace es un profundo y conmocionante estudio psico-sociológico de un personaje. Al terminar de ver el film, me puse a pensar qué otro actor hubiese podido encarnarlo. Armé en mi cabeza una pequeña lista con los nombres de aquellos actores a quienes he visto repetidas veces en papeles obscuros, intensos, que demandan una entrega total: Robert De Niro, Sean Penn, Jason Patric, Al Pacino, Willem Dafoe, Daniel Day-Lewis... todos excelentes profesionales, que han dado sobradas muestras de su versatilidad y de tener la capacidad para afrontar desafíos fílmicos. Y sin embargo, el traje de "Bad lieutenant" no le quedaría del todo bien a ninguno de ellos. Se trata de un papel que podría derribar, como a un castillo de naipes, la carrera de un actor no consagrado, o cubrir para siempre con un velo negro la de algún intérprete reputado (¿alguien imagina a Tom Hanks, por caso, haciendo de un tipo con estas características?). Ferrara necesitaba alguien con fuerte presencia escénica, que retratara con crudeza extrema, pero sin caer en el ridículo, al personaje principal. Si la actuación fallaba, la misma suerte correría el producto total. Harvey Keitel era, simplemente, el tipo adecuado, y brinda aquí una de las performances más fuertes que se han visto en la pantalla grande.
Ferrara nos presenta a un individuo detestable, corrompido hasta la médula, cuya decadencia moral parece no terminar de tocar fondo. Acaso sea policía sólo para tener más fácil acceso a ciertas cosas (como las drogas), para que la placa le otorgue credibilidad y poder ante la sociedad. La imagen del policía que está al servicio de la comunidad y protege a los ciudadanos le es tan ajena como los preceptos católicos (a pesar de que se diga a sí mismo y a los demás que pertenece al catolicismo). Sin embargo, Ferrara deja encendida una luz de esperanza: este sujeto, incapaz de comprender que la víctima de un delito pueda perdonar a sus agresores y no tener deseos de venganza, es capaz de reconocer que ha recorrido demasiado camino en la dirección equivocada. Sabe que la vida que lleva está vacía de sentido, y que la orgía de placeres terrenales a los que sucumbe cada día no lograrán calmar la sed de su espíritu. Tal vez sea capaz, también, de pedir perdón y buscar la redención, de acudir a quien pueda ayudarlo a combatir sus demonios internos. Quizás no sea demasiado tarde...
Lo mejor:
Increíble actuación de Harvey Keitel. Derrocha calidad y saca a relucir chapa de actor de raza en un papel complejo, intenso y perturbador. Es el sostén de la película, más allá de la sólida dirección de Abel Ferrara.
La película tiene una trama detrás, eso es cierto. Pero más que contarnos una historia, lo que Ferrara hace es un profundo y conmocionante estudio psico-sociológico de un personaje. Al terminar de ver el film, me puse a pensar qué otro actor hubiese podido encarnarlo. Armé en mi cabeza una pequeña lista con los nombres de aquellos actores a quienes he visto repetidas veces en papeles obscuros, intensos, que demandan una entrega total: Robert De Niro, Sean Penn, Jason Patric, Al Pacino, Willem Dafoe, Daniel Day-Lewis... todos excelentes profesionales, que han dado sobradas muestras de su versatilidad y de tener la capacidad para afrontar desafíos fílmicos. Y sin embargo, el traje de "Bad lieutenant" no le quedaría del todo bien a ninguno de ellos. Se trata de un papel que podría derribar, como a un castillo de naipes, la carrera de un actor no consagrado, o cubrir para siempre con un velo negro la de algún intérprete reputado (¿alguien imagina a Tom Hanks, por caso, haciendo de un tipo con estas características?). Ferrara necesitaba alguien con fuerte presencia escénica, que retratara con crudeza extrema, pero sin caer en el ridículo, al personaje principal. Si la actuación fallaba, la misma suerte correría el producto total. Harvey Keitel era, simplemente, el tipo adecuado, y brinda aquí una de las performances más fuertes que se han visto en la pantalla grande.
Ferrara nos presenta a un individuo detestable, corrompido hasta la médula, cuya decadencia moral parece no terminar de tocar fondo. Acaso sea policía sólo para tener más fácil acceso a ciertas cosas (como las drogas), para que la placa le otorgue credibilidad y poder ante la sociedad. La imagen del policía que está al servicio de la comunidad y protege a los ciudadanos le es tan ajena como los preceptos católicos (a pesar de que se diga a sí mismo y a los demás que pertenece al catolicismo). Sin embargo, Ferrara deja encendida una luz de esperanza: este sujeto, incapaz de comprender que la víctima de un delito pueda perdonar a sus agresores y no tener deseos de venganza, es capaz de reconocer que ha recorrido demasiado camino en la dirección equivocada. Sabe que la vida que lleva está vacía de sentido, y que la orgía de placeres terrenales a los que sucumbe cada día no lograrán calmar la sed de su espíritu. Tal vez sea capaz, también, de pedir perdón y buscar la redención, de acudir a quien pueda ayudarlo a combatir sus demonios internos. Quizás no sea demasiado tarde...
Lo mejor:
Increíble actuación de Harvey Keitel. Derrocha calidad y saca a relucir chapa de actor de raza en un papel complejo, intenso y perturbador. Es el sostén de la película, más allá de la sólida dirección de Abel Ferrara.
Desopilante y mordaz joya alleniana
Rating: 9
16.07.2007Tengo que confesar que ví "Sleeper" en videocassette. Esa "antigüedad" que es el formato VHS puede parecer, a primera vista, una pésima elección para ver una película futurista como la que me ocupa en este momento. Suena paradójico, es cierto, pero si decimos que se trata de un film de Woody Allen, las cosas comienzan a cobrar sentido.
Me senté frente a la pantalla del televisor esperando ver lo que me gusta conceptualizar como una "auténtica película de Woody Allen". Eso incluye al propio Allen en la piel de algún personaje estrafalario y neurótico que se parece demasiado a él mismo en su carcácter, personalidad y forma de pensar; situaciones disparatadas rebosantes de humor absurdo, satírico, por momentos cercano al cine mudo, que no se esmera en ocultar la mordaz crítica socio-política que subyace en toda la trama; diálogos inteligentes, agudos, plagados de guiños filosófico-psicológicos y referencias culturales; algún que otro homenaje cinematográfico en clave de parodia; Diane Keaton como la contraparte de Allen (su veta de actriz cómica no puede ser puesta en duda); el sexo como elemento omnipresente; música jazz acompañando los fragmentos más desopilantes; y por sobre todo, ingenio y creatividad en dosis sumamente saludables.
Woody Allen siempre fue un tipo sofisticado, y ha sabido explotar correctamente su enorme talento para la comedia, marcando todas sus obras con un sello personalísimo, un distintivo que hasta el menos despierto de los espectadores sabe reconocer. "Sleeper" captura al afamado neoyorquino en todo su esplendor, y su capacidad para entretener no ha disminuido un ápice desde su realización en 1973. Todavía hoy, conserva todo su encanto y constituye uno de los puntos fuertes de su carrera como actor, director y guionista.
Lo mejor:
Es grandiosa, imperdible. Quizás no sea tan "cerebral" como algunas de las posteriores obras de Allen, pero, ¡vaya si es divertida! Los amantes de la comedia la encontrarán irresistible, pero en general, todo partidario del buen cine sabrá reconocer su innegable mérito.
Frases favoritas:
- "Mi cerebro es mi segundo órgano favorito".
- "El médico dijo que me iría a casa en dos días, ¡sólo se equivocó por 199 años!".
Me senté frente a la pantalla del televisor esperando ver lo que me gusta conceptualizar como una "auténtica película de Woody Allen". Eso incluye al propio Allen en la piel de algún personaje estrafalario y neurótico que se parece demasiado a él mismo en su carcácter, personalidad y forma de pensar; situaciones disparatadas rebosantes de humor absurdo, satírico, por momentos cercano al cine mudo, que no se esmera en ocultar la mordaz crítica socio-política que subyace en toda la trama; diálogos inteligentes, agudos, plagados de guiños filosófico-psicológicos y referencias culturales; algún que otro homenaje cinematográfico en clave de parodia; Diane Keaton como la contraparte de Allen (su veta de actriz cómica no puede ser puesta en duda); el sexo como elemento omnipresente; música jazz acompañando los fragmentos más desopilantes; y por sobre todo, ingenio y creatividad en dosis sumamente saludables.
Woody Allen siempre fue un tipo sofisticado, y ha sabido explotar correctamente su enorme talento para la comedia, marcando todas sus obras con un sello personalísimo, un distintivo que hasta el menos despierto de los espectadores sabe reconocer. "Sleeper" captura al afamado neoyorquino en todo su esplendor, y su capacidad para entretener no ha disminuido un ápice desde su realización en 1973. Todavía hoy, conserva todo su encanto y constituye uno de los puntos fuertes de su carrera como actor, director y guionista.
Lo mejor:
Es grandiosa, imperdible. Quizás no sea tan "cerebral" como algunas de las posteriores obras de Allen, pero, ¡vaya si es divertida! Los amantes de la comedia la encontrarán irresistible, pero en general, todo partidario del buen cine sabrá reconocer su innegable mérito.
Frases favoritas:
- "Mi cerebro es mi segundo órgano favorito".
- "El médico dijo que me iría a casa en dos días, ¡sólo se equivocó por 199 años!".
Primeros trazos "cronenbergianos"...
