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JimRaynor
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Críticas de JimRaynor
Se activa, se excita... y extermina
Rating: 4Muchos espectadores y críticos ubican a “Hardware” a la cabeza de numerosos rankings referidos a las peores películas realizadas. Particularmente, considero que esto es exagerado: definitivamente se han hecho cosas mucho peores que ésta, así que pasemos al reconocimiento de sus méritos. El plato fuerte es, sin lugar a dudas, la estética. No es casual que su director sea Richard Stanley, un veterano realizador sudafricano de videoclips. Las imágenes iniciales, con ese inmenso desierto post-apocalíptico de tonos anaranjados, son un verdadero manjar para la vista. Carl McCoy, el cantante y líder de la banda de rock gótico inglesa “Fields of the Nephilim”, realiza un gran cameo como un caminante anónimo que junta chatarra para luego venderla. Las pocas escenas en las que aparece están muy bien logradas, y la utilización de la luz, sumada a la vestimenta del personaje de McCoy, le otorga al mismo un aspecto amenazante y misterioso.
El de McCoy no es el único cameo del mundillo del rock: también encontramos a Lemmy (bajista y cantante de la banda de heavy metal “Motörhead”) y al entrañable Iggy Pop, a quien no podemos ver pero sí escuchar, pues encarna a un sarcástico locutor de radio, que pronuncia algunas de las frases más memorables del film.
Las escenas filmadas en exteriores recuerdan a “Escape from New York”, de John Carpenter, con toda esa basura tirada, el desorden, los edificios ruinosos y la gente amontonada en las calles. Al igual que en el mencionado film, el futuro que se muestra en “Hardware” es muy poco alentador, con la radiación cometiendo estragos en la genética de los seres humanos, un gobierno omnipresente que pretende controlar la natalidad a toda costa (incluso mediante la producción de robots asesinos), la temperatura del ambiente que no cesa de elevarse, y la bendición de la lluvia que es sólo un sueño, un vago recuerdo en la mente de los sobrevivientes de otra época. Richard Stanley utiliza esta historia “cyberpunk” para deslizar su visión sobre el futuro de la humanidad, impregnada de un evidente pesimismo antropológico. Y los elementos que componen esa visión son presentados, esencialmente, bajo la forma de pensamientos que expresan los personajes o de imágenes que se observan en la pantalla del televisor de Jill (la protagonista femenina de la historia).
Lo que hace que “Hardware” no alcance el nivel de otras películas similares, como “Mad Max” o “Blade runner” es la construcción poco sólida de su guión. La idea es buena, pero es un diamante en bruto que debe ser pulido, y Richard Stanley no lo hizo; definitivamente no la explotó al límite de sus posibilidades. El resultado es un argumento flojo, que tiene agujeros por todas partes y cuyo objetivo no parece estar del todo claro. Por otra parte, la acción tarda en desarrollarse y cuando aparece es escasa, lo cual no sería molesto si fuese de buena calidad. Pero no es el caso: las apariciones del robot asesino no generan tensión en los personajes, que se muestran poco menos que relajados frente al mismo. En consecuencia, difícilmente podrán generar tensión en el espectador.
Los personajes merecen un párrafo aparte. Son esencialmente chatos, vacíos, e incluso estereotipados: está la chica bonita que vive encerrada en un departamento-búnker. Es una artista, pero de un momento a otro se le despierta el espíritu de feroz luchadora. Están también el héroe de guerra, duro y egocéntrico; lo acompaña un tipo de anteojos oscuros (que no se saca en todo el film) que hace de la mística su forma de vida; y así… todo está en el aire, las caracterizaciones son insuficientes, y la identificación con cualquiera de los personajes se torna una tarea imposible. De allí que a nadie le importa si muere éste o aquél, y eso le quita toda emoción al asunto.
Stanley mezcla robótica con crítica política, desastre nuclear, tecnología y… religión. La combinación no cierra, y si bien hay algunas cuestiones interesantes (como la lectura de un pasaje bíblico que sí tiene sentido en el contexto del film), hay numerosos detalles que no terminan de ser explicados. Como por ejemplo, el nombre del protagonista (Moisés). Stanley debería saber que un nombre como éste tiene un significado universal inalterable, y el personaje de su film, definitivamente, no está a la altura del mismo.
En síntesis, es una película que tiene sus aciertos, pero también muchos puntos oscuros. Si logramos juzgar benévolamente a los segundos, advertiremos que “Hardware” es, cuanto menos, interesante: por su estética, por la inteligente utilización de la música, por su mensaje. Y el hecho de que aún no se haya editado en DVD y sobreviva en algunos VHS codiciados por fanáticos y coleccionistas, le otorga un status de culto del que gozan pocas producciones cinematográficas.
LO QUE MÁS ME GUSTÓ: para no ser redundante, destaco una escena en particular: Moses se da una ducha para quitarse la suciedad de su cuerpo. Se pasa sus manos (una de ellas robótica) por la cabeza. Por detrás suyo, y acariciándolo, aparecen unas manos de mujer: las de Jill, su amante. La estética de esta escena me parece muy bien lograda. Mientras tanto, y completando el cuadro, suena la canción “The order of death”, de la banda “Public Image Ltd.”, que a mi entender es la que mejor sintetiza el espíritu de toda la película.
FRASES FAVORITAS:
- “Es estúpido, sádico y suicida tener niños ahora”
- “Las máquinas no entienden el sacrificio; los imbéciles tampoco”
Cuando el morbo inunda la pantalla
Rating: 1Guinea Pig 2: Flowers of Flesh and Blood (1985)
- Título original: Za Ginipiggu 2: Chiniku No Hana
-
Director:
Hideshi Hino
La historia (apenas que la hay) comienza en las afueras de la ciudad de Tokyo, donde una joven que camina de noche por una calle solitaria es seguida por un automóvil. Cuando lo advierte, la muchacha apura el paso, pero ya es demasiado tarde: el conductor le cierra el camino, se baja, la persigue, la alcanza y la duerme (seguramente con cloroformo). Lo que sigue de aquí en más es una atroz secuencia de escenas de extrema violencia y crudeza, donde el tiempo psicológico dista muchísimo de coincidir con el físico (la cinta dura apenas 41 minutos, pero algunas escenas parecen interminables).
La joven despierta lentamente y advierte que está en un lugar ruinoso, lúgubremente iluminado por una bombita que cuelga del techo. Las paredes están manchadas de sangre, y ella se encuentra amordazada y atada de pies y manos a una camilla. Su captor no tarda en aparecer en escena: un tipo detestable, de cara pálida debido a una especie de maquillaje blanco (como el de los mimos), de sonrisa de dientes plateados, de bigote negro y casco de samurai. Se escucha el sonido de una herramienta cortante que es afilada contra una piedra. La mujer desespera, y ya vamos imaginando que algo muy malo va a suceder.
El hombre degolla una gallina delante de la joven, advirtiéndole que ese es su destino. La sangre fluye del cuello del animal muerto. Acto seguido, el samurai (llamémoslo así) inyecta a la muchacha una droga anestésica para que no sienta el dolor, pero que no la duerme por completo. Prueba la efectividad de la droga clavando un punzón en la piel de la joven, quien no grita, sino que parece disfrutar de la tortura.
El samurai explica a la cámara que a continuación nos mostrará su idea de belleza: un cuerpo femenino que se teñirá por completo del rojo de la sangre y la carne viva, como si se tratara de una planta que florece y de la que brotan numerosos pimpollos. El tipo anuncia lo que va a hacer, y para cada una de sus atrocidades utiliza un color de luz diferente.