Rating: 8Vinieron de dentro de... (1975)
- Título original: Shivers
-
Director:
David Cronenberg, David Cronenenberg
El terror de Cronenberg no tiene nada que ver con las casas embrujadas, las criaturas de otro mundo o los monstruos imposibles. La misma vida moderna (y esto lo asemeja a George A. Romero) le proporciona los elementos para construir inquietantes historias de horror/ciencia-ficción, planteando y replanteando el problema de la relación entre hombre y ciencia. Y es precisamente esa cercanía con el mundo cotidiano la que dota a esas historias de implacable efectividad. "Shivers", antecedente directo de "Alien" en más de un sentido, utiliza este recurso a la perfección, transmitiendo la angustia y la sensación de encierro que experimentan los personajes (que dicho sea de paso, no importan demasiado: aquí lo que reina es el devenir de los acontecimientos).
Se sabe: David Cronenberg es un director arriesgado, poco convencional, alguien convencido de que la función del artista consiste en incomodar, en ser transgresor (¡y vaya si lo consigue!). "Shivers" demuestra que el canadiense siempre fue fiel a sí mismo, y sus principios artísticos se han mantenido intactos en el transcurso del tiempo.
Lo mejor:
Cronenberg arranca pisando fuerte, con una película llena de cinismo, escenas repugnantes, toques de humor negro, sexo justificado, crítica social y un final desesperanzador. Y todo hecho con un presupuesto bajo, que los técnicos se han encargado de hacer rendir al máximo. El resultado es un film impactante, recomendable no sólo para los seguidores del director, sino también para todos los que gustan de las experiencias intensas que no se quedan sólo en lo visual, sino que además tienen contenido.
Elogio de la mediocridad.
Rating: 1
18.06.2007"Hoboken Hollow" tiene que ser una de las películas menos inspiradas de las últimas décadas. Claro que de haberlo sabido, jamás hubiese perdido mi tiempo viéndola. Tal vez fue el hecho de que Dennis Hopper actúa en ella (en un papel insignificante, por cierto), o el saber que se basa en hechos reales, al estilo de "The Texas chainsaw massacre". Lo cierto es que decidí sentarme a verla, sólo para descubrir que no había nada de interés allí.
La película comienza con una extraña mezcla de escenas explícitas, propias del cine gore, y de personas escapando de algo o alguien hasta entonces desconocido. Esto, sumado a algunas tomas realizadas en un paisaje desértico fotografiado decentemente, me indujo a pensar que estaba en presencia de un producto semejante a los films de terror de la década del año 1970, como la citada película de Tobe Hooper o "The hills have eyes", de Wes Craven. Pero pronto caí en la cuenta de que había realizado un diagnóstico apresurado, erróneo, y todo lo que vino después no hizo otra cosa que amargarme el día. La trama es completamente absurda, vacía, predecible y carente de originalidad. Las escenas de tortura, aunque violentas, no consiguen provocar angustia, quizás porque el producto en su totalidad es de pésima calidad. Y por si esto fuera poco, hay personajes que simplemente están de más, las diferentes historias se suceden de forma desordenada y son presentadas sin una pizca de atractivo, y el recurso de la voz en off, como casi todo aquí, no tiene razón de ser.
He visto muchas películas mediocres, pero pocas como ésta, de la que es realmente difícil rescatar algo positivo.
Lo mejor:
Algún que otro paisaje fotografiado con buen gusto. Aunque me temo que eso no sea suficiente...
Lo peor:
Parece el trabajo de un aficionado. Es increíble advertir cuántas decisiones incorrectas se han tomado al hacer este film, partiendo del mismísimo guión (de una pobreza inusitada) y pasando por los personajes (tan absurdamente perfilados). El nivel decae de forma progresiva y constante, hasta llegar a un final que, además de ser predecible, pretende ridículamente impartir una lección y poner una cuota de sensibilidad a la historia. Hasta Ed Wood las hacía mejores.
La película comienza con una extraña mezcla de escenas explícitas, propias del cine gore, y de personas escapando de algo o alguien hasta entonces desconocido. Esto, sumado a algunas tomas realizadas en un paisaje desértico fotografiado decentemente, me indujo a pensar que estaba en presencia de un producto semejante a los films de terror de la década del año 1970, como la citada película de Tobe Hooper o "The hills have eyes", de Wes Craven. Pero pronto caí en la cuenta de que había realizado un diagnóstico apresurado, erróneo, y todo lo que vino después no hizo otra cosa que amargarme el día. La trama es completamente absurda, vacía, predecible y carente de originalidad. Las escenas de tortura, aunque violentas, no consiguen provocar angustia, quizás porque el producto en su totalidad es de pésima calidad. Y por si esto fuera poco, hay personajes que simplemente están de más, las diferentes historias se suceden de forma desordenada y son presentadas sin una pizca de atractivo, y el recurso de la voz en off, como casi todo aquí, no tiene razón de ser.
He visto muchas películas mediocres, pero pocas como ésta, de la que es realmente difícil rescatar algo positivo.
Lo mejor:
Algún que otro paisaje fotografiado con buen gusto. Aunque me temo que eso no sea suficiente...
Lo peor:
Parece el trabajo de un aficionado. Es increíble advertir cuántas decisiones incorrectas se han tomado al hacer este film, partiendo del mismísimo guión (de una pobreza inusitada) y pasando por los personajes (tan absurdamente perfilados). El nivel decae de forma progresiva y constante, hasta llegar a un final que, además de ser predecible, pretende ridículamente impartir una lección y poner una cuota de sensibilidad a la historia. Hasta Ed Wood las hacía mejores.
Ningún tonto...
Rating: 8
20.05.2007Cuando uno menciona a Steve Martin, el común de las personas forma en su mente la imagen de un actor canoso, protagonista de películas famosas a nivel mundial. Pero no todos conocen bien la carrera pre-fílmica de Martin, cuando aparecía con regularidad en "Saturday Night Live" y solía ser el tipo más gracioso sobre la faz de la tierra. Sus dos primeros discos, grabaciones de shows cómicos realizados en vivo a fines de la década de 1970, fueron galardonados con el premio "Grammy". Pero las dotes de este texano no se agotaban en la comedia (si bien todas estaba al servicio de ella): era capaz de cantar, de bailar, de tocar el banjo con gran destreza, de componer canciones, de hacer magia, animales con globos y malabarismo. El humor agudo, inteligente y a la vez absurdo era su caballito de batalla, y nadie lo utilizaba tan bien como él. Mucho de todo esto puede encontrarse en "The jerk", su debut en la pantalla grande.
Esta comedia, una de las mejores del director Carl Reiner (con quien Martin ha colaborado en numerosas ocasiones), tiene como personaje central a un tipo tan estúpido ("jerk" puede traducirse como "imbécil") que casi excede lo verosímil. Su escaso entendimiento y su extremadamente inocente forma de ver el mundo lo llevarán a vivir experiencias de lo más variadas, y a involucrarse en situaciones trágicamente graciosas.
Reiner explota al máximo la veta cómica de Martin, permitiéndole desplegar su talento y dejar al descubierto su extenso lenguaje gestual y corporal. El legado de "The jerk" puede advertirse con facilidad en películas como "Dumb & dumber", otra gran comedia protagonizada por "bobos".
Lo mejor:
Todo en esta película, desde su título hasta el afiche promocional, promete hacerte reir hasta que te duela el estómago, y realmente lo consigue. Martin, fiel a su estilo, se ríe de sí mismo. Y no hay nada más gracioso y menos ofensivo que alguien que sabe ubicar el centro de su humor en su propia persona.
Frases favoritas:
"-Página 73, Johnson, Navin R... Ahora soy alguien!! (el personaje de Steve Martin luego de leer su nombre en la guía telefónica).
Y muchas otras, pero pierden el sentido al sacarlas de su contexto.
Esta comedia, una de las mejores del director Carl Reiner (con quien Martin ha colaborado en numerosas ocasiones), tiene como personaje central a un tipo tan estúpido ("jerk" puede traducirse como "imbécil") que casi excede lo verosímil. Su escaso entendimiento y su extremadamente inocente forma de ver el mundo lo llevarán a vivir experiencias de lo más variadas, y a involucrarse en situaciones trágicamente graciosas.
Reiner explota al máximo la veta cómica de Martin, permitiéndole desplegar su talento y dejar al descubierto su extenso lenguaje gestual y corporal. El legado de "The jerk" puede advertirse con facilidad en películas como "Dumb & dumber", otra gran comedia protagonizada por "bobos".
Lo mejor:
Todo en esta película, desde su título hasta el afiche promocional, promete hacerte reir hasta que te duela el estómago, y realmente lo consigue. Martin, fiel a su estilo, se ríe de sí mismo. Y no hay nada más gracioso y menos ofensivo que alguien que sabe ubicar el centro de su humor en su propia persona.
Frases favoritas:
"-Página 73, Johnson, Navin R... Ahora soy alguien!! (el personaje de Steve Martin luego de leer su nombre en la guía telefónica).
Y muchas otras, pero pierden el sentido al sacarlas de su contexto.
03.05.2007La noticia de la filmación de una nueva película del ya mítico boxeador Rocky Balboa me tomó por sorpresa. Sin embargo, para muchos se trató de un acontecimiento relativamente previsible: no faltó quien sostenga que el film es un manotazo de ahogado de Sylvester Stallone, quien en el momento menos exitoso de su extensa carrera, decide rescatar del baúl de los recuerdos al personaje que le otorgó fama y reconocimiento mundial, así como el cariño del público. Así, decidió escribir un nuevo guión y ponerse tanto delante como detrás de la cámara, con la nostalgia de la gente como su mejor aliado, y como única esperanza de que este proyecto descabellado llegue a buen puerto. A través de este cristal han visto muchos a la sexta entrega de la saga, postura que no comparto en absoluto. Mi visión sobre el asunto podrá pecar de ser excesivamente romántica, pero honestamente creo que Sly, al igual que Rocky, no es de los que dejan las cosas sin terminar, y la historia del señor Balboa estaba necesitando un cierre más definitivo, una conclusión actualizada. Porque si hemos seguido su historia durante tanto tiempo, ¿por qué estaría mal ver cómo continúa, y ocasionalmente, saber cómo acaba? Al menos esta película tiene más sabor a "última" que "Rocky V".
"Rocky Balboa" se parece en más de un aspecto a su predecesora inmediata: tiene al barrio como principal escenario, vuelve a hacer foco en la relación padre-hijo y posee una trama escencialmente dramática (aunque, por supuesto, la acción también está presente, bajo la forma de un combate presentado con un detallado realismo que no se ha visto en las anteriores entregas). Pero esta película bebe principalmente de la cinta original de John G. Avildsen, volviendo a las fuentes en ocasiones de forma obvia y otras veces de manera sorpresiva e inesperada.
El guión de Stallone resulta tan cálido, dramático, divertido y emotivo como cabría esperar, con diálogos inteligentes y de profunda simpleza, sin caer nunca en el remate absurdo o en la sensiblería. Sly brinda una de sus mejores actuaciones en mucho tiempo, confirmando lo que ya sabíamos: este personaje le cae como anillo al dedo. Por otra parte, utilizó recursos estilísticos que, si bien no son innovadores, fueron empleados de manera oportuna, logrando así transmitir de forma más efectiva emociones y sensaciones (esto puede verse con creces en el adrenalínico final).
Resulta una grata experiencia ver desfilar nuevamente a toda una galería de personajes que han hecho a la saga lo que es. Y la imagen de Rocky, caminando por las calles de Filadelfia con su sombrero, o corriendo mientras la nieve cae en la ciudad, ha sabido mantener intacto su poder a lo largo de los años. Stallone tiene razón al afirmar que el cine ha perdido a sus héroes de antaño. Y Rocky es un héroe, pero no a la manera de Batman o Superman. Se trata, en cambio, de un hombre común y corriente, pero dispuesto a resistir los golpes de la vida tanto como sea posible, lo cual no deja de ser inspirador. En medio de tanta decadencia moral y crisis de valores, observar a Balboa impartiendo con sus actos y sus palabras verdaderas lecciones de vida, es comparable a un trago de agua fresca luego de cruzar un desierto.
Que los detractores de Stallone digan lo que quieran: esta es una película que merece ser vista, y es quizás la secuela más digna que ha tenido la "Rocky" de 1976. ¿Golpe de márketing? No lo sé, pero hacía mucha falta. Hasta siempre, Rocky.
Lo mejor:
Rocky Balboa y Sylvester Stallone decidieron exorcizar sus demonios, y en el intento, nos dejan imágenes indelebles y reflexiones profundas, que hacen las veces de pequeño manual para sobrevivir en el ring de la vida. Gracias, Rocky. Gracias, Sly.
Frases favoritas:
"-Si uno vive demasiado tiempo en un sitio, te conviertes en ese lugar".
"-Es un mundo diferente.
-Sólo la ropa es diferente".
"-Mientras más viejo soy, más cosas tengo que dejar atrás".
"-O quizás quiero sustituir dolor viejo por dolor nuevo".
"-No se trata de lo duro que pegues. Se trata de cuánto puedes aguantar y seguir adelante".
"-Probarás que lo único que no envejece es el corazón".
"Rocky Balboa" se parece en más de un aspecto a su predecesora inmediata: tiene al barrio como principal escenario, vuelve a hacer foco en la relación padre-hijo y posee una trama escencialmente dramática (aunque, por supuesto, la acción también está presente, bajo la forma de un combate presentado con un detallado realismo que no se ha visto en las anteriores entregas). Pero esta película bebe principalmente de la cinta original de John G. Avildsen, volviendo a las fuentes en ocasiones de forma obvia y otras veces de manera sorpresiva e inesperada.
El guión de Stallone resulta tan cálido, dramático, divertido y emotivo como cabría esperar, con diálogos inteligentes y de profunda simpleza, sin caer nunca en el remate absurdo o en la sensiblería. Sly brinda una de sus mejores actuaciones en mucho tiempo, confirmando lo que ya sabíamos: este personaje le cae como anillo al dedo. Por otra parte, utilizó recursos estilísticos que, si bien no son innovadores, fueron empleados de manera oportuna, logrando así transmitir de forma más efectiva emociones y sensaciones (esto puede verse con creces en el adrenalínico final).
Resulta una grata experiencia ver desfilar nuevamente a toda una galería de personajes que han hecho a la saga lo que es. Y la imagen de Rocky, caminando por las calles de Filadelfia con su sombrero, o corriendo mientras la nieve cae en la ciudad, ha sabido mantener intacto su poder a lo largo de los años. Stallone tiene razón al afirmar que el cine ha perdido a sus héroes de antaño. Y Rocky es un héroe, pero no a la manera de Batman o Superman. Se trata, en cambio, de un hombre común y corriente, pero dispuesto a resistir los golpes de la vida tanto como sea posible, lo cual no deja de ser inspirador. En medio de tanta decadencia moral y crisis de valores, observar a Balboa impartiendo con sus actos y sus palabras verdaderas lecciones de vida, es comparable a un trago de agua fresca luego de cruzar un desierto.
Que los detractores de Stallone digan lo que quieran: esta es una película que merece ser vista, y es quizás la secuela más digna que ha tenido la "Rocky" de 1976. ¿Golpe de márketing? No lo sé, pero hacía mucha falta. Hasta siempre, Rocky.
Lo mejor:
Rocky Balboa y Sylvester Stallone decidieron exorcizar sus demonios, y en el intento, nos dejan imágenes indelebles y reflexiones profundas, que hacen las veces de pequeño manual para sobrevivir en el ring de la vida. Gracias, Rocky. Gracias, Sly.
Frases favoritas:
"-Si uno vive demasiado tiempo en un sitio, te conviertes en ese lugar".
"-Es un mundo diferente.
-Sólo la ropa es diferente".
"-Mientras más viejo soy, más cosas tengo que dejar atrás".
"-O quizás quiero sustituir dolor viejo por dolor nuevo".
"-No se trata de lo duro que pegues. Se trata de cuánto puedes aguantar y seguir adelante".
"-Probarás que lo único que no envejece es el corazón".
Aquellos años salvajes...
Rating: 7Los ángeles del infierno (1966)
- Título original: The Wild Angels
-
Director:
Peter Bogdanovich, Roger Corman
Si algo caracterizó a la segunda mitad de la década del año 1960 fue el dinamismo, el cambio constante. En pocos años se produjeron hondas transformaciones socio-culturales: eran tiempos de jóvenes transgresores, de cabello largo, consumidores de un rock que había dejado atrás la ingenuidad para convertirse en bandera de incoformistas, activistas y rebeldes de toda clase y color. El uso generalizado de drogas y la incipiente revolución sexual completaban un panorama social en permanente ebullición. Y mucho de todo esto puede encontrarse en "The wild angels".
En el año de su estreno, esta película levantó nubes de polvo entre el público y algunos sectores de la crítica, por el carácter escandaloso y políticamente incorrecto de diversas escenas, que tenían como protagonistas a una banda de motoqueros (en obvia referencia a los míticos "Hell´s Angels"). Vestidos con ropas de cuero negro, portando cruces esvásticas y montando poderosas motocicletas, estos "hijos del rigor" eran parte del paisaje de la época, así como también lo eran los hippies.
Peter Fonda, que protagoniza al líder de la banda, encontró el papel que lo definiría para siempre como figura de culto, ícono de la rebeldía de la nueva generación y símbolo de la lucha "anti-establishment". Sobre el final del film, su personaje pronuncia un discurso que ha ganado cierta fama, y que sintetiza a la perfección sus ansias de vivir sin ataduras ni restricciones de ningún tipo: "We wanna be free! We wanna be free to do what we wanna do. We wanna be free to ride. We wanna be free to ride our machines without being hassled by The Man!".
El afiche promocional de "The wild angels" rezaba: "Su credo es la violencia. Su dios es el odio". Y ciertamente al verla, uno no puede evitar pensar que, al lado de este film, "The wild one" (la célebre "biker movie" que protagonizara Marlon Brando doce años antes) luce tierna e inofensiva.
Con esta película, Corman se jugó el todo por el todo. Y le salió bien.
Lo mejor:
El personaje de Peter Fonda, el tono irreverente de la película. Una de las apuestas más fuertes de Roger Corman.
En el ring de la vida todo puede suceder
Rating: 10
09.04.2007Antes de 1976, Sylvester Stallone era un actor poco conocido que había tenido papeles menores y protagónicos sin mucha importancia, incluyendo una aparición en "Bananas" (de Woody Allen), un trabajo en un film de Roger Corman y un debut en una película prohibida para menores. Cuando vendió el guión de "Rocky", se encontraba en bancarrota: éste era su último cartucho. Puso como condición que el papel principal debía ser para él, y así nació uno de los personajes más queridos y memorables del mundo cinematográfico. El film arrasó con los premios "Oscar" de 1976, llevándose, entre otras, la estatuilla a la mejor película (venciendo nada más ni nada menos que a "Network" y a "Taxi driver").