Lo que sigue es la carnicería más horripilante que jamás se haya llevado al celuloide, un ensañamiento sin precedentes contra el cuerpo indefenso de una mujer. Al lado de "Flowers of flesh and blood", películas como "Hostel" son tan digeribles como la más inocente producción de Disney. El samurai, en sucesivas escenas, le separa a la joven las muñecas de sus brazos, le corta los mismos a la altura de los hombros, le serrucha las piernas por encima de las rodillas, le abre el torso con un bisturí y le saca las entrañas, para finalmente decapitarla y extraerle un ojo con una cuchara. Todo es mostrado con lujo de detalles, sin elipsis, de manera explícita. Aquí la imaginación se toma vacaciones, y el espectador es testigo sin reservas de un acto de sadismo tan extremo como repugnante. La sobreabundancia de primeros planos (e incluso planos detalles) hace que la única vía de escape sea desviar los ojos de la pantalla. Ver al tipo cortando carne y huesos trabajosamente (con los nauseabundos ruidos propios del caso), mientras la sangre brota a borbotones, es un espectáculo prohibido para estómagos sensibles. Los efectos están tan bien logrados que nada que hayas visto antes te prepara para esto: ni los films de Fulci, ni los trucos de Tom Savini. Quizás la idea haya sido precisamente esa: que incluso los amantes del gore se sientan asqueados o, cuanto menos, incómodos. Porque Peter Jackson podrá haber hecho la película más sangrienta de la historia ("Braindead"), pero en ella al menos había humor (negro, pero humor al fin) y momentos de distensión. En "Flowers of flesh and blood" no hay tregua, y los nervios están permanentemente a flor de piel.
La película termina con el asesino fumando sobre la camilla ya vacía, manchada con la sangre de su víctima. Luego el espectador tiene el dudoso privilegio de ver la macabra colección de partes humanas que el samurai mantiene, en una suerte de recorrido turístico que el tipo nos ofrece a la par que canta una infernal canción de cuna.
Considerando que no hay una historia en el sentido tradicional del término, que los diálogos son prácticamente inexistentes y que no se transmite ningún mensaje (películas sumamente perturbadoras como "Saló" o "Cannibal Holocaust" lo tenían), uno se pregunta cuál fue el objetivo de hacer un film como "Flowers of flesh and blood". Si los realizadores se propusieron shockear al público a través de una violencia nunca antes mostrada, lo lograron a la perfección. Y los efectos visuales son la verdadera estrella de la película. Sin embargo, cuando la termina de ver, uno queda con la sensación de que eso no es suficiente... y de hecho jamás podría serlo.
Si usted no la vió y desea hacerlo, ahora sabe con qué se enfrenta. Personas sensibles, abstenerse. En 40 minutos se pueden hacer muchas cosas productivas. Mejor no perder el tiempo con esto.
Autopista al infierno
Rating: 9La película tiene una trama detrás, eso es cierto. Pero más que contarnos una historia, lo que Ferrara hace es un profundo y conmocionante estudio psico-sociológico de un personaje. Al terminar de ver el film, me puse a pensar qué otro actor hubiese podido encarnarlo. Armé en mi cabeza una pequeña lista con los nombres de aquellos actores a quienes he visto repetidas veces en papeles obscuros, intensos, que demandan una entrega total: Robert De Niro, Sean Penn, Jason Patric, Al Pacino, Willem Dafoe, Daniel Day-Lewis... todos excelentes profesionales, que han dado sobradas muestras de su versatilidad y de tener la capacidad para afrontar desafíos fílmicos. Y sin embargo, el traje de "Bad lieutenant" no le quedaría del todo bien a ninguno de ellos. Se trata de un papel que podría derribar, como a un castillo de naipes, la carrera de un actor no consagrado, o cubrir para siempre con un velo negro la de algún intérprete reputado (¿alguien imagina a Tom Hanks, por caso, haciendo de un tipo con estas características?). Ferrara necesitaba alguien con fuerte presencia escénica, que retratara con crudeza extrema, pero sin caer en el ridículo, al personaje principal. Si la actuación fallaba, la misma suerte correría el producto total. Harvey Keitel era, simplemente, el tipo adecuado, y brinda aquí una de las performances más fuertes que se han visto en la pantalla grande.