Nadie imaginó el gigantesco impacto cultural y el éxito que "Rocky" cosecharía. Se trata, en esencia, de la historia de Rocky Balboa, un boxeador de Filadelfia que nunca pudo alcanzar la gloria, y para subsistir trabaja como "cobrador" para un prestamista usurero de la ciudad. Hasta que un día, por un extraño giro del destino, Apollo Creed, el campeón mundial de los pesos pesados, lo elige para que lo enfrente en un combate por el título, en lo que comienza siendo un gran golpe de márketing a favor de Creed. Rocky tiene así la oportunidad de su vida, la chance de salir de su miseria y ser, por fin, alguien. ¿No es acaso esto mismo lo que le sucedió a Stallone? Por cierto, su personaje está lleno de ribetes autobiográficos: su origen humilde, su edad y su ascendencia italiana son algunos de ellos.
Gracias a este film, Sylvester se convirtió en una gran estrella del firmamento hollywoodense de la noche a la mañana. Es extraño que alguien a quien se suele considerar el paradigma de la mala actuación (los encargados de los "Golden Raspberry Awards", o simplemente "Razzies", no se cansan de "premiarlo") haya compuesto a un personaje como Rocky de forma tan atractiva, natural y convincente. Balboa no es un tipo de muchas luces, pero le sobra corazón, y a lo largo de la película consigue que los sentimientos del público hacia él vayan mutando de la lástima a la admiración. Al igual que el actor que lo encarna, Rocky es carismático y tiene, dentro de sus limitaciones, un enorme potencial. Sólo necesita que alguien crea en él, para poder creer en sí mismo.
Fundamentalmente, "Rocky" representa el espíritu de lucha, de superación. Nos muestra el enorme valor que tiene llevar una vida humilde (y no desde el punto de vista de los bienes materiales), más allá de que pocas personas sepan apreciar esta cualidad. Nos enseña que incluso las metas más lejanas pueden alcanzarse con esfuerzo, perseverancia y convicción. Lo importante es intentar, especialmente cuando no hay nada que perder.
"Rocky" debe su calidad a un guión bien construido; a una historia dramática, por momentos cómica y siempre emocionante, que llega al corazón; a sus entrañables personajes, en su mayoría representantes de la clase trabajadora (interpretados por un elenco 100% eficiente); la fabulosa y movilizadora banda sonora compuesta por Bill Conti (que rivaliza en fama con partituras de Ennio Morricone, John Williams y Nino Rota); y la acertada elección de locaciones. A estas alturas, escenas como las de Balboa golpeando una media res o subiendo a toda máquina los escalones del Museo de Arte de Filadelfia, forman parte de la cultura popular, y eso no es poca cosa. El tal Stallone disparó así su último cartucho. Y acertó.
Lo mejor:
La historia, los personajes, la banda de sonido, el mensaje.
Frases favoritas:
"- Escucha Bob: si quieres bailar, paga a los músicos".
"- Esta es la tierra de la oportunidad, ¿verdad?".
"- ¿Por qué peleas?
- Porque no canto ni bailo".
Nadie imaginó el gigantesco impacto cultural y el éxito que "Rocky" cosecharía. Se trata, en esencia, de la historia de Rocky Balboa, un boxeador de Filadelfia que nunca pudo alcanzar la gloria, y para subsistir trabaja como "cobrador" para un prestamista usurero de la ciudad. Hasta que un día, por un extraño giro del destino, Apollo Creed, el campeón mundial de los pesos pesados, lo elige para que lo enfrente en un combate por el título, en lo que comienza siendo un gran golpe de márketing a favor de Creed. Rocky tiene así la oportunidad de su vida, la chance de salir de su miseria y ser, por fin, alguien. ¿No es acaso esto mismo lo que le sucedió a Stallone? Por cierto, su personaje está lleno de ribetes autobiográficos: su origen humilde, su edad y su ascendencia italiana son algunos de ellos.
Gracias a este film, Sylvester se convirtió en una gran estrella del firmamento hollywoodense de la noche a la mañana. Es extraño que alguien a quien se suele considerar el paradigma de la mala actuación (los encargados de los "Golden Raspberry Awards", o simplemente "Razzies", no se cansan de "premiarlo") haya compuesto a un personaje como Rocky de forma tan atractiva, natural y convincente. Balboa no es un tipo de muchas luces, pero le sobra corazón, y a lo largo de la película consigue que los sentimientos del público hacia él vayan mutando de la lástima a la admiración. Al igual que el actor que lo encarna, Rocky es carismático y tiene, dentro de sus limitaciones, un enorme potencial. Sólo necesita que alguien crea en él, para poder creer en sí mismo.
Fundamentalmente, "Rocky" representa el espíritu de lucha, de superación. Nos muestra el enorme valor que tiene llevar una vida humilde (y no desde el punto de vista de los bienes materiales), más allá de que pocas personas sepan apreciar esta cualidad. Nos enseña que incluso las metas más lejanas pueden alcanzarse con esfuerzo, perseverancia y convicción. Lo importante es intentar, especialmente cuando no hay nada que perder.
"Rocky" debe su calidad a un guión bien construido; a una historia dramática, por momentos cómica y siempre emocionante, que llega al corazón; a sus entrañables personajes, en su mayoría representantes de la clase trabajadora (interpretados por un elenco 100% eficiente); la fabulosa y movilizadora banda sonora compuesta por Bill Conti (que rivaliza en fama con partituras de Ennio Morricone, John Williams y Nino Rota); y la acertada elección de locaciones. A estas alturas, escenas como las de Balboa golpeando una media res o subiendo a toda máquina los escalones del Museo de Arte de Filadelfia, forman parte de la cultura popular, y eso no es poca cosa. El tal Stallone disparó así su último cartucho. Y acertó.
Lo mejor:
La historia, los personajes, la banda de sonido, el mensaje.
Frases favoritas:
"- Escucha Bob: si quieres bailar, paga a los músicos".
"- Esta es la tierra de la oportunidad, ¿verdad?".
"- ¿Por qué peleas?
- Porque no canto ni bailo".
Un brindis con vino tinto.
Rating: 9
31.03.2007Si hablamos de clásicos del cine de terror, es inevitable hacer referencia a "Drácula", de Tod Browning, basada en la obra homónima de Bram Stoker. A partir de ese momento, el archifamoso libro de Stoker ha sido adaptado, homenajeado e incluso parodiado en más ocasiones de las que uno puede recordar, llevando a la creación de un subgénero. Efectivamente, el cine ha bebido (y el término no puede ser más adecuado) incontables veces del apasionante tema del vampirismo, y directores como Francis Ford Coppola, George Romero, Abel Ferrara, Joel Schumacher y Mel Brooks, entre muchos otros, lo han abordado con mayor o menor éxito desde su particular óptica.
Para ser fieles a la historia, es necesario remontarse a 1922, año en el que F.W. Murnau filmó "Nosferatu, el vampiro", basándose en el "Drácula" de Stoker. Los méritos de esta película son tan evidentes como innegables: la increíble puesta en escena, la vívida actuación de Max Scheck (en el rol del vampiro) y su inquietante apariencia. Murnau produjo escenas indelebles y de una fuerza inusitada (quién puede olvidar la sombra espectral de Nosferatu, con sus largos dedos como garras, proyectándose en la pared mientras sube una escalera, o al vampiro levantándose de su ataúd en un acto que desafía la ley de gravedad). Pero es el film de Browning, que apareció nueve años después, el responsable de haber creado la imagen definitiva del conde, representado como un individuo extraño y fascinante, un caballero educado, elegante y siniestro.
La película seduce desde varios costados: un guión modesto pero acertado, locaciones góticas, elementos propios del género (niebla densa en los exteriores, un enorme castillo con telas de araña forrando las paredes, una abadía no menos inhóspita), y actuaciones medidas y más que correctas (se destaca Dwight Frye en el papel del poco afortunado Renfield). Mas esta película no sería lo que es sin la presencia de Bela Lugosi en el reparto, haciéndose cargo del rol principal. Los primeros planos a su rostro, de negro cabello engominado, ojos hipnóticos y maléfica sonrisa (filmado con la iluminación adecuada), constituyen la quintaesencia del horror en el cine. Que "Drácula" sea una película sonora no es una cuestión menor, pues el particularísimo acento de Lugosi constituye una parte vital de su personaje. "Drácula" fue, simultáneamente, una bendición y una maldición para el reconocido actor, pues impulsó su carrera y lo convirtió en un mito, pero también lo condenó a vivir de aquí en más bajo la sombra de este personaje. Ninguna de sus futuras interpretaciones alcanzó una repercusión semejante, y así, Bela Lugosi jamás logró que su nombre dejara de ser sinónimo de Drácula.
El espectador de hoy, tan habituado a películas de terror pródigas en sangrientos efectos especiales que desafían a los estómagos más fuertes, "Drácula" puede parecer un entretenimiento demasiado inocente como para resultar de interés. Pero aun cuando el terror que nos ofrece no tenga las dosis de horror y suspenso que manejan las producciones más modernas, "Drácula" fue una verdadera pionera del género. Por otra parte, el vampiro del Lugosi es insuperable: emplea la teatralidad como pocos, ejerciendo un extraño magnetismo en quien lo mira, y su rostro no necesita de colmillos ni lentes de contacto para reflejar la perversión de su alma cuasi-inmortal.
Lo mejor:
Browning prefiere insinuar antes que mostrar, y aun cuando en ocasiones se trate de un recurso destinado a solucionar lo que de otra manera sería un problema desafiante (por ejemplo, la conversión de vampiro a hombre que experimenta el conde nunca se ve), es algo que se aprecia de especial forma en los tiempos que corren, pues la enorme mayoría de los directores de películas de terror actuales olvidan el poder de la sugestión, en un terco empeño por ser cada vez más graficas y explícitas. Y por supuesto, también me gustó la actuación de Bela Lugosi.
Frases favoritas:
-"Escúchelos. Hijos de la noche. ¡Qué bella música!".
-"Nunca bebo... vino".
Para ser fieles a la historia, es necesario remontarse a 1922, año en el que F.W. Murnau filmó "Nosferatu, el vampiro", basándose en el "Drácula" de Stoker. Los méritos de esta película son tan evidentes como innegables: la increíble puesta en escena, la vívida actuación de Max Scheck (en el rol del vampiro) y su inquietante apariencia. Murnau produjo escenas indelebles y de una fuerza inusitada (quién puede olvidar la sombra espectral de Nosferatu, con sus largos dedos como garras, proyectándose en la pared mientras sube una escalera, o al vampiro levantándose de su ataúd en un acto que desafía la ley de gravedad). Pero es el film de Browning, que apareció nueve años después, el responsable de haber creado la imagen definitiva del conde, representado como un individuo extraño y fascinante, un caballero educado, elegante y siniestro.
La película seduce desde varios costados: un guión modesto pero acertado, locaciones góticas, elementos propios del género (niebla densa en los exteriores, un enorme castillo con telas de araña forrando las paredes, una abadía no menos inhóspita), y actuaciones medidas y más que correctas (se destaca Dwight Frye en el papel del poco afortunado Renfield). Mas esta película no sería lo que es sin la presencia de Bela Lugosi en el reparto, haciéndose cargo del rol principal. Los primeros planos a su rostro, de negro cabello engominado, ojos hipnóticos y maléfica sonrisa (filmado con la iluminación adecuada), constituyen la quintaesencia del horror en el cine. Que "Drácula" sea una película sonora no es una cuestión menor, pues el particularísimo acento de Lugosi constituye una parte vital de su personaje. "Drácula" fue, simultáneamente, una bendición y una maldición para el reconocido actor, pues impulsó su carrera y lo convirtió en un mito, pero también lo condenó a vivir de aquí en más bajo la sombra de este personaje. Ninguna de sus futuras interpretaciones alcanzó una repercusión semejante, y así, Bela Lugosi jamás logró que su nombre dejara de ser sinónimo de Drácula.
El espectador de hoy, tan habituado a películas de terror pródigas en sangrientos efectos especiales que desafían a los estómagos más fuertes, "Drácula" puede parecer un entretenimiento demasiado inocente como para resultar de interés. Pero aun cuando el terror que nos ofrece no tenga las dosis de horror y suspenso que manejan las producciones más modernas, "Drácula" fue una verdadera pionera del género. Por otra parte, el vampiro del Lugosi es insuperable: emplea la teatralidad como pocos, ejerciendo un extraño magnetismo en quien lo mira, y su rostro no necesita de colmillos ni lentes de contacto para reflejar la perversión de su alma cuasi-inmortal.
Lo mejor:
Browning prefiere insinuar antes que mostrar, y aun cuando en ocasiones se trate de un recurso destinado a solucionar lo que de otra manera sería un problema desafiante (por ejemplo, la conversión de vampiro a hombre que experimenta el conde nunca se ve), es algo que se aprecia de especial forma en los tiempos que corren, pues la enorme mayoría de los directores de películas de terror actuales olvidan el poder de la sugestión, en un terco empeño por ser cada vez más graficas y explícitas. Y por supuesto, también me gustó la actuación de Bela Lugosi.
Frases favoritas:
-"Escúchelos. Hijos de la noche. ¡Qué bella música!".
-"Nunca bebo... vino".
Almas torturadas en la ciudad del pecado
Rating: 9
19.03.2007Las historias de amor no tienen por qué ser cándidas, empalagosas y cursis. Bien pueden ser tormentosas y trágicas, sin dejar de ser por ello auténticas. Esto es lo que con mucha astucia advirtió el realizador Mike Figgis, quien plasmó con maestría dicho postulado en "Leaving Las Vegas".
Nicolas Cage ofrece la interpretación más celebrada de su carrera, metiéndose en la piel de Ben, un alcohólico crónico que, luego de perder a su esposa y a su empleo, decide viajar a la Meca del pecado y beber hasta morir. Allí conoce a Sera (Elisabeth Shue), una prostituta a quien su manejador maltrata. El amor nace entre ellos como una especie de fatalidad del destino: tanto uno como otro son almas solitarias, verdaderos (auto)marginados sociales. Él se autodestruye mediante la ingesta de cantidades industriales de alcohol; ella vende su cuerpo noche tras noche, soportando golpes y humillaciones.
El amor entre Ben y Sera se apoya sobre un único pilar, sin el cual toda la estructura se desmoronaría: la absoluta aceptación del otro, lo cual implica amarlo por lo que es y hace (o deja de hacer), sin intentar o pretender cambiarlo. Así las cosas, ella no lo redime, no lo desvía de la insalubre senda que ha elegido transitar, y él, por su parte, no la saca de su infierno. La relación entre ambos, entonces, no cambia las cosas, y al mismo tiempo, lo cambia todo. Porque (seamos honestos), ¿quién podría enamorarse de una mujer como Sera sin perder el juicio sabiendo en qué consiste su trabajo? Lo más lógico (o al menos lo que haría el común de los hombres) sería pedirle que abandone su oficio y se dedique a otra cosa. Por otro lado, ¿qué mujer trabaría una relación amorosa con un borracho empedernido como Ben, que ni siquiera considera la posibilidfad de rehabilitarse, y pone a la saciedad de su vicio en el primer lugar de su lista de prioridades? Ben y Sera se necesitan con desesperación. Cada uno es para el otro la medicina capaz de paliar el dolor de su alma en pena.
Cage actúa aquí con increíble carisma, luciendo como un ente en permanente estado de ebriedad. La visión de este personaje provoca sentimientos encontrados: por momentos resulta trágicamente cómico, mientras que otras veces provoca lástima, e incluso repugnancia. Ben es un adicto, ya no puede vivir sin alcohol. Mientras está despierto, permanece abrazado a una botella o a un vaso convenientemente llenado con alguna bebida rica en etanol. Es extraño que el alcohol no sea otra cosa que una droga aceptada socialmente, como el café y el tabaco. Puede conseguirse en cualquier parte y sin la menor dificultad, y eso es lo que lo hace tan peligroso (claro que toda sustancia, consumida en exceso, resulta perjudicial para la salud).
Elisabeth Shue, por su parte, compone a Sera de forma tal que su sufrimiento luce perturbadoramente real. Figgis, para permitir que el público conozca los sentimientos y emociones que asaltan a Sera luego de conocer a Ben, la presenta cada tanto hablanco a un interlocutor que la audiencia no puede ver, pues la cámara se mantiene fija en la actriz, resolviendo así de forma bastante original el problema de cómo transmitir inequívocamente estas cuestiones. También es destacable, por inusual, que Figgis en ningún momento nos diga por qué Ben se ha entregado al vicio. Resulta que conocer la causa no es importante.
Lo mejor:
Gran historia de amor no convencional, ideal para quienes buscan emociones fuertes. La jazzera banda sonora, compuesta por el propio Figgis, acompaña de forma magnífica todo lo que se muestra en la pantalla.
Frases favoritas:
-"Si quieres que te diga la verdad... no sé si mi mujer me dejó porque bebía, o si bebo porque mi mujer me dejó".
Nicolas Cage ofrece la interpretación más celebrada de su carrera, metiéndose en la piel de Ben, un alcohólico crónico que, luego de perder a su esposa y a su empleo, decide viajar a la Meca del pecado y beber hasta morir. Allí conoce a Sera (Elisabeth Shue), una prostituta a quien su manejador maltrata. El amor nace entre ellos como una especie de fatalidad del destino: tanto uno como otro son almas solitarias, verdaderos (auto)marginados sociales. Él se autodestruye mediante la ingesta de cantidades industriales de alcohol; ella vende su cuerpo noche tras noche, soportando golpes y humillaciones.
El amor entre Ben y Sera se apoya sobre un único pilar, sin el cual toda la estructura se desmoronaría: la absoluta aceptación del otro, lo cual implica amarlo por lo que es y hace (o deja de hacer), sin intentar o pretender cambiarlo. Así las cosas, ella no lo redime, no lo desvía de la insalubre senda que ha elegido transitar, y él, por su parte, no la saca de su infierno. La relación entre ambos, entonces, no cambia las cosas, y al mismo tiempo, lo cambia todo. Porque (seamos honestos), ¿quién podría enamorarse de una mujer como Sera sin perder el juicio sabiendo en qué consiste su trabajo? Lo más lógico (o al menos lo que haría el común de los hombres) sería pedirle que abandone su oficio y se dedique a otra cosa. Por otro lado, ¿qué mujer trabaría una relación amorosa con un borracho empedernido como Ben, que ni siquiera considera la posibilidfad de rehabilitarse, y pone a la saciedad de su vicio en el primer lugar de su lista de prioridades? Ben y Sera se necesitan con desesperación. Cada uno es para el otro la medicina capaz de paliar el dolor de su alma en pena.
Cage actúa aquí con increíble carisma, luciendo como un ente en permanente estado de ebriedad. La visión de este personaje provoca sentimientos encontrados: por momentos resulta trágicamente cómico, mientras que otras veces provoca lástima, e incluso repugnancia. Ben es un adicto, ya no puede vivir sin alcohol. Mientras está despierto, permanece abrazado a una botella o a un vaso convenientemente llenado con alguna bebida rica en etanol. Es extraño que el alcohol no sea otra cosa que una droga aceptada socialmente, como el café y el tabaco. Puede conseguirse en cualquier parte y sin la menor dificultad, y eso es lo que lo hace tan peligroso (claro que toda sustancia, consumida en exceso, resulta perjudicial para la salud).