Ferrara nos presenta a un individuo detestable, corrompido hasta la médula, cuya decadencia moral parece no terminar de tocar fondo. Acaso sea policía sólo para tener más fácil acceso a ciertas cosas (como las drogas), para que la placa le otorgue credibilidad y poder ante la sociedad. La imagen del policía que está al servicio de la comunidad y protege a los ciudadanos le es tan ajena como los preceptos católicos (a pesar de que se diga a sí mismo y a los demás que pertenece al catolicismo). Sin embargo, Ferrara deja encendida una luz de esperanza: este sujeto, incapaz de comprender que la víctima de un delito pueda perdonar a sus agresores y no tener deseos de venganza, es capaz de reconocer que ha recorrido demasiado camino en la dirección equivocada. Sabe que la vida que lleva está vacía de sentido, y que la orgía de placeres terrenales a los que sucumbe cada día no lograrán calmar la sed de su espíritu. Tal vez sea capaz, también, de pedir perdón y buscar la redención, de acudir a quien pueda ayudarlo a combatir sus demonios internos. Quizás no sea demasiado tarde...
Lo mejor:
Increíble actuación de Harvey Keitel. Derrocha calidad y saca a relucir chapa de actor de raza en un papel complejo, intenso y perturbador. Es el sostén de la película, más allá de la sólida dirección de Abel Ferrara.
Desopilante y mordaz joya alleniana
Rating: 9Me senté frente a la pantalla del televisor esperando ver lo que me gusta conceptualizar como una "auténtica película de Woody Allen". Eso incluye al propio Allen en la piel de algún personaje estrafalario y neurótico que se parece demasiado a él mismo en su carcácter, personalidad y forma de pensar; situaciones disparatadas rebosantes de humor absurdo, satírico, por momentos cercano al cine mudo, que no se esmera en ocultar la mordaz crítica socio-política que subyace en toda la trama; diálogos inteligentes, agudos, plagados de guiños filosófico-psicológicos y referencias culturales; algún que otro homenaje cinematográfico en clave de parodia; Diane Keaton como la contraparte de Allen (su veta de actriz cómica no puede ser puesta en duda); el sexo como elemento omnipresente; música jazz acompañando los fragmentos más desopilantes; y por sobre todo, ingenio y creatividad en dosis sumamente saludables.
Woody Allen siempre fue un tipo sofisticado, y ha sabido explotar correctamente su enorme talento para la comedia, marcando todas sus obras con un sello personalísimo, un distintivo que hasta el menos despierto de los espectadores sabe reconocer. "Sleeper" captura al afamado neoyorquino en todo su esplendor, y su capacidad para entretener no ha disminuido un ápice desde su realización en 1973. Todavía hoy, conserva todo su encanto y constituye uno de los puntos fuertes de su carrera como actor, director y guionista.
Lo mejor:
Es grandiosa, imperdible. Quizás no sea tan "cerebral" como algunas de las posteriores obras de Allen, pero, ¡vaya si es divertida! Los amantes de la comedia la encontrarán irresistible, pero en general, todo partidario del buen cine sabrá reconocer su innegable mérito.
Frases favoritas:
- "Mi cerebro es mi segundo órgano favorito".
- "El médico dijo que me iría a casa en dos días, ¡sólo se equivocó por 199 años!".
Primeros trazos "cronenbergianos"...
Rating: 8Vinieron de dentro de... (1975)
- Título original: Shivers
-
Director:
David Cronenberg, David Cronenenberg
El terror de Cronenberg no tiene nada que ver con las casas embrujadas, las criaturas de otro mundo o los monstruos imposibles. La misma vida moderna (y esto lo asemeja a George A. Romero) le proporciona los elementos para construir inquietantes historias de horror/ciencia-ficción, planteando y replanteando el problema de la relación entre hombre y ciencia. Y es precisamente esa cercanía con el mundo cotidiano la que dota a esas historias de implacable efectividad. "Shivers", antecedente directo de "Alien" en más de un sentido, utiliza este recurso a la perfección, transmitiendo la angustia y la sensación de encierro que experimentan los personajes (que dicho sea de paso, no importan demasiado: aquí lo que reina es el devenir de los acontecimientos).
Se sabe: David Cronenberg es un director arriesgado, poco convencional, alguien convencido de que la función del artista consiste en incomodar, en ser transgresor (¡y vaya si lo consigue!). "Shivers" demuestra que el canadiense siempre fue fiel a sí mismo, y sus principios artísticos se han mantenido intactos en el transcurso del tiempo.
Lo mejor:
Cronenberg arranca pisando fuerte, con una película llena de cinismo, escenas repugnantes, toques de humor negro, sexo justificado, crítica social y un final desesperanzador. Y todo hecho con un presupuesto bajo, que los técnicos se han encargado de hacer rendir al máximo. El resultado es un film impactante, recomendable no sólo para los seguidores del director, sino también para todos los que gustan de las experiencias intensas que no se quedan sólo en lo visual, sino que además tienen contenido.
Elogio de la mediocridad.
Rating: 1La película comienza con una extraña mezcla de escenas explícitas, propias del cine gore, y de personas escapando de algo o alguien hasta entonces desconocido. Esto, sumado a algunas tomas realizadas en un paisaje desértico fotografiado decentemente, me indujo a pensar que estaba en presencia de un producto semejante a los films de terror de la década del año 1970, como la citada película de Tobe Hooper o "The hills have eyes", de Wes Craven. Pero pronto caí en la cuenta de que había realizado un diagnóstico apresurado, erróneo, y todo lo que vino después no hizo otra cosa que amargarme el día. La trama es completamente absurda, vacía, predecible y carente de originalidad. Las escenas de tortura, aunque violentas, no consiguen provocar angustia, quizás porque el producto en su totalidad es de pésima calidad. Y por si esto fuera poco, hay personajes que simplemente están de más, las diferentes historias se suceden de forma desordenada y son presentadas sin una pizca de atractivo, y el recurso de la voz en off, como casi todo aquí, no tiene razón de ser.
He visto muchas películas mediocres, pero pocas como ésta, de la que es realmente difícil rescatar algo positivo.
Lo mejor:
Algún que otro paisaje fotografiado con buen gusto. Aunque me temo que eso no sea suficiente...
Lo peor:
Parece el trabajo de un aficionado. Es increíble advertir cuántas decisiones incorrectas se han tomado al hacer este film, partiendo del mismísimo guión (de una pobreza inusitada) y pasando por los personajes (tan absurdamente perfilados). El nivel decae de forma progresiva y constante, hasta llegar a un final que, además de ser predecible, pretende ridículamente impartir una lección y poner una cuota de sensibilidad a la historia. Hasta Ed Wood las hacía mejores.
Ningún tonto...
Rating: 8Esta comedia, una de las mejores del director Carl Reiner (con quien Martin ha colaborado en numerosas ocasiones), tiene como personaje central a un tipo tan estúpido ("jerk" puede traducirse como "imbécil") que casi excede lo verosímil. Su escaso entendimiento y su extremadamente inocente forma de ver el mundo lo llevarán a vivir experiencias de lo más variadas, y a involucrarse en situaciones trágicamente graciosas.
Reiner explota al máximo la veta cómica de Martin, permitiéndole desplegar su talento y dejar al descubierto su extenso lenguaje gestual y corporal. El legado de "The jerk" puede advertirse con facilidad en películas como "Dumb & dumber", otra gran comedia protagonizada por "bobos".
Lo mejor:
Todo en esta película, desde su título hasta el afiche promocional, promete hacerte reir hasta que te duela el estómago, y realmente lo consigue. Martin, fiel a su estilo, se ríe de sí mismo. Y no hay nada más gracioso y menos ofensivo que alguien que sabe ubicar el centro de su humor en su propia persona.
Frases favoritas:
"-Página 73, Johnson, Navin R... Ahora soy alguien!! (el personaje de Steve Martin luego de leer su nombre en la guía telefónica).
Y muchas otras, pero pierden el sentido al sacarlas de su contexto.