Elisabeth Shue, por su parte, compone a Sera de forma tal que su sufrimiento luce perturbadoramente real. Figgis, para permitir que el público conozca los sentimientos y emociones que asaltan a Sera luego de conocer a Ben, la presenta cada tanto hablanco a un interlocutor que la audiencia no puede ver, pues la cámara se mantiene fija en la actriz, resolviendo así de forma bastante original el problema de cómo transmitir inequívocamente estas cuestiones. También es destacable, por inusual, que Figgis en ningún momento nos diga por qué Ben se ha entregado al vicio. Resulta que conocer la causa no es importante.
Lo mejor:
Gran historia de amor no convencional, ideal para quienes buscan emociones fuertes. La jazzera banda sonora, compuesta por el propio Figgis, acompaña de forma magnífica todo lo que se muestra en la pantalla.
Frases favoritas:
-"Si quieres que te diga la verdad... no sé si mi mujer me dejó porque bebía, o si bebo porque mi mujer me dejó".
Grandeza no perecedera.
Rating: 10
05.03.2007Imagino que si hay algo de lo que Francis Ford Coppola no se arrepiente es de haber estado al frente de "El Padrino", basada en el best-seller homónimo de Mario Puzo. Esta película, que alguna vez fue considerada una de las tres mejores de la historia del cine norteamericano, hizo que su director ascendiera a la categoría de peso pesado, puso al joven Al Pacino en boca de todos, sacándolo de su relativo anonimato, y le dio un nuevo impulso a la carrera de Marlon Brando.
El público tuvo así la posibilidad de observar de cerca, co0mo a través de una ventana indiscreta, el mundo privado de una familia de mafiosos ítalo-americanos, o si se quiere, de una organización criminal siciliana instalada en Nueva York. Y este mundo está regido por una serie de reglas tácitas, por ciertos códigos que nadie que pertenezca a él puede pretender desconocer. Es una especie de universo paralelo, donde la familia es entendida como una institución cuasi-sagrada, más asociada a la noción de clan que a la idea de un simple conjunto de individuos unidos entre sí por relaciones de parentesco. La lealtad o fidelidad es aquí el más apreciado de los bienes, y la falta de ella se paga siempre con sangre. El respeto al Don o Padrino, cabeza de la gran familia, es algo tan debido para sus miembros como lo es el cumplimiento de la ley para cualquier ciudadano responsable. Los favores no se olvidan, y su realización implica el derecho a exigir su devolución cuando así se requiera. La palabra empeñada se cumple siempre, pues faltar a ella es faltar al honor, y un hombre sin honor no es nada. Es, en definitiva, un mundo de poder, negocios, traiciones, manejos políticos y venganza, donde eliminar al enemigo (el que estorba, el q ue obstaculiza la concreción de los intereses de la familia) es moneda corriente.
Esta es la historia de los Corleone. Vito (Marlon Brando, tan cómodo en su papel como sólo un gran actor puede estarlo) es el Padrino: con un movimiento de la mano puede hacer que su voluntad se cumpla inexorablemente. Pero la suya no es la única familia criminal de Nueva York, y en cuestiones de negocios, siempre hay quien no queda conforme. Así, los problemas no tardan en cobrar una dimensión demasiado grave, a medida que la guerra entre las principales familias se torna más y más violenta. Cada una hará su jugada para sacar a los demás del camino, y consolidar así su imperio como el más poderoso.
Cuando Vito Corleone es gravemente herido, uno de sus hijos debe ocupar su lugar. El sucesor, luego de varios acontecimientos, resulta ser Michael (Al Pacino), quien hasta ese momento se había mantenido al margen de los asuntos de la familia, manifestando un expreso repudio hacia los mismos. Así, el que parecía ser el menos idóneo termina convirtiéndose en el nuevo Don. Michael ejerce su potestad con mano de hierro y de forma despiadada y despótica. A diferencia de su padre, no está dispuesto a perdonar, pues eso lo haría ver débil. Su rostro serio, imperturbable, irradia poder e inspira temor. Tenemos aquí una gran actuación de Pacino, cuyo personaje experimenta una transformación irreversible y radical, conforme se corrompe moral y espiritualmente, a punto tal que resulta ser una persona totalmente distinta al final del proceso.
Coppola, años más tarde, también dirigió la segunda y la tercera parte de "El Padrino", logrando una de las trilogías más respetadas que jamás se hayan filmado. Su reputación la tiene bien merecida. Me saco el sombrero ante esta verdadera obra maestra.
Lo mejor:
Esta película, clásico de clásicos, debe su grandeza a numerosos factores: la dirección de Coppola, la obra de Puzo, el extraordinario trabajo de un reparto estelar (que también estaba conformado por James Caan, Robert Duvall, Talia Shire y Diane Keaton, entre otros), los escenarios magistralmente escogidos y filmados, la hermosa y adecuada fotografía de Gordon Willis y la inolvidable música de Nino Rota.
Frases favoritas:
"- Le haré una oferta que no podrá rechazar"
El público tuvo así la posibilidad de observar de cerca, co0mo a través de una ventana indiscreta, el mundo privado de una familia de mafiosos ítalo-americanos, o si se quiere, de una organización criminal siciliana instalada en Nueva York. Y este mundo está regido por una serie de reglas tácitas, por ciertos códigos que nadie que pertenezca a él puede pretender desconocer. Es una especie de universo paralelo, donde la familia es entendida como una institución cuasi-sagrada, más asociada a la noción de clan que a la idea de un simple conjunto de individuos unidos entre sí por relaciones de parentesco. La lealtad o fidelidad es aquí el más apreciado de los bienes, y la falta de ella se paga siempre con sangre. El respeto al Don o Padrino, cabeza de la gran familia, es algo tan debido para sus miembros como lo es el cumplimiento de la ley para cualquier ciudadano responsable. Los favores no se olvidan, y su realización implica el derecho a exigir su devolución cuando así se requiera. La palabra empeñada se cumple siempre, pues faltar a ella es faltar al honor, y un hombre sin honor no es nada. Es, en definitiva, un mundo de poder, negocios, traiciones, manejos políticos y venganza, donde eliminar al enemigo (el que estorba, el q ue obstaculiza la concreción de los intereses de la familia) es moneda corriente.
Esta es la historia de los Corleone. Vito (Marlon Brando, tan cómodo en su papel como sólo un gran actor puede estarlo) es el Padrino: con un movimiento de la mano puede hacer que su voluntad se cumpla inexorablemente. Pero la suya no es la única familia criminal de Nueva York, y en cuestiones de negocios, siempre hay quien no queda conforme. Así, los problemas no tardan en cobrar una dimensión demasiado grave, a medida que la guerra entre las principales familias se torna más y más violenta. Cada una hará su jugada para sacar a los demás del camino, y consolidar así su imperio como el más poderoso.
Cuando Vito Corleone es gravemente herido, uno de sus hijos debe ocupar su lugar. El sucesor, luego de varios acontecimientos, resulta ser Michael (Al Pacino), quien hasta ese momento se había mantenido al margen de los asuntos de la familia, manifestando un expreso repudio hacia los mismos. Así, el que parecía ser el menos idóneo termina convirtiéndose en el nuevo Don. Michael ejerce su potestad con mano de hierro y de forma despiadada y despótica. A diferencia de su padre, no está dispuesto a perdonar, pues eso lo haría ver débil. Su rostro serio, imperturbable, irradia poder e inspira temor. Tenemos aquí una gran actuación de Pacino, cuyo personaje experimenta una transformación irreversible y radical, conforme se corrompe moral y espiritualmente, a punto tal que resulta ser una persona totalmente distinta al final del proceso.
Coppola, años más tarde, también dirigió la segunda y la tercera parte de "El Padrino", logrando una de las trilogías más respetadas que jamás se hayan filmado. Su reputación la tiene bien merecida. Me saco el sombrero ante esta verdadera obra maestra.
Lo mejor:
Esta película, clásico de clásicos, debe su grandeza a numerosos factores: la dirección de Coppola, la obra de Puzo, el extraordinario trabajo de un reparto estelar (que también estaba conformado por James Caan, Robert Duvall, Talia Shire y Diane Keaton, entre otros), los escenarios magistralmente escogidos y filmados, la hermosa y adecuada fotografía de Gordon Willis y la inolvidable música de Nino Rota.
Frases favoritas:
"- Le haré una oferta que no podrá rechazar"
La vida al estilo Hollywood.
Rating: 6
05.03.2007Así es el ambiente del cine hollywoodense: frívolo, descontrolado, plagado de excesos, superficial. O al menos así lo reflejan los personajes de esta película, que parecen llevar una "gran vida", pero en realidad son seres solitarios, sin nadie con quien poder contar (los verdaderos amigos no abundan). Materialmente podrán tener mucho, pero sus vidas carecen de sentido, y están tan vacías de contenido como los diálogos que mantienen unos con otros.
Lo mejor:
La actuación de Sean Penn. Como siempre, no defrauda. El personaje que compone Anna Paquin, y el contraste que genera con los demás.
Lo peor:
La película es un tanto extensa. Por momentos el nivel decae y se vuelve algo tediosa. Para algunos, puede resultar aburrida.
Lo mejor:
La actuación de Sean Penn. Como siempre, no defrauda. El personaje que compone Anna Paquin, y el contraste que genera con los demás.