"Rocky Balboa" se parece en más de un aspecto a su predecesora inmediata: tiene al barrio como principal escenario, vuelve a hacer foco en la relación padre-hijo y posee una trama escencialmente dramática (aunque, por supuesto, la acción también está presente, bajo la forma de un combate presentado con un detallado realismo que no se ha visto en las anteriores entregas). Pero esta película bebe principalmente de la cinta original de John G. Avildsen, volviendo a las fuentes en ocasiones de forma obvia y otras veces de manera sorpresiva e inesperada.
El guión de Stallone resulta tan cálido, dramático, divertido y emotivo como cabría esperar, con diálogos inteligentes y de profunda simpleza, sin caer nunca en el remate absurdo o en la sensiblería. Sly brinda una de sus mejores actuaciones en mucho tiempo, confirmando lo que ya sabíamos: este personaje le cae como anillo al dedo. Por otra parte, utilizó recursos estilísticos que, si bien no son innovadores, fueron empleados de manera oportuna, logrando así transmitir de forma más efectiva emociones y sensaciones (esto puede verse con creces en el adrenalínico final).
Resulta una grata experiencia ver desfilar nuevamente a toda una galería de personajes que han hecho a la saga lo que es. Y la imagen de Rocky, caminando por las calles de Filadelfia con su sombrero, o corriendo mientras la nieve cae en la ciudad, ha sabido mantener intacto su poder a lo largo de los años. Stallone tiene razón al afirmar que el cine ha perdido a sus héroes de antaño. Y Rocky es un héroe, pero no a la manera de Batman o Superman. Se trata, en cambio, de un hombre común y corriente, pero dispuesto a resistir los golpes de la vida tanto como sea posible, lo cual no deja de ser inspirador. En medio de tanta decadencia moral y crisis de valores, observar a Balboa impartiendo con sus actos y sus palabras verdaderas lecciones de vida, es comparable a un trago de agua fresca luego de cruzar un desierto.
Que los detractores de Stallone digan lo que quieran: esta es una película que merece ser vista, y es quizás la secuela más digna que ha tenido la "Rocky" de 1976. ¿Golpe de márketing? No lo sé, pero hacía mucha falta. Hasta siempre, Rocky.
Lo mejor:
Rocky Balboa y Sylvester Stallone decidieron exorcizar sus demonios, y en el intento, nos dejan imágenes indelebles y reflexiones profundas, que hacen las veces de pequeño manual para sobrevivir en el ring de la vida. Gracias, Rocky. Gracias, Sly.
Frases favoritas:
"-Si uno vive demasiado tiempo en un sitio, te conviertes en ese lugar".
"-Es un mundo diferente.
-Sólo la ropa es diferente".
"-Mientras más viejo soy, más cosas tengo que dejar atrás".
"-O quizás quiero sustituir dolor viejo por dolor nuevo".
"-No se trata de lo duro que pegues. Se trata de cuánto puedes aguantar y seguir adelante".
"-Probarás que lo único que no envejece es el corazón".
Aquellos años salvajes...
Rating: 7Los ángeles del infierno (1966)
- Título original: The Wild Angels
-
Director:
Peter Bogdanovich, Roger Corman
Si algo caracterizó a la segunda mitad de la década del año 1960 fue el dinamismo, el cambio constante. En pocos años se produjeron hondas transformaciones socio-culturales: eran tiempos de jóvenes transgresores, de cabello largo, consumidores de un rock que había dejado atrás la ingenuidad para convertirse en bandera de incoformistas, activistas y rebeldes de toda clase y color. El uso generalizado de drogas y la incipiente revolución sexual completaban un panorama social en permanente ebullición. Y mucho de todo esto puede encontrarse en "The wild angels".
En el año de su estreno, esta película levantó nubes de polvo entre el público y algunos sectores de la crítica, por el carácter escandaloso y políticamente incorrecto de diversas escenas, que tenían como protagonistas a una banda de motoqueros (en obvia referencia a los míticos "Hell´s Angels"). Vestidos con ropas de cuero negro, portando cruces esvásticas y montando poderosas motocicletas, estos "hijos del rigor" eran parte del paisaje de la época, así como también lo eran los hippies.