Lo peor:
La película es un tanto extensa. Por momentos el nivel decae y se vuelve algo tediosa. Para algunos, puede resultar aburrida.
Pesadillesca y genial.
Rating: 10
24.02.2007John Carpenter es un maestro del terror, ya sea que cuente con un presupuesto limitadísimo, como en el caso del clásico "Halloween", o que disponga de una cifra más generosa, como en "The thing", otro de los pilares de su extensa y fructífera carrera como cineasta.
Los protagonistas de "The thing" se enfrentan a una amenaza latente, que no tarda en materializarse y hacer realidad sus peores pesadillas. Y todo lo que ellos experimentan, es sufrido también (aunque afortunadamente sólo en el plano psicológico) por el eventual espectador.
Esta película tirne más de un punto de contacto con "Alien", de Ridley Scott, estrenada tres años antes. Tanto en una como en otra, un grupo de personas aisladas de la civilización son atacadas por una criatura asesina que no es de este mundo, y cuya destrucción resulta ser la más complicada y peligrosa de las empresas. Sus respectivos directores han sabido transmitir con enorme destreza la sensación de encierro y claustrofobia inherente a los lugares en que las respectivas historias transcurren (una nave espacial en el caso de "Alien" y una base antártica en "The thing"), y sus criaturas le han quitado el sueño a generaciones enteras. Si bien el alienígena de Scott es infinitamente más famoso que el de Carpenter, me atrevo a decir que este último es más escalofriante.
Gran parte del mérito recae sobre la persona de Rob Bottin, creador de algunos de los más increíbles y terroríficos efectos especiales que haya dado el género. Y todo fue realizado a la antigua usanza (nada de imágenes generadas por computadora), lo cual hace que su trabajo sea todavía más admirable. Pero fuera de esto, lo que hace tan escalofriante a la criatura de Carpenter es su capacidad de mutar, de adoptar la forma de cualquier ser vivo. Así, el alienígena puede ser un perro o cualquiera de los protagonistas, lo cual hace que el suspenso se transforme en una herramienta clave dentro del film. Y es precisamente la combinación de suspenso (que Carpenter maneja con mano maestra) y escenas alocadamente sangrientas, propias del mejor cine gore, lo que permite que la película funcione tan bien.
El sitio excesivamente frío y solitario en el que "The thing" fue filmada, así como la tensionante música compuesta por el gran Ennio Morricone, conrtibuyen a acentuar la atmósfera monstruosa que flota constantemente. Los nuevos directores tendrán que esforzarse mucho si desean superar esta brillante pieza de terror/ciencia ficción.
Lo mejor:
Este film es un auténtico clásico del género, y como tal, está llamado a vivir para siempre. Algunas escenas tienen la capacidad de hacerlo saltar a uno del asiento. No deja de asombrar.
Los protagonistas de "The thing" se enfrentan a una amenaza latente, que no tarda en materializarse y hacer realidad sus peores pesadillas. Y todo lo que ellos experimentan, es sufrido también (aunque afortunadamente sólo en el plano psicológico) por el eventual espectador.
Esta película tirne más de un punto de contacto con "Alien", de Ridley Scott, estrenada tres años antes. Tanto en una como en otra, un grupo de personas aisladas de la civilización son atacadas por una criatura asesina que no es de este mundo, y cuya destrucción resulta ser la más complicada y peligrosa de las empresas. Sus respectivos directores han sabido transmitir con enorme destreza la sensación de encierro y claustrofobia inherente a los lugares en que las respectivas historias transcurren (una nave espacial en el caso de "Alien" y una base antártica en "The thing"), y sus criaturas le han quitado el sueño a generaciones enteras. Si bien el alienígena de Scott es infinitamente más famoso que el de Carpenter, me atrevo a decir que este último es más escalofriante.
Gran parte del mérito recae sobre la persona de Rob Bottin, creador de algunos de los más increíbles y terroríficos efectos especiales que haya dado el género. Y todo fue realizado a la antigua usanza (nada de imágenes generadas por computadora), lo cual hace que su trabajo sea todavía más admirable. Pero fuera de esto, lo que hace tan escalofriante a la criatura de Carpenter es su capacidad de mutar, de adoptar la forma de cualquier ser vivo. Así, el alienígena puede ser un perro o cualquiera de los protagonistas, lo cual hace que el suspenso se transforme en una herramienta clave dentro del film. Y es precisamente la combinación de suspenso (que Carpenter maneja con mano maestra) y escenas alocadamente sangrientas, propias del mejor cine gore, lo que permite que la película funcione tan bien.
El sitio excesivamente frío y solitario en el que "The thing" fue filmada, así como la tensionante música compuesta por el gran Ennio Morricone, conrtibuyen a acentuar la atmósfera monstruosa que flota constantemente. Los nuevos directores tendrán que esforzarse mucho si desean superar esta brillante pieza de terror/ciencia ficción.
Lo mejor:
Este film es un auténtico clásico del género, y como tal, está llamado a vivir para siempre. Algunas escenas tienen la capacidad de hacerlo saltar a uno del asiento. No deja de asombrar.
Un drama excepcional.
Rating: 10
20.02.2007"Five easy pieces" es, con seguridad, la mejor película del realizador Bob Rafelson. Retratra la lucha interna del personaje de Robert Dupea (interpretado de manera brillante por Jack Nicholson, en su primer protagónico importante), quien pertenece a una familia de músicos con la que ha cortado vínculos. Un buen día, el grave estado de salud de su padre, con quien nunca tuvo una relación cercana, lo obliga a reunirse con ellos nuevamente. Pero el no encaja allí. Probablemente no encaja en ningún lado.
Este drama psicológico mezclado con "road movie" no debería faltar en la colección privada de ningún cinéfilo. Hay quienes consideran que se trata de un film que carece de dinamismo, y por lo tanto no logra mantener la atención del espectador. En mi opinión, si bien es cierto que la película posee un ritmo más bien pausado (acercándose al estilo de ciertos directores europeos), el mismo es el adecuado para el completo despliegue de la trama y para fortalecer el efecto de realidad con el que su director ha decidido revestirla. Efectivamente, la "acción" se desarrolla sin que casi podamos advertirlo, logrando que todo se parezca bastante a la vida misma.
"Five easy pieces" gira en torno a su complejo personaje central: Bobby (Nicholson), un eterno inconformista, incapaz de amar a nadie (ni siquiera a sí mismo). Él sólo quiere hacer su vida, eludiendo responsabilidades, no afrontando los problemas, escapando continuamente. Pero, ¿es posible vivir de esta manera? ¿Y si el problema no esta en los demás, sino en uno mismo? ¿Es posible escapar de uno mismo?
Rafelson, en el transcurso de la película, nos brinda distintas claves para responder a todos estos interrogantes. Uno comienza viendo a Bobby con ojos extraños: ¿qué le ocurre a este hombre, que maldice su trabajo, que desprecia a su novia, que observa la vida desde una posición tan cínica? Pero al final, es posible llegar a comprender por qué Bobby es como es y por qué actúa como lo hace.
Lo mejor:
Una historia contada de forma magistral. Pone sobre el tapete la vida de un personaje que pertenece a la contracultura, y se encuentra en una permanente búsqueda de su identidad, de su destino. Destacada actuación de Karen Black como Rayette Dipesto, la ingenua, sencilla y sufrida novia de Robert.
En general, todos los personajes lucen realistas, plenos en detalles y ricos en matices. Destaco también el gran atractivo de algunas escenas, bellamente fotografiadas por Laszlo Kovacs.
Este drama psicológico mezclado con "road movie" no debería faltar en la colección privada de ningún cinéfilo. Hay quienes consideran que se trata de un film que carece de dinamismo, y por lo tanto no logra mantener la atención del espectador. En mi opinión, si bien es cierto que la película posee un ritmo más bien pausado (acercándose al estilo de ciertos directores europeos), el mismo es el adecuado para el completo despliegue de la trama y para fortalecer el efecto de realidad con el que su director ha decidido revestirla. Efectivamente, la "acción" se desarrolla sin que casi podamos advertirlo, logrando que todo se parezca bastante a la vida misma.
"Five easy pieces" gira en torno a su complejo personaje central: Bobby (Nicholson), un eterno inconformista, incapaz de amar a nadie (ni siquiera a sí mismo). Él sólo quiere hacer su vida, eludiendo responsabilidades, no afrontando los problemas, escapando continuamente. Pero, ¿es posible vivir de esta manera? ¿Y si el problema no esta en los demás, sino en uno mismo? ¿Es posible escapar de uno mismo?
Rafelson, en el transcurso de la película, nos brinda distintas claves para responder a todos estos interrogantes. Uno comienza viendo a Bobby con ojos extraños: ¿qué le ocurre a este hombre, que maldice su trabajo, que desprecia a su novia, que observa la vida desde una posición tan cínica? Pero al final, es posible llegar a comprender por qué Bobby es como es y por qué actúa como lo hace.
Lo mejor:
Una historia contada de forma magistral. Pone sobre el tapete la vida de un personaje que pertenece a la contracultura, y se encuentra en una permanente búsqueda de su identidad, de su destino. Destacada actuación de Karen Black como Rayette Dipesto, la ingenua, sencilla y sufrida novia de Robert.
En general, todos los personajes lucen realistas, plenos en detalles y ricos en matices. Destaco también el gran atractivo de algunas escenas, bellamente fotografiadas por Laszlo Kovacs.