Peter Fonda, que protagoniza al líder de la banda, encontró el papel que lo definiría para siempre como figura de culto, ícono de la rebeldía de la nueva generación y símbolo de la lucha "anti-establishment". Sobre el final del film, su personaje pronuncia un discurso que ha ganado cierta fama, y que sintetiza a la perfección sus ansias de vivir sin ataduras ni restricciones de ningún tipo: "We wanna be free! We wanna be free to do what we wanna do. We wanna be free to ride. We wanna be free to ride our machines without being hassled by The Man!".
El afiche promocional de "The wild angels" rezaba: "Su credo es la violencia. Su dios es el odio". Y ciertamente al verla, uno no puede evitar pensar que, al lado de este film, "The wild one" (la célebre "biker movie" que protagonizara Marlon Brando doce años antes) luce tierna e inofensiva.
Con esta película, Corman se jugó el todo por el todo. Y le salió bien.
Lo mejor:
El personaje de Peter Fonda, el tono irreverente de la película. Una de las apuestas más fuertes de Roger Corman.
En el ring de la vida todo puede suceder
Rating: 10Nadie imaginó el gigantesco impacto cultural y el éxito que "Rocky" cosecharía. Se trata, en esencia, de la historia de Rocky Balboa, un boxeador de Filadelfia que nunca pudo alcanzar la gloria, y para subsistir trabaja como "cobrador" para un prestamista usurero de la ciudad. Hasta que un día, por un extraño giro del destino, Apollo Creed, el campeón mundial de los pesos pesados, lo elige para que lo enfrente en un combate por el título, en lo que comienza siendo un gran golpe de márketing a favor de Creed. Rocky tiene así la oportunidad de su vida, la chance de salir de su miseria y ser, por fin, alguien. ¿No es acaso esto mismo lo que le sucedió a Stallone? Por cierto, su personaje está lleno de ribetes autobiográficos: su origen humilde, su edad y su ascendencia italiana son algunos de ellos.
Gracias a este film, Sylvester se convirtió en una gran estrella del firmamento hollywoodense de la noche a la mañana. Es extraño que alguien a quien se suele considerar el paradigma de la mala actuación (los encargados de los "Golden Raspberry Awards", o simplemente "Razzies", no se cansan de "premiarlo") haya compuesto a un personaje como Rocky de forma tan atractiva, natural y convincente. Balboa no es un tipo de muchas luces, pero le sobra corazón, y a lo largo de la película consigue que los sentimientos del público hacia él vayan mutando de la lástima a la admiración. Al igual que el actor que lo encarna, Rocky es carismático y tiene, dentro de sus limitaciones, un enorme potencial. Sólo necesita que alguien crea en él, para poder creer en sí mismo.
Fundamentalmente, "Rocky" representa el espíritu de lucha, de superación. Nos muestra el enorme valor que tiene llevar una vida humilde (y no desde el punto de vista de los bienes materiales), más allá de que pocas personas sepan apreciar esta cualidad. Nos enseña que incluso las metas más lejanas pueden alcanzarse con esfuerzo, perseverancia y convicción. Lo importante es intentar, especialmente cuando no hay nada que perder.
"Rocky" debe su calidad a un guión bien construido; a una historia dramática, por momentos cómica y siempre emocionante, que llega al corazón; a sus entrañables personajes, en su mayoría representantes de la clase trabajadora (interpretados por un elenco 100% eficiente); la fabulosa y movilizadora banda sonora compuesta por Bill Conti (que rivaliza en fama con partituras de Ennio Morricone, John Williams y Nino Rota); y la acertada elección de locaciones. A estas alturas, escenas como las de Balboa golpeando una media res o subiendo a toda máquina los escalones del Museo de Arte de Filadelfia, forman parte de la cultura popular, y eso no es poca cosa. El tal Stallone disparó así su último cartucho. Y acertó.
Lo mejor:
La historia, los personajes, la banda de sonido, el mensaje.
Frases favoritas:
"- Escucha Bob: si quieres bailar, paga a los músicos".
"- Esta es la tierra de la oportunidad, ¿verdad?".
"- ¿Por qué peleas?
- Porque no canto ni bailo".
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