Dj Eastwood
Rating: 8
19.02.2007"Play Misty for me" es la primera película que dirigió Clint Eastwood, quien además, como en muchas otras oportunidades, se reservo el protagónico. Aquí se lo muestra en un papel distinto, bastante alejado de los policías y vaqueros que solía interpretar.
El resultado es un trhiller psicológico interesante, marcado por la obsesión al punto de la locura. El personaje de Eastwood deja entrever una de las pasiones del afamado actor y director: el jazz.
Frases favoritas:
- "Play Misty for me".
El resultado es un trhiller psicológico interesante, marcado por la obsesión al punto de la locura. El personaje de Eastwood deja entrever una de las pasiones del afamado actor y director: el jazz.
Frases favoritas:
- "Play Misty for me".
James Cameron lo logra otra vez.
Rating: 10Terminator 2: El juicio final (1991)
- Título original: Terminator 2: Judgment Day
-
Director:
James Cameron
La historia, que transcurre 10 años después de los acontecimientos de la primera parte, nos trae diversas sorpresas, entre las cuales la más destacada es el pase del personaje de Arnold Schwarzenegger al bando de los buenos. Algunas personas, encabezadas por Peter Travers, de la revista "Rolling Stone", cuestionaron esta movida, diciendo (palabras más, palabras menos) que la misma traicionava a la esencia del Terminator. Yo considero que fue una decisión inteligente: hacer que el objetivo de Arnold-Terminator fuese nuevamente eliminar a John Connor (futuro líder de la resistencia en la guerra contra las máquinas), hubiese sido limitarse a reproducir la primera parte, cambiando únicamente algunos personajes y escenarios de la trama. ¿Qué sentido tendría entonces hacer semejante cosa? Ninguno, pues si algo bueno ofrecen las segundas partes es, precisamente, la posibilidad de introducir giros interesantes en la historia (cosa que la enorme mayoría de los directores parece ignorar). Por otra parte, hay que tener en cuenta que el Terminator, técnicamente, no es ni bueno ni malo: simplemente cumple con la misión para la que ha sido programado, la cual puede consistir en exterminar o, por el contrario, proteger a una persona.
El papel del villano le ha tocado esta vez a Robert Patrick, quien ha logrado imprimirle a su personaje un aspecto auténticamente amenazador. Este nuevo Terminator (el T-1000) es más sofisticado que el ya conocido T-101, y su capacidad para transformarse en otras personas debe haberles proporcionado a los técnicos de Industrial Light & Magic más de un dolor de cabeza. Tenemos entonces, por un lado, un exterminador más implacable y difícil de destruir (su cuerpo de metal líquido absorbe las balas y se recupera de sus marcas instantáneamente). En la otra esquina, el viejo T-101 (con un peinado más "cool" que en "The Terminator"), que protegerá a John Connor con cada circuito de su cuerpo robótico.
En esta película, Cameron nos brinda ráfagas de acción sobrecogedora, suspenso y drama, pero también encontró lugar para algunos bocadillos cómicos. Esto y el hecho de que el personaje de Arnold aparezca más "humanizado" (por ejemplo: en su rostro se dibuja, eventualmente, alguna que otra sonrisa escueta) hacen pensar que "Terminator 2" es, comparativamente, menos obscura que su predecesora. Sin embargo, logra transmitir de forma más palpable la inminencia del ocaso (el sueño apocalíptico de Sarah Connor es estremecedor).
"Terminator 2: judgement day" es una pieza de colección. Su calidad es tan buena como la de "The Terminator", aunque el envase es absolutamente distinto. Cameron acierta nuevamente, logrando continuar de forma inteligente una historia impactante, instalando en la historia del cine a otro villano inolvidable y haciéndonos reflexionar, una vez más, sobre la naturaleza humana y el valor de la vida.
Lo mejor:
Es un film increíble, que seduce desde muchos costados. Destaco la cuota dramática que subyace en toda la trama, tan bien manejada en las actuaciones. La voz en off de Sarah Connor (Linda Hamilton, hecha una verdadera guerrera) aporta reflexiones de valor esencial.
Frases favoritas:
"- Hasta la vista, baby"
"- Porque si una máquina, un Terminator, puede aprender el valor de la vida humana, tal vez nosotros también podamos".
La señora Justicia ha sido violada.
Rating: 8
12.02.2007Al intentar clasificar este film en alguna categoría específica, uno se encuentra con ciertas dificultades, porque se trata, al mismo tiempo, de un drama, una comedia, una sátira y, por qué no, una "message movie". Pero ante todo, es preciso señalar que constituye una dura crítica, un certero golpe contra el sistema judicial norteamericano, crítica que es posible dirigir contra el mecanismo jurídico-legal de cualquier otro país (en todas partes ocurre lo mismo, en mayor o menor grado).
El genial Al Pacino interpreta aquí a un abogado penalista con escrúpulos y un agudo sentido ético-moral. Hay en todo esto una incompatibilidad semejante a la de un médico cirujano que se impresiona al ver sangre. Este personaje me recuerda a Serpico, (que también fue interpretado por Pacino en la película homónima), pues tanto uno como otro advierten lo "podrido" que está el ambiente en el que se mueven, y se revelan contra la corrupción reinante, no sin comprobar que es una lucha en la que estarán solos, pues nadie quiere que la basura salga a flote cuando se está nadando en ella.
Volviendo al tema de cómo rotular a "Justicia para todos", me quedo con la categoría de "message movie", que equivale a esa clase de films que pretenden impartir una lección moral, política o social. Esta película, en particular, nos invita a reflexionar sobre la justicia (como no podía ser de otra manera). Desde mi perspectiva, no hay verdadera justicia aquí en la tierra. Si se condena a un inocente, ya sea como consecuencia de un error (gravísimo) o de turbios manejos político-judiciales, no hay justicia, y el buen nombre de ese inocente llevará para siempre la nefasta marca de su paso por la prisión (amén de los trastornos psicológicos que seguramente sufrirá). Si se condena al culpable, su castigo no restaura el anterior estado de cosas: el daño ocasionado a los familiares y amigos de una persona asesinada, por ejemplo, no puede ser reparado ni con todo el dinero del mundo, y el hecho de que el asesino esté en prisión o sea condenado a muerte no viene a remediar las cosas.
Finalmente, se dice que la justicia implica, de alguna manera, la búsqueda de la verdad: si es inocente, se lo exonera; si es culpable, se lo castiga. Pero, ¿cuál es la verdad? ¿Cómo se llega a ella? ¿Y si la verdad es manipulada? ¿Quién detenta la verdad? Pues parece poseerla el juez, quien tiene la última palabra y decide el destino del acusado. Ahora bien: su palabra, ¿es la verdad, o sólo un punto de vista sobre la verdad?
El sistema legal-judicial de cualquier país, desde el momento en que está hecho por hombres, será imperfecto y falible. No discuto, por supuesto, la necesidad de su existencia, pues de lo contrario el caos absoluto reinaría en la sociedad. Pero sigo pensando que la verdadera justicia, esa que reclamaba el personaje de Al Pacino, está en otra parte.
Frases favoritas:
El discurso final del personaje de Al Pacino es brillante e incisivo (no lo transcribo por razones de brevedad).
El genial Al Pacino interpreta aquí a un abogado penalista con escrúpulos y un agudo sentido ético-moral. Hay en todo esto una incompatibilidad semejante a la de un médico cirujano que se impresiona al ver sangre. Este personaje me recuerda a Serpico, (que también fue interpretado por Pacino en la película homónima), pues tanto uno como otro advierten lo "podrido" que está el ambiente en el que se mueven, y se revelan contra la corrupción reinante, no sin comprobar que es una lucha en la que estarán solos, pues nadie quiere que la basura salga a flote cuando se está nadando en ella.
Volviendo al tema de cómo rotular a "Justicia para todos", me quedo con la categoría de "message movie", que equivale a esa clase de films que pretenden impartir una lección moral, política o social. Esta película, en particular, nos invita a reflexionar sobre la justicia (como no podía ser de otra manera). Desde mi perspectiva, no hay verdadera justicia aquí en la tierra. Si se condena a un inocente, ya sea como consecuencia de un error (gravísimo) o de turbios manejos político-judiciales, no hay justicia, y el buen nombre de ese inocente llevará para siempre la nefasta marca de su paso por la prisión (amén de los trastornos psicológicos que seguramente sufrirá). Si se condena al culpable, su castigo no restaura el anterior estado de cosas: el daño ocasionado a los familiares y amigos de una persona asesinada, por ejemplo, no puede ser reparado ni con todo el dinero del mundo, y el hecho de que el asesino esté en prisión o sea condenado a muerte no viene a remediar las cosas.
Finalmente, se dice que la justicia implica, de alguna manera, la búsqueda de la verdad: si es inocente, se lo exonera; si es culpable, se lo castiga. Pero, ¿cuál es la verdad? ¿Cómo se llega a ella? ¿Y si la verdad es manipulada? ¿Quién detenta la verdad? Pues parece poseerla el juez, quien tiene la última palabra y decide el destino del acusado. Ahora bien: su palabra, ¿es la verdad, o sólo un punto de vista sobre la verdad?
El sistema legal-judicial de cualquier país, desde el momento en que está hecho por hombres, será imperfecto y falible. No discuto, por supuesto, la necesidad de su existencia, pues de lo contrario el caos absoluto reinaría en la sociedad. Pero sigo pensando que la verdadera justicia, esa que reclamaba el personaje de Al Pacino, está en otra parte.
Frases favoritas:
El discurso final del personaje de Al Pacino es brillante e incisivo (no lo transcribo por razones de brevedad).













